«Con la bendición de dios y siguiendo el protocolo»: el CREMADOR del PANTEÓN nos cuenta su historia en tiempos de COVID

Sin lugar a dudas uno de los momentos más difíciles de la vida es afrontar la muerte de un ser querido y éste año ha sido doblemente difícil al no poder despedirnos de quienes el covid nos ha arrebatado.

Los protocolos de sanidad en funerarias y panteones han extremado precauciones, al grado de no poder ver a nuestro familiar por última vez.

Don Fidel, es muy consciente de ello y con una voz tremendamente honesta me dijo que lo entiende bien y se ha humanizado frente a la pena que embarga a los familiares de las víctimas de esta pandemia.

Cremador en el Panteón Municipal desde hace diez años, y Alejandro desde hace tres, son llamados cada que hay un servicio de cremación, que en estos meses se han incrementado.

«Al principio (en marzo) dudábamos si era verdad o no, conforme pasaron los días nos dimos cuenta que sí. Sí te da temor por tu salud, pero salimos de su pobre casa con la bendición de Dios y siguiendo estrictamente el protocolo», me platican al tiempo que se colocan el overol desechable, botas, guantes, cubrebocas y gogles.

Gracias a las facilidades del administrador del Panteón, Edgar Sánchez, pude ver cómo, al llegar el servicio, con apoyo de los operadores de la funeraria, descienden el ataúd de la carroza, no hay despedida, se abre el ataúd, extraen el cuerpo y lo colocan en una plancha metálica en la que es trasladado al horno, donde a más de mil grados centígrados se reduce a cenizas en un lapso de tres horas. Inmediatamente se rocían líquido sanitizante. Todo este proceso lo realizan en menos de cinco minutos.

No pude resistir extenderle mi admiración por el trabajo que realizan, todo mundo reconocimos a médicos, enfermeras y personal de salud, pero se nos olvidaba que el personal que labora en los panteones son el último contacto con personas que mueren por covid y ellos también merecen nuestra gratitud y reconocimiento.

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