La marcha LGBT en la CDMX: Incongruencia y sumisión

Aspecto de la marcha del Orgullo LGBTTTIQ en la Ciudad de México, 2016. FOTO: Oficial
Aspecto de la marcha del Orgullo LGBTTTIQ en la Ciudad de México, 2016. FOTO: Oficial

CIUDAD DE MÉXICO – ¿Puede encerrarse en una bolsa plastificada la rebeldía de mujeres transgénero, lesbianas butch y hombres afeminados? ¿Puede mezclarse el orgullo con trozos de maíz tostados pintados de colores y vendidos en el mercado mexicano como “Doritos rainbow”?

¿Y cuantas bolsas de esos doritos de colores habrán comido los integrantes del comité “IncluyeT”, organizador de la Marcha del Orgullo LGBT de la Ciudad de México, cuando fueron a entregar al jefe de gobierno de la ciudad, Miguel Ángel Mancera Espinosa, la bandera de la disidencia sexo-política de la heterosexualidad normativa?

A juzgar por las sonrisas de los “activistas” del comité Incluye T debieron ser bastantes, pues entre los regalos que el gobierno dio a la “comunidad LGBT” de la Ciudad de México, destacó una gigantesca bandera del arcoíris de 400 metros de longitud, y las facilidades para que la cantante heterosexual Alejandra Guzmán pudiera presentarse a cantar alrededor de 4 canciones en un templete en el Zócalo.

De nueva cuenta, el momento quedó inmortalizado en una fotografía, en un nuevo selfie del agravio, y en una caricatura de simbiosis entre un político en problemas políticos, y un grupo de activistas en problemas de legitimidad o de vigencia.

manceraguashing

A diferencia del Lavado Rosa (Pinkwashing) del presidente Enrique Peña Nieto, que el pasado 17 de mayo, día de la Lucha contra la Homofobia, Lesbofobia y Transfobia, envió solicitudes de reformas para legitimar en la constitución el matrimonio igualitario con selfie de escenario de activistas LGBT en domesticación, el Pinkwashing de Mancera pareció ser buscado no por él, sino por sus compañeros diversos de encuadre.

Si bien Miguel Ángel Mancera ha mantenido un interés político en las poblaciones Lesbicas, Gay, Bisexual, Travesti, Transgenero, Transexual e Intersexual (LGBTTTI) desde el inicio de su gobierno, y que lo han llevado a participar con una iniciativa en el proceso de reforma al registro civil para la corrección del acta de nacimiento para personas transgénero, sus iniciativas en favor de la población sexo-genérica diversa, han quedado cortas.

La Ciudad de México, única en todo el país en permitir en su legislación la corrección de acta de nacimiento para personas transgenero, enfrenta también desde el gobierno de la ciudad la negación transfobica en la negativa del Instituto de las Mujeres (INMUJERES CDMX) a incluir a las mujeres transgenero en la atención de la institución por criterios de la directora de la dependencia, Teresa Inchaustegui, ya que esta afirma que las Mujeres Trans, aún con documentos “No nacieron Mujeres”

De manera paralela, el Secretario de Salud del actual gobierno, Armando Ahued, (herencia del gobierno de Marcelo Ebrard) mantiene los tratamientos psicoterapéuticos y hormonales para personas transgenero, que figuran en el artículo 24 de la Ley de Salud local, en la Clónica Condesa, centro de salud especializado en infecciones de transmisión sexual y de VIH SIDA.

Así, a diferencia del presidente Peña Nieto, que se ha alejado del tema LGBTTTl, el jefe de gobierno de la CDMX parece estar inmerso en un constante “Lavado Rosa” entorpecido por la homofobia, la lesbofobia y la transfobia de sus colaboradores, que llevaron su iniciativa del nombramiento de la Ciudad como “LGBTTTI Friendly” a una anécdota política de forma, pero no de fondo, por la ausencia de políticas públicas que se traduzcan en mejores condiciones de ciudadanía para la diversidad sexual.

Más que el Pinkwashing de Mancera, el selfi premarcha del Orgullo pareció ser el Mancerawashing del comité IncluyeT.

Según el informe de la Comisión Ciudadana contra los Crímenes de Odio por Homofobia (CCCOH) de 2015, la “LGBT fiendly” CDMX ocupa el primer lugar en la lista de entidades con más crímenes de odio por homofobia, lesbofobia y transfobia en el país, con 190 casos, seguido por el Estado de México con 119, Nuevo León 78, Veracruz 72, Chihuahua 69, Jalisco 66, Michoacán 65 y Yucatán con 60.

¿No era ese detalle suficiente para que el comité IncluyeT adoptara una actitud más crítica y menos entreguista ante una autoridad de gobierno?

Otros pendientes que el Comité IncluyeT no tomó en cuenta antes de acordar los letreros del Gobierno de la CDMX en la Marcha del Orgullo:

  1. El Instituto de las Mujeres de la CDMX, bajo las ordenes de su directrora, Teresa Inchausgtegui, bloqueó la distribución de un manual de maternidades lésbicas y hostigo laboralmente a dos feministas que trabajaban en la institución por impulsar el proyecto.
  2. El Consejo para Prevenir y Erradicar la Discriminación, (COPRED) ha mantenido congelada por meses una queja contra la funcionaria del INMUJERES por una mujer transgenero, ante declaraciones transfóbicas que realizo en redes sociales.
  3. La Secretaria de Salud de la CDMX se ha negado a distribuir gratuitamente material de prevención de infecciones de transmisión sexual para mujeres lesbianas, como dedales, condones femeninos o barreras de látex, como lo hace con el condón masculino.
  4. El partido político que impulsó al actual gobierno de la CDMX; el PRD, votó a favor de que la maternidad subrogada solo fuera para parejas heterosexuales, con lo que dejó fuera a parejas y matrimonios de mujeres lesbianas, hombres gay y personas transgenero.

Ninguna de estas causas, y de otras, fueron suficientes para adoptar una actitud de exigencia por parte de los sonrientes integrantes del comité IncluyeT en su Mancerawashing.

Quien se mueve, no sale en la foto (rosada)

La selfie del Pinkwashing de Peña Nieto parece haber sentado un precedente en lo que se refiere a la política LGBT mexicana.

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En un país de incongruencias y condicionamientos el selfie con el presidente pareciera haber inaugurado una nueva estrategia de modus vivendi para muchos de los participantes de la foto, algunos de los cuales tienen organizaciones civiles que se mantienen de financiamientos.

Recientemente, algunos de estos individuos se reunieron con la recién nombrada embajadora de Estados Unidos, Roberta Jacobson, e inmediatamente difundieron por las redes sociales las fotografías y los selfies, además de difundir entusiasmadamente la visita de la diplomática en la marcha del orgullo LGBT de la Ciudad de México.

La noche del 28 de junio de 1969, Marsha P. Johnson, una Mujer Trans Afrodesendiente, acompañada de su mejor amiga Sylvia Rivera, una Mujer Trans latina, arrojó un ladrillo contra policías que allanaban el antro trans «Stonewall Inn» en Nueva York, e iniciaron la revuelta que hoy es recordada y comercializada como la «Marcha del Orgullo LGBT»

Marsha falleció en un crimen de odio por transfobia que han querido disfrazar de suicidio y Sylvia Rivera murió de cáncer, ambas en la más precaria pobreza, alejadas de los colectivos Lésbico Gays que lucraron con el símbolo de la revuelta de Stonewall.

La lucha de Marsha y de Sylvia es incompatible con la transfobia del comité IncluyeT, organizador de la Marcha del Orgullo LGBT de la CDMX, y que motivo que una a una, las representantes y organizaciones trans se fueran deslindando del evento, luego de ser «blanqueadas» hasta de las ruedas de prensa.

Desde el cielo donde Marsha y Sylvia seguramente pueden volar, seguramente habrán visto esa gran bandera multicolor de 400 metros, que el gobierno «gay friendly» de la CDMX, y se habrán dado cuenta que no serviría ni siquiera de mortaja para las hermanas y hermanos trans y LGB que son asesinados en la ciudad que tiene los más altos índices de crímenes de odio por transfobia, homofobia, lesbofobia y bifobia en todo el país.

Que mueren en pobreza, en depresión, en abandono, en la indigencia, en el desempleo, en el hambre, en la ciudad que mantiene sus tratamientos hormonales y psicoterapéuticos en una clínica de infecciones sexuales, por la voluntad de un amigable secretario de salud.

Y desde donde Marsha y Sylvia vieron de nuevo como un puñado de lesbianas y gays homonormados y bugacolonizados, convirtieron esa rebeldía trans en una fiesta con una cantante heterosexual premiada como «Estrella aliada LGBT», entre bolsas de doritos de colores y «selfis» con políticos de moda.

Stonewall

Y desde las furiosas nubes, solo vieron rodear el zócalo, a un gigantesco rollo de papel higiénico multicolor, regalado por el gobierno a sus promotores del arcoíris domesticado…

Como si con eso pudieran limpiar la incongruencia y la estúpida sumisión.

Y lo que cayó del cielo esa tarde no fueron gotas de lluvia…

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