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Sin lugar a dudas uno de los momentos más difíciles de la vida es afrontar la muerte de un ser querido y éste año ha sido doblemente difícil al no poder despedirnos de quienes el covid nos ha arrebatado.

Los protocolos de sanidad en funerarias y panteones han extremado precauciones, al grado de no poder ver a nuestro familiar por última vez.

Don Fidel, es muy consciente de ello y con una voz tremendamente honesta me dijo que lo entiende bien y se ha humanizado frente a la pena que embarga a los familiares de las víctimas de esta pandemia.

Cremador en el Panteón Municipal desde hace diez años, y Alejandro desde hace tres, son llamados cada que hay un servicio de cremación, que en estos meses se han incrementado.

«Al principio (en marzo) dudábamos si era verdad o no, conforme pasaron los días nos dimos cuenta que sí. Sí te da temor por tu salud, pero salimos de su pobre casa con la bendición de Dios y siguiendo estrictamente el protocolo», me platican al tiempo que se colocan el overol desechable, botas, guantes, cubrebocas y gogles.

Gracias a las facilidades del administrador del Panteón, Edgar Sánchez, pude ver cómo, al llegar el servicio, con apoyo de los operadores de la funeraria, descienden el ataúd de la carroza, no hay despedida, se abre el ataúd, extraen el cuerpo y lo colocan en una plancha metálica en la que es trasladado al horno, donde a más de mil grados centígrados se reduce a cenizas en un lapso de tres horas. Inmediatamente se rocían líquido sanitizante. Todo este proceso lo realizan en menos de cinco minutos.

No pude resistir extenderle mi admiración por el trabajo que realizan, todo mundo reconocimos a médicos, enfermeras y personal de salud, pero se nos olvidaba que el personal que labora en los panteones son el último contacto con personas que mueren por covid y ellos también merecen nuestra gratitud y reconocimiento.

Colectivos feministas se manifestaron en el primer cuadro de Pachuca por el derecho a un aborto libre y seguro, cuya acción global se conmemora el 28 de septiembre en muchos países de occidente. Alzaron banderas, cantaron, hicieron pintas y elevaron su reclamo por el derecho a decidir. Te presentamos las mejores imágenes de la jornada.

Las grisáceas bardas de algunos barrios pachuqueños, son grandes lienzos transformados en coloridas obras de arte. Los murales son un reflejo de lo que se vive en el barrio y de las personas que en él habitan. Tal es el caso de los ya conocidos murales de Palmitas, donde los artistas plasmaron los rostros de quienes fundaron el barrio y algunos personajes de su entorno.

En La Raza, se resalta el origen indígena de sus habitantes, así como su riqueza cultural y el sentir de la niñez. En el Arbolito se guardan los recuerdos del esplendor minero y la admiración a las etnias mexicanas.

Fomentar el arte en la comunidad, mejora la imagen de un barrio, da la sensación de bienestar, orden y prosperidad y en muchos casos puede incluso recuperar el tejido social.

Una vez más, algunos grupos feministas se apostaron a las afueras de la sede del gobierno de Hidalgo para exigir un alto a las recientes desapariciones de mujeres en el Estado y demandando acciones concretas para proteger su vida y su libertad. Prendieron una fogata, algunas pintas, canciones, consignas y elevaron una bandera mexicana con los colores del feminismo. Te presentamos las mejores imágenes de lo que pasó.

FOTO: Blanca Gutiérrez / DESDE ABAJO MX
FOTO: Blanca Gutiérrez / DESDE ABAJO MX
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FOTO: Blanca Gutiérrez / DESDE ABAJO MX
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El grito de independencia en Pachuca fue único en la historia. En vez de gente, la soledad de la plaza Juárez. En vez de juegos artificiales, drones. Solo la vehemencia del gobernador Omar Fayad interrumpió el silencio de las calles, que permqnecieri desoladas por la cuarentena. Ojalá que el próximo año nos encontremos de nuevo bajo estos cielos que hoy se sintieron más fríos que nunca.