Irma Millán, prima ballerina hidalguense

A los cinco años bailó ballet por primera vez. Esa noche se soñó bailando, desde entonces y hasta la fecha, la maestra de las maestras de ballet en Hidalgo, nunca ha dejado de soñarse bailando. “Cada que sueño conmigo, aparezco bailando. Si sueño a mis estudiantes, también les sueño bailando”.

A diferencia de muchas personas que nacen con talento para el baile y que lo estudian sólo en sus primeros años de vida, Irma Millán Noble nunca se detuvo.

Vivir de la danza

“Tuve un papá militar que no aceptaba del todo mis estudios, pero mi mamá era muy afecta al arte y ella me apoyó incondicionalmente. El apoyo de la familia, pero sobre todo de las mamás, sigue siendo fundamental para quien se dedica a la danza, porque la clave de éxito en las artes es la constancia. En la infancia, quienes te inculcan la constancia son las familias. Lo veo aquí en la escuela, si mis estudiantes avanzan es porque nunca faltan a clases ¿y quienes les traen? Las mamás.

Millán Noble supo siempre que iba a vivir por y de la danza: “En cualquier momento que yo cerraba los ojos, estaba armando una coreografía. Como ejecutante, el tiempo es muy corto, muy joven se termina tu carrera. Si quieres seguir bailando debes crear y enseñar para seguir en la danza”.

«La vida de una bailarina depende de su cuerpo, así que debes cuidarlo mucho»

Al igual que ahora, el entorno puede ser desfavorable para quienes desean dedicarse a las artes: “Mi papá no creía que el baile pudiera ser una carrera que me proporcionara solvencia económica, así que tuve que estudiar para maestra. Definitivamente no me hacía feliz, pero tomé el aprendizaje docente para enseñar danza. Cuando terminé la Escuela Normal en Pachuca, me tuve que ir a la Ciudad de México a estudiar educación especial, no elegí esa especialidad por los contenidos, sino porque era la que más cerca quedaba de las escuelas especializadas de danza, a donde yo iba saliendo de clases”.

La maestra Millán fue esposa y madre muy joven, y aunque siempre contó con el respaldo de su esposo, el ir conociendo de cerca la vida laboral dancística, y el ser madre de cinco hijos, le convencieron de encontrar una alternativa de ingresos financieros: “Cuando te dedicas a la danza, tu instrumento de trabajo es el cuerpo y si te lastimas ya no puedes hacer muchas cosas, la realidad de la vida de una bailarina depende de su cuerpo, así que debes cuidarlo mucho. Además de la brevedad de la vida como ejecutante, si te lastimas, reduces todavía más ese tiempo. Entonces, es cierto que sí debes tener un paracaídas laboral, que sí debes pensar en otra alternativa para allegarte de recursos, pero pienso que esa alternativa debe estar totalmente relacionada con tu carrera, para que tu espíritu no se desvíe.

«En cualquier momento que yo cerraba los ojos, estaba armando una coreografía». FOTO: DESDEABAJO.MX

“Yo sufrí lesiones graves una vez que me caí de una escalera en una escuela en la que era maestra de danza. Me lesioné el sacro y el daño en las terminales nerviosas llegaba hasta los pies. El “flex” me resultaba sumamente doloroso, por lo tanto, tuve que dejar de bailar folclórico, así que volví al ballet, y comprendí que era tiempo comenzar a construir una alternativa laboral propia”.

«Soy ejecutante, soy maestra, pero, ante todo, soy creadora»

Cuando Irma Millán fundó su academia de danza, ya ella se había especializado en distintas áreas de baile, como el jazz, danza contemporánea, folclórico e internacional. Posteriormente, se adentró en gimnasia aeróbica, hip hop y danza aérea. “Amplié mis especialidades no sólo por mi academia, sino porque a mí me gusta innovar, no me puedo quedar quieta. Como maestra, cuentas con tus logros propios y con los de tus estudiantes. Álvaro (Serrano Gutiérrez, fallecido bailarín, reconocido internacionalmente y director del ballet folclórico del Estado de Hidalgo durante más de 40 años) fue de mis primeros estudiantes de folclórico. Yo siempre fui muy feliz viéndolo triunfar, hicimos varios proyectos dancísticos juntos. Él fue uno de mis alumnos más destacados, pero no ha sido el único. Hace muy poco tiempo, con tres de mis estudiantes quedamos en el noveno lugar internacional de un prestigiado concurso de ejecución, en donde compiten países de larga trayectoria dancística”.

Irma Millán tiene 45 años en la enseñanza de la danza, de los cuales 25 los ha pasado dirigiendo la Compañía de Danza del Tecnológico de Monterrey, campus Hidalgo. Su rostro se ilumina cuando habla de sus estudiantes: “Eres feliz cuando ves que la pierna no llega a 90, sino que ya está más arribita, que incrementan su progreso, que ya hizo una pirueta, y luego hizo dos consecutivas…”

Durante más de medio siglo, Irma Millán se ha mantenido no sólo impartiendo, sino estudiando danza. Varias de sus capacitaciones en el extranjero han sido producto de premios y becas que ganó por concurso. La maestra considera que el conocer lo que se hace en otros países es fundamental para la creación: “Algunos maestros de danza buscan implementar tal cual los montajes extranjeros, pero a mí me sirven de inspiración para crear. El copiar otras creaciones a mí me resulta aburrido, yo soy ejecutante, soy maestra, pero, ante todo, soy creadora”.

Ejercer el poder

Durante su trayectoria ha visto estudiantes con muchas posibilidades de triunfo, sin embargo, concluye que el talento y la disciplina no lo son todo: “Hay que atreverse. Pocos se atreven a desarrollar sus virtudes y a hacerlas su vida. Tiene que ver con el hecho de que las personas a tu alrededor te digan ‘te vas a morir de hambre, mejor dedícate a otra cosa’. Yo no tuve tiempo de darme cuenta en qué momento llegó la fama, el prestigio y el poder en el medio dancístico. Estaba muy ocupada bailando y criando a mis cinco hijos. Pero sí, ahí sí sin modestia te digo que, afortunadamente, desde hace años he venido recibido muchos premios. El reconocimiento no se debe negar porque es parte del ejemplo y estímulo para quienes van comenzando en esta carrera.

Irma Millán, maestra de maestras de ballet. FOTO: DESDEABAJO.MX

“Yo agradezco mucho a quienes ha volteado a ver mi trabajo para premiarlo, todos los reconocimientos han sido importantes. Recuerdo uno de hace un par de años, en donde el Tecnológico de Monterrey premió a nivel nacional a las mujeres más destacadas en sus ámbitos de desempeño. Había científicas, economistas, investigadoras, mujeres verdaderamente poderosas en su campo, y a mí me premiaron por trayectoria cultural. Fue una noche de mucho orgullo por sentirme parte de ese grupo de mujeres empoderadas que triunfaron a pesar de todos los obstáculos”.

Sin embargo, un día la maestra Millán mandó quitar todos sus reconocimientos de las paredes y los guardó en un lugar especial: “Adoro mis reconocimientos, pero verlos todos los días no es bueno para la creación, pues corres el riego de llegar a pensar que ya es suficiente, que ya lograste mucho o, por el contrario, de obsesionarte con alguno que te falte. Para mí, la meta más grande es la inmediata, mi festival escolar en la academia de danza, que quede impecable, como si fuera una presentación en un teatro internacional, que mis estudiantes y sus familias lo disfruten. No pienso más allá en tiempos y logros, porque yo no bailo para ganar premios, bailo para vivir, para respirar”.

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