Columna: Espiritualidad de la Cuarta República

¿Soy Católico?

. «Católico» significa, etimológicamente y en su sentido más profundo y positivo: «Universal», «Abierto», «Revolucionario», «Incluyente», «Tolerante», «Sin fronteras», «Sin dogmas», «Social y Solidario»… Eso, entonces, es ser católico: Universal, abierto, revolucionario, incluyente, tolerante, sin fronteras ni dogmas, social y solidario en esencia

por diacono Alvaro Sierra Mayer / Desde Abajo

«Católico» significa, etimológicamente y en su sentido más profundo y positivo: «Universal», «Abierto», «Revolucionario», «Incluyente», «Tolerante», «Sin fronteras», «Sin dogmas», «Social y Solidario»… Eso, entonces, es ser católico: Universal, abierto, revolucionario, incluyente, tolerante, sin fronteras ni dogmas, social y solidario en esencia (Véase Catecismo de la Iglesia Católica, 830 y ss)…

Pero hoy, en México, la palabra «católico» está abandonando su sentido originario y está en grave riesgo de pervertirse y de adquirir un potencial creativo contrario a su significación esencial… Recordemos que el nombre de algo señala y desentraña el misterio de su ser. Convoca al verdadero ser. Crea el ser. Excepto si el nombre empieza a evocar y a reflejar imágenes y realidades distintas e incluso contrarias y contradictorias a lo que en esencia significa… Tal es el caso de personas cuyas vidas y decisiones han tergiversado y corrompido a tal grado el significado de su nombre que ahora la palabra, siempre e inevitablemente creadora, crea no-ser, crea negatividad o nada… «Judas», por ejemplo, aunque etimológicamente signifique «alabanza a Dios» (hebreo: Iehuda), se ha convertido, por la vida de un solo hombre así llamado en la historia, en un nombre proscrito que tiene ya, también, una potencia creadora negativa en el rumbo de la traición, la ambición y el engaño…

Para muchos, en México y en otras partes del mundo, el concepto «católico» evoca y empieza a significar, contrariamente a su sentido original: «Sectario», «Cerrado», «Conservador», «Excluyente», «Intolerante», «Limitado», «Dogmático», «Egoísta y Poco comprometido»… Y es que muchos católicos nunca han sabido realmente lo que significa esa palabra. Y muchos otros, especialmente entre los sacerdotes y obispos, de plano han olvidado su significado o lo contradicen con su palabra y con su vida…

Jesucristo, el Fundador de la Iglesia (Ecclesia = Comunidad unida, santa, universal y apostólica), dejó muy claro, con su Palabra y con su Vida, en qué consistía la «catolicidad» o «universalidad» de la Iglesia. Y Él ha de ser la clave para que los «católicos» en México hagamos un serio examen de conciencia y corrijamos lo que tengamos que corregir:

Cuando le preguntaron a Jesús en cuál de dos iglesias debería adorarse al verdadero Dios Él respondió: «Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte (templo samaritano), ni en Jerusalén (templo judío) adoraréis al Padre… Llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sen los que le adoren» (Jn 4, 20-23). ¡Esto es ser «universal» y no «sectario»! ¡Y así hemos de pensar y actuar todos los seres humanos y en primer lugar los «católicos»!…

Hoy que nuestros adversarios, después de sus fraudes, imposición y represión, hablan de «paz» y nos acusan de «revoltosos» y «enemigos de la paz» por resistir y seguir luchando, convendrá recordar(les) la Palabra revolucionaria de Jesús: «No penséis que he venid o a traer paz a la tierra. No he venido a traer la paz, sino la división (espada es el concepto literal). Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y sus propios familiares serán los enemigos de cada cual» (Mt 10, 34-36). ¡Esto es ser «católico», es decir, «revolucionario» y no «conservador»! ¡Y así hemos de pensar y actuar todos los seres humanos y por supuesto los «católicos»!…

Cuando Jesús quiso dejar todavía más claro en qué consistía ser «católico» y por tanto encontrar Salvación y Vida Eterna, no habló de normas o de ritos o de ideas o de palabras. Dijo esto: «Venid, benditos de mi Padre… Porque tuve hambre, y me disteis de comer… Cuando lo hicisteis con uno de estos hermanos míos más pequeños, a mi me lo hicisteis… Apartaos de mí, malditos… Porque tuve hambre, y no me disteis de comer… Cuando dejasteis de hacerlo con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo. E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna» (Mt 25, 31-46). ¡Esto es ser «católico», es decir «social y solidario» y no «egoísta y poco comprometido»! ¡Y así hemos de pensar y actuar todos los seres humanos y especialmente los que nos digamos «católicos»!…

Por esto que ha dicho el Fundador de la Iglesia, debo decir que yo les considero a ustedes, mis compañer@s de lucha, los que son realmente luchador@s honest@s y generos@s, verdader@s católic@s, aunque jamás se hayan hecho o se hicieran presentes en un templo «católico»… La «catolicidad» de ustedes, su pertenencia a la verdadera Iglesia, para mí que prefiero mirar y crear la realidad en el sentido profundo en que la señalan sus términos, la descubro no en sus ritos ni en sus credos ni en sus dichos, sino en sus hechos de lucha, de hambre y sed de justicia, de resistencia. Esto y no otra cosa es lo que les hace mis hermanos «católicos», independientemente de su confesión personal como «cristianos» o «budistas» o «librepensadores» o «ateos»… Porque llega la hora –y ya estamos en ella- en que los verdaderos seres humanistas y espirituales estaremos unidos en una misma fe y en una misma lucha, en la verdad y en el amor, más allá, muchísimo más allá, de credos e ideologías particulares…

¿Soy yo, pues, «católico»?… Sí y no… Sí en el sentido profundo de este concepto que me invita a la universalidad, a la apertura, a la actitud revolucionaria, incluyente, tolerante, sin fronteras, sin dogmas, social y solidaria. A ser libre y creativo. A resistir, a luchar y a construir… No en el sentido de un falso concepto, violado y desgastado, que me separe o me divida de ustedes, mis hermanos en lucha y en resistencia, o, peor aún, que me separe o me divida de mis padres-madres-hijos-hermanos, que son los más pobres… Prefiero ser «ateo» con los «ateos» que aman y sirven al pobre, al mismo que yo amo y que defiendo y en quien veo el rostro único del Único Dios, que ser «católico» con aquellos «católicos» que fingen hipócritamente valores y religiosidad pero que hoy, con su silencio, indiferencia y pasividad, o con su ambición egoísta de dinero, poder y privilegios, o, peor aún, con su perversión simplemente homicida y destructiva, crucifican al Cristo-pueblo mexicano y se hacen así deicidas y suicidas en su propio corazón…

Invito a los auténticos «católicos» a que no permitamos la tergiversación y perversión de nuestro bello nombre como Iglesia… Luchemos y mostremos, con nuestros hechos, el hondo y fecundo significado de ser «católicos»… Seamos como los sacerdotes y fieles católicos en Nicaragua que le dieron dirección y fundamento a la Revolución Sandinista… Luchemos como lucharon Mons. Romero y los sacerdotes y fieles del pueblo de San Salvador en contra de la tiranía… Sigamos el ejemplo de tantos católicos brasileños y venezolanos y chilenos y bolivianos que hoy están siendo congruentes con su fe y están haciendo historia y siendo parte de la gran transformación latinoamericana… Repitamos a Hidalgo y a Morelos y a tantos verdaderos creyentes mexicanos para que en esta hora oscura de nuestra Patria sigamos combatiendo el buen combate, y no descansemos hasta lograr la construcción de nuestra IV República…

¡Un abrazo «católico» (es decir, «universal») para todos ustedes!

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