Vega Gil, anatomía del primer mártir del patriarcado

“Pinche Malinche, lo cortés no quita lo Cuauhtémoc”. –El Guacarrock de la Malinche- 1987 (Arau, Barrios, Vega) Botellita de Jerez.

¿Habría imaginado Armando Vega Gil, bajista de Botellita de Jerez, que su suicidio tras ser señalado de acoso y violencia sexual hacia una niña de 13 años, lo llevaría a ser encumbrado como el Primer Mártir del movimiento machista #MeTooHombres, por el cual hombres violentadores buscan una revancha contra mujeres de todas las edades y condiciones que denuncian a abusadores, violadores y pederastas?

Después del suicidio del músico el lunes pasado, luego de ser denunciado anónimamente en la cuenta Twitter #MeTooMusicosMexicanos, éste comenzó a ser romantizado por otros hombres machistas y violentos, para los que el recurso de la revictimización en loop les ha justificado ataques, amenazas e insultos hacia el movimiento feminista.

Así, una horda de misóginos congregados con en el hilo de twitter @MeTooMenPower romantizaron a Vega Gil como un sufriente híbrido entre un tierno y frágil Lewis Carroll, enamorado de la niña Alice Lidell a quien dedicó los dos tomos de Alicia en el País de las Maravillas, y el explosivo e indignado Yukio Mishima que heroicamente se suicida en un rito ceremonial de sepuko, en defensa testosterónica de su honor.


El patriarca vencido por una niña anónima de 13 años.

La carta del bajista en sí es un texto fundamental del autovictimismo patriarcal, una declaración del automártir, del patriarca vencido por una niña anónima de 13 años, tan poderosa, que incluso lo lleva a dedicarle a su propio hijo su suicidio, en una declaración pública en la que reconoce, en un acto de macho progre derrotado, que violentó mujeres por ser él mismo víctima del patriarcado cultural.

Acompañado por un corifeo de machos adoloridos, el fantasma de Vega Gil disfruta desde lo alto de su torre de mártir del onvrizmo, de la caja de resonancia del #MeTooHombres y del @MeTooMenPower que exige sacar del anonimato a la mujer que lo denunció, y de las descalificaciones hacia el movimiento de denuncia feminista #MeToo.

Sin embargo, una vivisección al incidente de su suicidio no revela al mártir que el machismo esperaba, sino todo lo contrario, muestra a un hombre acobardado, a un insignificante individuo que, ante el miedo de perder su fuente de trabajo (Los talleres que daba a menores de edad) opta por matarse y dejar en orfandad a su propio hijo en etapa de niñez.

Un pequeño huérfano de padre que seguramente será cuidado y criado por su madre.

Y así, se desliza hacia el olimpo del machismo depredador el bajista “cucurrucucu”, el coautor de temas claves en la historia del machismo y el racismo del rock mexicano, con frases como ~Güerita color de llanta, aquí esta tu rin cromado” y “pinche malinche, lo cortés no quita lo Cuauhtémoc”, seguramente presumiendo la ofensiva introducción al tema, tal como aparece en el álbum de Botellita de Jerez en vivo acústico “Superespecial un plug” (1996) que hace una apología a una violación anal a la prisionera Malitzin.


Su suicidio no revela al mártir que el machismo esperaba, sino a un hombre acobardado que, ante el miedo de perder su fuente de trabajo, opta por matarse.

“Good Morning Schoolgirl…”
Cuando Vega Gil reconoció que recibía en su casa a menores de edad, y se enunció como parte de una cultura machista, seguramente se inscribía en una corriente del rock que se basa en la pedofilia y en la erotización de la niña y de la adolescente.

Una corriente que nace desde la posguerra mundial en los cincuenta en Estados Unidos con temas como Sweet Sixteen de Chuck Berry y el escándalo del cantante Jerry Lee Lewis casándose con su prima menor de edad

El cantante de Aerosmith Steven Tyler en 1976, a los 27 años, consiguió la guardia de Julia Holcomb, una niña de 14 años, a la que devolvió a sus padres 3 años después, luego de llevarla a abortar.

Quizás el máximo exponente de la pederastia en el rock es una menor de edad a quien el cantante bajista de Kiss Gene Simmons, autor del himno del pedófilo: “Christine Sixteen” donde narra la seducción de una adolescente por un hombre maduro.

«I don’t usually say things like this to girls your age, but when I saw you
Coming out of the school that day, that day I knew, I knew, I’ve got to have
You, I’ve got to have you… …but she’s young and clean I’ve got to have her, can’t live without her, whoo no Christine sixteen, Christine sixteen»

“No acostumbro a decir cosas como estas a niñas de tu edad, pero cuando te Vi venir de la escuela aquel día, aquel día lo supe, lo supe, tengo que tenerte, tengo que tenerte… Pero es joven y limpia. Tengo que tenerla, no puedo vivir sin ella, whoo no!! Cristina Dieciséis”

Padre de una post adolescente, todavía el septuagenario Simmons vestido de diablo de plástico republicano (apoya a Trump) canta sus fantasías de pedófilo mientras cuelga de un cable, como péndulo del reloj pederasta en cada concierto de Kiss.

Vega Gil queda como el antihéroe, el fracaso de los ideales pederastas de Berry, Lewis, Tyler y Simmons.

No es Carroll, No es Mishima.

La imagen de Vega Gil se diluye en un símil heterosexual del Michael Jackson del documental de HBO “Leaving Neverland”, y como herencia, su rostro queda como emblema de un nuevo sindicato de machistas y misóginos, que justifican con su automartirio y suicidio la violación, la pedofilia y los ataques al movimiento feminista.

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