El divo: El orgullo y la dignidad de ser Juan Gabriel

Juan Gabriel actúa sobre el escenario de la entrega de los premios GRAMMYS en el hotel Mandalay Bay de Las Vegas, el 5 de noviembre de 2009- FOTO: Agencias
Juan Gabriel actúa sobre el escenario de la entrega de los premios GRAMMYS en el hotel Mandalay Bay de Las Vegas, el 5 de noviembre de 2009. FOTO: Agencias

MÉXICO. —En una entrevista que dio Raúl Velasco, ícono de la televisión mexicana y presentador de un programa muy reconocido que se transmitía por Televisa (única cadena de televisión abierta en el país en aquel entonces), relató con lujo de detalles la primera vez que Juan Gabriel se presentó en su programa. Según Velasco, el cantautor cautivó desde un inicio por sus letras y su peculiar estilo. No obstante, al concluir su participación, cuenta el presentador, recibió una llamada del dueño de la empresa: Emilio Azcárraga Milmo, para reprenderlo por haber tenido la desmesura de sacar en la pantalla a un cantante homosexual.

Velasco asegura que su jefe utilizó palabras como afeminado y degenerado para referirse a la joven promesa y que remató advirtiendo que sería la última vez que el oriundo de Juárez saliera en televisión. El muy experimentado Velasco, retó al dueño de Televisa y lo volvió a invitar a su programa. El resultado fue el nacimiento de una gran carrera musical.

Esta anécdota nos ayuda a entender los criterios con los que operaba la televisión a principios de la década de los ochenta. Pero también es un testimonio de los juicios homofóbicos de un amplio sector de la población.

El recién fallecido tuvo que cargar con esos juicios durante toda su vida. Sin embargo, lo hizo con el tesón que lo caracterizó desde su niñez. En otro ejercicio televisivo un entrevistador (imprudente y retador) le cuestionó ¿Juan Gabriel es homosexual? El señalado respondió “lo que se ve no se juzga” dejando en claro que la realidad se encuentra por encima de cualquier juicio valorativo o descalificativo por parte de las personas.

Para esas alturas el cantante ya tenía bien definido algo: su talento era tan grande que podía (y qué bueno) dejar de lado las explicaciones relativas a sus preferencias sexuales.

 

Ante el medio artístico en particular; pero sobre todo, ante los ojos de muchos mexicanos, Juan Gabriel fue referente de lucha y persistencia por la vocación. Su historia a base de puro pulmón (no sólo por sus interpretaciones tan agudas como sentidas) lo llevó a cantar en Bellas Artes ante un público que se entregó a sus pies. Todavía hoy cuando se reproduce el disco que se grabó para la ocasión la piel se eriza; y se contagia de ese festín que presenciaron cientos de personas cantando con firmeza aquellas letras de amor y desesperanza.

Carlos Monsivais le otorgó la categoría de poeta pero antes el pueblo ya lo había nombrado su principal portavoz en las gracias y desgracias relativas al amor. Nunca faltó en las fiestas una de sus canciones y jamás alguien permaneció ajeno a los enredos descritos por sus letras.

Aquel que nació con el nombre de Alberto Aguilera Valadez creó un personaje entrañable. Hoy que es homenajeado por sus virtudes musicales e interpretativas quiero destacar la manera en que llevó con orgullo y dignidad la estampa de su persona. Cualquiera podía juzgar – como lo dijo en la entrevista – pero nadie pudo poner en entredicho el talento que desbordaba el personaje. Talento por encima de apariencia. Una lucha nada sencilla que Juan Gabriel ganó con creces.

Enrique López Rivera
@2010_enrique
uam_lore04@hotmail.com

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