Opinión: 21 de marzo: lucha contra el racismo

Además del natalicio del Benemérito de las Américas, Benito Juárez, y del día de la primavera, en que se hace un “puente» laboral, el 21 de marzo tiene una importancia internacional. Ese día pero de 1960, en el barrio de Shaperville de la ciudad de Johannesburgo, capital de Sudáfrica, el ejército disparó brutalmente contra una multitud indefensa, matando a 69 personas e hiriendo a otras 186. En memoria de dicha tragedia, conocida como “Masacre de Shaperville», la Organización de las Naciones Unidas (ONU) instituyó esta fecha como Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial.

Por: Pablo Vargas González / Desde Abajo

El artículo 1º de la Convención de la ONU para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial, adoptada por la Asamblea General el 21 de diciembre de 1965, define la discriminación racial como cualquier distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en raza, color, ascendencia, origen étnico o nacional que tenga la finalidad o el efecto de impedir o dificultar el reconocimiento y ejercicio en bases de igualdad de los derechos humanos y libertades fundamentales en los campos político, económico, social, cultural o cualquier otro ámbito de la vida pública. En su párrafo 4º, dicha Convención prevé la posibilidad de “acción afirmativa», mediante la adopción de medidas especiales de protección o incentivos a grupos o individuos, a fin de que se alcance la igualdad material con efectiva inclusión social.

Por su parte, los gobiernos de los Estados Americanos (OEA) reconocieron, en el año 2000, durante el transcurso de la Conferencia Regional de Santiago de Chile, instancia preparatoria para la Conferencia Mundial de la ONU contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y otras Formas Conexas de Intolerancia, que la discriminación racial aún persiste en las Américas y continúa siendo una grave violación de los derechos humanos que provoca sufrimiento, desventaja y violencia en diversos sectores de la población.

Tanto en el Norte como en el Sur, el racismo y la discriminación racial alcanzan de manera diferenciada a hombres y mujeres, como en el caso de la violencia sexual practicada contra las mujeres de determinado origen étnico-racial. El racismo, la discriminación racial y la xenofobia agravan las condiciones de pobreza, marginalidad y exclusión social de individuos, grupos y comunidades, constituyéndose en un poderoso mecanismo de segregación que se articula con, y fortalece, otras formas de discriminación como la clase, el género, la opción sexual, la edad, la región de origen, la religión, e inclusive las opiniones políticas e ideológicas, etcétera.

En México y en el estado de Hidalgo, no estamos exentos de actitudes discriminatorias relacionadas con el origen racial. Ante lo expuesto, y fortaleciendo el sentido democrático y el compromiso con la justicia social y la lucha por la igualdad, se requiere una lucha por parte de las organizaciones civiles y de los ciudadanos, que obliguen a que el gobierno se comprometa y garantice el impulso de medidas en todos los ámbitos de la sociedad, tales como:

• La urgencia ética y política de erradicar todas las formas de discriminación basadas en la condición social, raza, color, descendencia u origen nacional o étnico que tengan como objetivo o efecto la exclusión, la marginalización o la dominación;

• El compromiso de fomentar los derechos humanos y las libertades fundamentales de las comunidades indígenas, los afrodescendientes y todas las personas pertenecientes a grupos vulnerables;

• La necesidad de adoptar medidas especiales contra la discriminación racial y de género destinadas a acelerar la igualdad efectiva entre hombres y mujeres en la educación, la economía, la política y el empleo;

• La importancia de incentivar la promoción de políticas de acción afirmativa en las esferas de la enseñanza y la investigación, orientadas a la construcción de la igualdad étnico-racial, como principio esencial de equidad, con miras a alcanzar una igualdad sustantiva en nuestras sociedades;

• La consideración de las legítimas demandas de los pueblos indígenas y afro descendientes para que sea introducida la historia de Africa y de los Amerindios en los programas escolares, particularmente en la formación universitaria, así como la creación de cursos de perfeccionamiento y de especialización en nivel de posgrado;

• La necesidad de apoyar los núcleos y centros de investigación universitarios que se dedican a las actividades de enseñanza e investigación relacionadas con la situación indígena, el racismo y la cuestión de las diásporas africana y asiática;

El 21 de marzo, honremos la legalidad e igualdad de las personas y de los pueblos como lo pretendió el presidente Juárez reafirmando aquí nuestro compromiso con la construcción de una sociedad donde la erradicación del racismo ilumine el horizonte de igualdad y justicia social que debemos y merecemos construir en México y Latinoamérica. (Desde Abajo)

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