Verónica Mazón, cocinera y estilista: Vocación por ser feliz

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Verónica Mazón conoce bien los sabores de la vida, sabe preparar un banquete de experiencias, recuerdos, planes y vivencias aderezadas con ilusiones, fantasías, esperanzas y sobre todo determinación y amor por su propia existencia.

Mas que una chef, Verónica es una especialista de la comida. Tiene un talento innato para la cocina, para armar obras arquitectónicas que pueden apreciarse no solo con la vista, sino con el olfato, el tacto y sobre todo el gusto

Y de preparar banquetes vive esta mujer transgenero de la Ciudad de México.

Si bien su condición trans le ha cerrado las puertas para trabajar en restaurantes de lujo y en centros gastronómicos o turísticos, su amor por su vocación, la cocina, le ha permitido conocer una nueva clase de libertad. Su independencia.

Poco a poco, Verónica comenzó a ser conocida por sus creaciones gastronómicas, y comenzó a llegar la clientela.

Y como activista trans comenzó a ser reconocida, no sólo por sus participaciones en reuniones y eventos transgénero, sino por la defensa de su vocación. Por ser un ejemplo de individualidad y de visión micro-empresarial.

Por lo regular, la activista prepara al mes dos banquetes para mas de cien personas, lo cual le lleva días de trabajo que van desde decidir qué platillos lo integraran, cuantos tiempos incluye, y la ocasión a celebrar.

Las opciones dependen de tres menús básicos que a su vez se componen de varios platillos que van desde ensaladas hasta especialidades carnívoras y comida folclórica.

Los tres menús que ofrece la activista y empresaria transgénero son: Comida Mexicana, Comida Yucateca y Comida Vegetariana.

Sin embargo, el negocio no siempre funciona como ella desearía.

Tiene que realizar una inversión de alrededor de 3 mil, 500 pesos y dedicar horas continuas en preparación de platillos como los chiles rellenos, por lo que el precio debe, cuando menos, recuperar la inversión y permitirle un mínimo para sobrevivir varios días.  Son, cuando menos, tres días con sus noches de casi no dormir

Con una competencia establecida que cuenta con equipo profesional de cocina, los precios que ofrece Verónica para un banquete de cien personas debe ser, cuando menos , un treinta y cinco por ciento mas barato, por lo que no puede contratar ayudantes y debe preparar todo ella sola,

La vida de Verónica, o ‘Veritto’, como se le conoce en el Facebook, es en sí una batalla que diariamente termina en una conquista.

Como ella lo ha señalado muchas veces, en su individualidad no hay tiempo para la derrota, ni para la tristeza.

Su falta de economía le impide poder pagar una renta, por lo que la empresaria debe vivir en casa de una familia que no la acepta como mujer, y enfrentar actos de discriminación a los que se ha acostumbrado como algo cotidiano en su existencia.

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Vivir con la madre puede ser una ilusión para muchas hijas, pero no en el caso de Verónica. Su presencia se aísla cada vez más, al grado de ser invisible, tanto, que no se aceptan sus intentos de aportar algo a casa, ni siquiera uno de los platillos de los que vive.

Según lo cuenta ella misma, frecuentemente los fines de semana su madre y su hermana salen sin avisarle y ella se despierta en una casa vacía.

Por la noche, o al día siguiente, regresan y después, en platicas con su madre, ella le cuenta a donde fueron de viaje, los restaurantes que visitaron y los platillos regionales que comieron.

Lo curioso es que la comida que su familia prueba en los viajes, es preparada quizás por esa hermana e hija transgénero que, orgullosa, pasa esas mismas tardes y noches preparando banquetes que otras personas disfrutaran, pero no su madre, ni su hermana.

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