Pachuca, querida Pachuca, dales FUERZA a quienes se están VACUNANDO


Yo no sé de dónde te salieron tantos retoños pero, míralos, aquí están, esperando su vacuna, confiando en seguir viviendo al amparo de tus brazos de hormigón. Nunca has sido una ciudad de esas que, se sabe, son generosas y hasta románticas. A ti te hicieron con carpas y hoyos. Toda tu riqueza se la llevaron en carruajes hacia la capital y con el valor de tu oro levantaron la ciudad de los Palacios. De modo que, de muchas maneras, la Ciudad de México es fruto de tus entrañas. Pero a ti te abandonaron. Los ingleses te marcaron con tiros de mina y al fondo arrojaron los huesos de los que aquí esclavizaron. El gran patrón del centro ya te había desahuciado cuando ni bien habías cumplido tus quinientos años de minería, pero de alguna manera sobreviviste al cadalso.

Y aquí estamos. Otra vez, aquí estamos, sobreviviendo. No son los colonizadores con sus bocazas de pólvora. Ya murió el conde de Regla que, por culpa de nuestra hambre y a causa de la plata que protegían tus cerros, se hizo el hombre más rico del mundo en el siglo XVIII. Se fue Romero de Terreros. Ya murió el señor Rule y su codicia. Se podría decir que somos libres. Pero aquí estamos, resistiendo. Nos pega una pandemia y no se había visto algo así desde hacía cien años. Y mira a tus hijos e hijas, las más mayores, a la pos de un siglo, dispuestas a no morir por lo mismo.

Pero tú no cedes. Igual les avientas tus vientos. Te gusta que recuerden en todo momento quién eres y quién es su madre, bella airosa. Habrías de ser un poquito benévola. Quienes han llegado hasta las instalaciones de la Feria, tu Feria de San Francisco, andan en sillas de ruedas; se apoyan en bastones; van con el cubrebocas escondiendo las arrugas abrillantadas que, tú sabes, porta quien es pachuqueño de cepa. Se han de poner la vacuna que les librará de ese maldito bicho del COVID. Dales tu protección. Son de aquí y aquí quieren estar, disfrutando de tus atardeceres fríos y anaranjados que brillan como topacios y traen caricias frescas de los bosques de El Chico. Dales la fuerza que a ti te ha sobrado para estar de pie, desde los tiempos de Benito Juárez. (Texto: L. A. Rodríguez / Fotos: Blanca Gutiérrez)


FOTO: Blanca Gutiérrez / DESDE ABAJO
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