Opinión: La izquierda necesaria

Si el PRD quiere sobresalir, no podrá hacerlo si se obstina en mirarse en el espejo. Tiene que ver hacia fuera. ¿Qué país mira?¿Qué país nos propone construir?¿Cómo hacerlo?¿Con quiénes hacerlo?¿Porqué hacerlo? Aunque ya es tarde para disculpas, linchamientos y discursos, todavía es tiempo para hacerse éstas y muchas más preguntas.

Por: Guillermo Quiroz Salinas / Desde Abajo

En México, donde nos esforzamos en construir un sistema de partidos pluralista y democrático, la historia de su comportamiento en otros tiempos y espacios, y las discusiones teóricas sobre su origen, papel y funcionamiento, no deben pasarse por alto.

El espectro problemático de la crisis de los partidos es, en estos momentos, la cuestión más importante para su supervivencia. Los partidos políticos en México se muestran ante la sociedad vacíos de contenido, con discursos coyunturales, divididos internamente por visiones y posiciones encontradas, sin propuestas innovadoras, sin claridad y sin rumbo.

Es preocupante, porque los partidos políticos son los actores de mayor protagonismo en el modelo democrático por el que hemos optado, y porque la calidad de nuestra democracia depende en buena medida de la calidad de los partidos políticos.

El pragmatismo le quita sentido a la política y a la larga deteriora la democracia hasta convertirla en su perversión, que es la demagogia. Un modelo político basado en el pragmatismo, pone en marcha insanas carreras de populismo, en la que se abusa de los recursos sentimentales e histriónicos, con el único afán de lograr audiencias y popularidades. El único objetivo es ganar, y para lograrlo se vale decirlo, prometerlo y recurrir a todo.

Es verdad que los partidos políticos son instituciones que nacieron para conquistar el poder. Esa es su naturaleza y su función. Pero no a costa de todo. En un sistema democrático, debe haber límites mínimos que nos vacunen contra el populismo, la demagogia y la oquedad. El camino para conquistar el poder en democracia no debe ser la mentira y el engaño sino las ideas y las propuestas inteligentes y viables de gobierno.

Es necesario crear los mecanismos institucionales que generen incentivos para que los partidos tomen con mayor seriedad la generación de propuestas, y para que se dediquen con seriedad a la construcción de plataformas, planes y programas de gobierno que de verdad sirvan al país.

La izquierda es necesaria. En cualquier escenario en el que nos coloquemos, un país como México necesita una oferta política de izquierda, que sea seria, moderna, ilustrada, con capacidad de interlocución, con formas de acción política civilizadas y partidaria del diálogo y con posibilidad de influir y ganar, en un sistema democrático.

Necesitamos a la izquierda como equilibrio, como freno y como contrapunto. Es necesaria en nuestra democracia una visión de sociedad que sea progresista, que plantee posiciones de avanzada y que modere posiciones conservadoras.

La izquierda debe replantearse, necesitamos nuevos enfoques y nuevos liderazgos. México necesita una izquierda inteligente e ilustrada, que aprenda a ganar debates y que asuma el mundo de lo posible.

Si el PRD quiere sobresalir, no podrá hacerlo si se obstina en mirarse en el espejo. Tiene que ver hacia fuera. ¿Qué país mira?¿Qué país nos propone construir?¿Cómo hacerlo?¿Con quiénes hacerlo?¿Porqué hacerlo? Aunque ya es tarde para disculpas, linchamientos y discursos, todavía es tiempo para hacerse éstas y muchas más preguntas.

El PRD debe plantearse cómo incidir a favor de la gente en todas las entidades del país, enarbolar demandas justas y legítimas de la gente, muchas de las cuáles de manera vergonzosa se han abandonado. Para ello es indispensable contar con un programa de izquierda moderno que sea capaz de sumar a los diversos sectores sociales, así como constituirse en un interlocutor válido y confiable para los mismos. En ese sentido, nada ayudaría más que llevar a cabo este proceso en unidad y en un ambiente propicio para que la discusión de ideas prevalezca. La congruencia mandata a construir una organización democrática que mantenga equilibrios, plural en su composición y en el debate de ideas, incluyente en sus órganos de dirección y responsable ante sus militantes y ante los ciudadanos.

El PRD está obligado a reconstruir su unidad pero al mismo tiempo renovarse. Tiene la obligación de convencer a la sociedad mexicana de que es un instrumento adecuado para cambiar y transformar. Y al mismo tiempo tiene que convencer de que es una clase política madura y estable, con capacidad de conducción y que da seguridad.

Para que el PRD se coloque en esa ruta victoriosa es indispensable una renovación profunda, la unidad de todas sus expresiones, la institucionalidad en la actuación de sus dirigentes en todos sus niveles, la ampliación de su alianza con el movimiento popular y la incorporación de los intelectuales en su vida cotidiana.

Más entrega al trabajo y menos estridencia interna, más distancia de los intereses económicos y más acercamiento con la gente común. Más claridad en los posicionamientos políticos y menos ambigüedad. Pero sobre todo, un gran esfuerzo para recuperar su autoridad moral. Eso es lo que se requiere.

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