Opinión: Una generación de transiciones

 Este texto va dedicado muy especialmente para aquellos que les a tocado nacer en una generación llena de transiciones, para aquellos que en este momento tienen entre veinte y treinta años de edad aproximadamente, una generación llena de contrastes donde hemos tenido la oportunidad vivir muchas cosas que ninguna otra generación pudo por el tiempo y espacio que nos tocó vivir.

Por: Gustavo Godínez/ Desde Abajo

En la infancia, aún gozamos de muchas cosas que ya no se ven comúnmente hoy día, no había prisa por crecer, no existía ese desesperado intento de hoy por aniquilar rápidamente la inocencia, los niños no teníamos agendas electrónicas ni celulares, ni tampoco nos importaba vestir a la última moda, la anorexia y la bulimia no eran parte del vocabulario cotidiano.

En primaria y secundaria hicimos trabajos recortando mapas mundi, mapas nacionales de división política, biografías de cuadrito con un invariable marco azul y láminas de diversas temáticas como del sistema óseo o del 16 de septiembre, pero vivimos el asalto de las PC’s a nuestras escuelas y hogares, la conquista mundial de Microsoft con su Windows, con el auge de Internet, la tarea se volvió más fácil y rápida; vivimos mucho tempo sin ese esclavismo que representan los celulares, pero no nos sentíamos incomunicados del mundo, no había preocupación por tiempo aire ni por si llegaban los mensajes, sin embargo, vimos nacer la telefonía celular desde aquellos celulares que parecían tabiques de construcción, hasta aquellos actuales que caben en la palma de la mano y que tienen reproductor de MP3, conexión a Internet, cámara de video y foto, juegos y que hacen de todo excepto tener señal cuando realmente la necesitas; en buena parte fuimos criados por la caja idiota pero también por la cultura multimedia de los microprocesadores, por los chats masivos, por el porno gratuito, por AOL, yahoo, hotmail, youtube y myspace; antes, cuando escuchábamos la palabra correo, aún pensábamos en un sobre con un sello postal y una hoja de papel adentro, no en un mensaje con interfás gráfica y archivos adjuntos.

Jugábamos canicas, trompo, balero, carritos o muñecas, pero también jugamos con videojuegos y hemos presenciado su evolución desde los sencillos pinball hasta los complicados RPG’s en 3D totalmente en línea para jugar con otra persona en cualquier parte del mundo, de aquel viejo Atari hasta el X Box 360 y el PS3.

Veíamos películas en una “betamax», que fue un truculento movimiento comercial para la entrada del VHS, ahora ya tenemos un DVD con “home theater» integrado.

Conocimos los acetados o viniles, los cassettes y los CD’s, pero ahora tenemos una vasta colección de MP3 y un I Pod con 40 gigas en memoria que también reproduce video.

Las fotografías ya no se imprimen en papel, ahora son una imagen creada por ceros y unos que se guardan en un disco duro.

Hemos presenciado lo dependientes que nos hemos vuelto de las computadoras, que están presentes en casi todos los aspectos de nuestra vida, logramos entrar con relativo éxito a la “era de la informática», donde todo debe ser rápido y usualmente vano, práctico y sin complicaciones, desechable y eficiente, donde el mundo se mide en bytes, gigas y pixeles.

Somos hijos de las continuas crisis económicas, simplemente no comprendemos el significado de “estabilidad económica»; nos alarmamos cuando un terrible virus se convirtió en la plaga del siglo y cambió para siempre la forma de vivir la sexualidad; admiramos la caída del gigante rojo del comunismo víctima de sus propias contradicciones; vimos como un muro que separaba un país entero, desapareció para unificar a su pueblo; un día nos sentimos en un “país de primer mundo» lleno de “solidaridad», para levantarnos una mañana de diciembre y sentir que no teníamos nada; vimos alzarse a Chiapas con su furia centenaria; en la guerra del Golfo, vimos la primera guerra vía satélite; presenciamos la caída del PRI del poder, después de más de 70 insufribles años; atónitos, observamos el día en que dos torres al caer, cambiaron la historia de la humanidad y vivimos a diario la venganza de la naturaleza, que juega con nosotros con un clima indomable y usualmente mortal, creciendo con la angustia constante de no tener la certeza de si algún día todo volverá a la normalidad.

No pertenecemos específicamente a la Generación X, pero de alguna manera, heredamos su intensa depresión y un profundo desencanto. Tampoco pertenecemos precisamente a la Generación @, que ya nació con la revolución tecnológica a sus pies, pero de cierta forma impulsamos su hiperactividad. Nos tocó estar en medio, a manera de enlace, pieza fundamental que, para nuestra fortuna, nos dio la oportunidad de crecer entre dos épocas y de vivir lo mejor -y también lo peor- de ellas.

Nacimos el siglo XX, pero nos toca escribir la historia del principio del siglo XXI. (Desde Abajo)

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