CONTRA el Coronavirus, el VALOR de lo SIMBÓLICO

Para Becky

Cuando tuve la oportunidad de presidir la complicada sesión del Primer Parlamento de las Mujeres, en la que hicimos un posicionamiento de autonomía frente al Congreso de la Ciudad de México, tenía en la mano izquierda una moneda de un chelín británico acuñada en Mayo de 1966, mes y año de mi nacimiento.

El recuerdo es revisitado luego de que el presidente Andrés Manuel López Obrador mostró en una rueda de prensa sobre el tema del Coronavirus, un par de relicarios católicos conocidos como “detente” que le regalaron personas que asistieron a sus giras de trabajo, y que fueron llamados por los medios de comunicación de manera reduccionista como “amuletos para protegerlo del virus.

Si bien el mandatario explicó que los relicarios lo acompañan en su cartera, junto con otros recuerdos de personas del pueblo, los medios de comunicación alineados con el fascismo de ultraderecha y las redes sociales los volvieron protagonistas de un absurdo drama morboso que ocultó el hecho informativo real dado a conocer en la rueda de prensa: el incremento de las pensiones a personas adultas mayores, sector más afectado por el coronavirus.

Marshall Macluhan decía que el medio es el mensaje, y lo que estamos viendo en este momento es esa afirmación del comunicólogo más importante del siglo XX, transformada en diagnóstico de un sistema informativo revanchista y añorante de las suculentas migajas que arrojaban políticos de ultraderecha y empresarios desde las mesas de los banquetes de gobiernos neoliberales.

Cuando un presidente de la República en una rueda de prensa informa que su Gobierno ha duplicado la pensión para adultos mayores, justamente cuando en otros países, como Italia, este sector de la población está siendo visto como sacrificable.

Y cuando se tiene la más baja tasa de muertes por el coronavirus (menos del 2 por ciento) con el reconocimiento afirmativo de la Organización Mundial de la Salud, y el aparato mediático oculta los datos en reseñas centradas en anécdotas fuera de contexto, cómo los escapularios y reliquias católicas ocultando que estas son regalan personas aplastadas por un religiosisimo histórico, sabemos que estamos ante una catástrofe informativa.

Esos mismos medios mexicanos que demostraron su bajeza al centrarse en la anécdota de los escapularios religiosos, dejaron de lado malintencionadamente la exhibición que hizo el presidente de un billete de dos dólares que le regaló un migrante, y sobre el cual la propia BBC de Londres, Inglaterra, escribió y difundió un artículo completo.

Sobre el Parlamento de Mujeres, la experiencia política más importante de mi vida hasta ahora, al asumir la primera vicepresidencia, me acompañé también de símbolos qué representaron para mí algo muy importante, utilicé un saco que era de mi abuelo materno quién me crió, y simbolizó un abrazo y su compañía.

Y en mi mano izquierda tuve una pulsera transparente de los años setentas que me regalo mí mentora la maestra Virginia Jaramillo, quién en ese mismo recinto de Donceles fue parte de la primera asamblea legislativa del entonces Distrito Federal

Sí lo personal es político cómo lo afirma Kate Millet, también la jerarquización de lo personal es un mensaje político. No sólo visibiliza el lado humano del presidente de la República, sino que retrata tridimensionalmente y en cuerpo entero la miseria y la mala intención de los medios alineados con la derecha y el fascismo por manipular el pueblo mexicano en medio de una pandemia internacional.

Termino este texto con otro recuerdo como parlamentaria. Así como la presidenta de la mesa directiva, mi compañera Norma Don Juan llevaba sus elementos culturales a la sesión del Parlamento, cuando me tocó presidirlo en momentos muy difíciles, llevaba un pequeño gato llamado iniciativa, que me regalo mi compañera y amiga también vicepresidenta Dulce María Romo, y un bigote qué se le desprendió a mi gata Bufffy Davenport.

El día de la clausura del Parlamento, soplé ese bigote y lo vi perderse en el aire frente a la casona de Xicotencatl.

Ahora mientras escribo en mi mano izquierda tengo una pulsera del primer concierto de rock al que acudimos juntas mi novia y yo (El Vive Latino). Tal vez por eso, por el valor de lo simbólico, ambas podemos iniciar nuestra relación en medio del miedo mediático por el Coronavirus, y podemos entender que el presidente se acompañe por un invisibilizado billete de dos dólares qué le regalo un migrante. Y lo valore y presuma tanto con el recuerdo y cariño qué se mueve cada vez que escribo palabras para ella con mi mano izquierda.

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