Sí, GERARDO SOSA al fin ESTÁ PRESO e Hidalgo esperó 40 AÑOS por esto

Por la mañana del  lunes 31, agentes ministeriales detuvieron en la Ciudad de México a Gerardo Sosa Castelán. Se escribe fácil, pero Hidalgo esperó más de cuarenta años por esta noticia. El cacique de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo ha aterrorizado esta entidad desde finales de la década de 1970 cuando estaba el frente de la Federación de Estudiantes Universitarios, la FEUH. Creó un grupo porril armado que golpeó, robó, violó, cercenó, amenazó, saqueó e hirió de muerte a varios inocentes. Asaltaron negocios, balearon medios de comunicación, se robaron autos, secuestraron mujeres y menores de edad, todo, con la protección de los gobernadores en turno y aliado a uno de los personajes más oscuros de la política mexicana, José Antonio Zorrilla Pérez, el extitular de la Dirección Federal de Seguridad, quien fue preso por el asesinato del periodista Manuel Buendía. Con la violencia como método, Sosa Castelán ascendió a las jerarquías de la UAEH, de la cual fue secretario general y hasta rector, sin tener mérito académico alguno. Desde ahí aplicó las mismas tácticas terroristas contra docentes, administrativos y estudiantes que se oponían a su voluntad. Fue diputado federal por el PRI y luego lo dirigió. Coaccionó a la comunidad universitaria para sus fines, como cuando persiguió y echó de sus trabajos como docentes e investigadores a Pablo Vargas González, Tania Meza Escorza y Tonatiuh Herrera Gutiérrez, al negarse a solapar el acarreo de estudiantes para un mitin con el fallido candidato presidencial priísta, Roberto Madrazo Pintado. Y cuando Sosa se sentía amenazado, invocaba la malograda «autonomía», obligando a la comunidad universitaria a marchar y servirle como escudo antibombas, algo que le aprendieron las huestes que aún le son fieles en la cúpula de la UAEH. Fue un duro enemigo a la libertad de prensa. A varios periodistas nos amenazó por evidenciar su cacicazgo y demandó a los periodistas Miguel Ángel Granados Chapa y Alfredo Rivera Flores por la publicación del libro «La Sosa Nostra. Porrismo y gobierno coludidos en Hidalgo», el cual recopiló los testimonios de la era de terror del clan sosista. Siempre quiso ser candidato a gobernador y nunca lo logró. Primero lo intentó con el PRI; luego, estuvo a punto de lograrlo con el PAN, pero el exgobernador Manuel Ángel Nuñez Soto lo frenó; enseguida quiso formar su propio partido, el Partido de la Sociedad Hidalguense, pero el Instituto Estatal Electoral le desechó el registro al documentar afiliaciones falsas; se apropió del extinto Partido Socialdemócrata pero, al acabarse este, compró al partido Movimiento Ciudadano y de ahí dió el salto a MORENA, partido en el cual revivió al hacerse de diez diputados locales, tres diputados federales y varias candidaturas a presidencias municipales para la elección de octubre de este año. Pero es el día en el que Sosa Castelán ya duerme en la cárcel federal del Altiplano, en Almoloya, Estado de México, acusado de lavado de dinero y peculado. Ni más ni menos que la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (la DEA), detectó que la UAEH era usada para lavar dinero, lo cual desató la investigación por parte de la Unidad de Inteligencia Financiera del Gobierno de México, quien documentó operaciones ilícitas desde bancos suizos por más de 150 millones de dólares. La UIF también investiga al rector Adolfo Pontigo Loyola y al diputado local y exrector, Humberto Veras Godoy. Y bueno, al sosismo no se le está enjuiciando por los crímenes cometidos en el pasado, pero sirva la ocasión para que, todas sus víctimas, conocidas y anónimas, obtengan un poco de la justicia largamente anhelada por cuatro décadas. Estamos atestiguando con en el principio del fin de una época de terror para Hidalgo.

Comments

Comentarios

You may also like