El regreso de Rojo que inquieta a poder

Tras cuatro años fuera del primer plano, José Antonio Rojo reaparecio en la Huasteca con una vigencia capaz de alterar la sucesión gubernamental.

Hay silencios que borran a un político y otros que preservan su capital hasta que las circunstancias vuelven a necesitarlo.

José Antonio Rojo García de Alba pertenece, por ahora, a la segunda categoría.

Después de cuatro años fuera del espectro político inmediato, sin cargos administrativos ni presencia visible en las estructuras partidistas, regresó a la Huasteca y encontró algo que pocos conservan después de alejarse del poder: interlocutores, reconocimiento y capacidad de convocatoria.

Su recorrido por Huejutla, Coacuilco, Jaltocán y San Felipe Orizatlán no destacó por actos multitudinarios, sino por la diversidad de actores que reunió, la cobertura mediática alcanzada y las interpretaciones políticas que provocó.

En política, no siempre importa cuántas personas aparecen en una fotografía, sino quiénes están, de dónde proceden y qué significa que hayan decidido acudir.

Rojo congregó a ciudadanos, empresarios, profesionistas, productores y liderazgos de diferentes municipios. No existe todavía una estructura electoral consolidada, pero sí un principio de articulación regional.

Y eso resulta políticamente relevante.

Después de varios periodos fuera de la esfera gubernamental, conserva la vigencia suficiente para convertirse en referencia obligada de cualquier conversación seria sobre la sucesión en Hidalgo.

Su mayor acierto, sin embargo, estuvo en el lenguaje.

Rojo evitó la estridencia, el resentimiento y la confrontación. No recurrió a la crítica fácil contra el Gobierno de Julio Menchaca ni intentó capitalizar el descontento mediante descalificaciones personales.

Se mostró institucional, pero no subordinado; prudente, pero no ambiguo; con carácter, aunque sin caer en la provocación.

Reconoció lo que marcha por buen rumbo, pero también habló de pobreza, caminos deficientes, inseguridad, salud, educación, agroindustria, conectividad y generación de empleos.

Fue la demostración de un político de linaje, profesional en el oficio y consciente de que las palabras no sólo comunican una posición: también revelan la estatura de quien pretende gobernar.

En lugar de mirar al pasado como espacio de revancha, dirigió su discurso hacia el futuro y planteó una alternativa donde puedan encontrarse partidos, sociedad civil y ciudadanos de distintas procedencias.

Su apuesta consiste en sumar.

Esa posición puede ser altamente rentable en un estado dominado institucionalmente por Morena, pero donde comienzan a surgir diferencias internas, aspiraciones anticipadas y sectores sociales que no se sienten representados por sus estructuras.

El riesgo para Rojo está en permitir que su proyecto sea identificado como la restauración de antiguos grupos políticos. Necesita demostrar que experiencia no significa regresar a las mismas prácticas.

Aun así, las críticas también confirman el impacto de su presencia.

Los movimientos irrelevantes no generan columnas, reacciones ni especulaciones. La gira produjo todo eso y llevó su nombre de los medios huastecos a la conversación estatal.

Rojo no demostró todavía una fuerza electoral definitiva, pero confirmó autoridad política, capacidad de interlocución y poder para alterar el tablero después de cuatro años de ausencia.

La percepción obtenida resulta altamente rentable para su proyecto y debería encender alertas en las cúpulas morenistas.

No porque represente hoy una amenaza electoral inmediata, sino porque comienza a ocupar un espacio que Morena podría estar dejando libre: el de la moderación, la experiencia y la construcción de acuerdos.

Después de su paso por la Huasteca, José Antonio Rojo ha dejado de ser solamente un nombre con historia.

Ha vuelto a convertirse en una posibilidad de futuro.

El Regenerador
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El Regenerador es un colaborador muy agudo pero tan, tan tímido, que prefiere dar el apodo por el que es conocido allá, por donde quiera que ande en Hidalgo. No pertenece al equipo editorial de Desde Abajo, aunque de vez en cuando comemos enchiladas en el mercado de Huejutla.

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