Megáfono Global: Del ERPI, sobre las mujeres en el movimiento revolucionario

 La mujer en México y en el movimiento revolucionario en tiempos de la dictadura universal*

Mujeres y niñas brutalmente asesinadas en el desierto. Gobiernos cómplices e ineptos. Impunidad reinante para los perpetradores de este crimen de lesa humanidad. Voces oficiales que hablan de vacías ayudas humanitarias y jurídicas para resolver el problema. Son situaciones que se viven no solamente en Irak sino que padece aquí mismo en nuestro territorio mitad de la población mexicana. Mientras que el imperio desmenuza a mujeres iraquíes en este último capítulo de su guerra permanente, en México el neoliberalismo y los oscuros intereses que beneficia arremete implacablemente contra los más básicos derechos humanos y sociales de la mujer, especialmente las trabajadoras y campesinas.

En los últimos diez años 300 mujeres han sido asesinadas y 3000 desaparecidas en Ciudad Juárez. Muchos de sus cuerpos han sido arrojados en las mismas zonas desérticas luego del mismo y sencillo modus operandi criminal. Pero aun así las ‘investigaciones’ son ‘infructíferas’. Todo apunta a la autoría de las mafias, sean el narco, los traficantes de órganos y/o los productores y distribuidores de los video snuff (videograbaciones de la tortura, violación y muerte de mujeres). Por consecuencia, la mano de la mafia protectora mayor, el Estado, no se puede negar.

Ante esta realidad, el gobierno se queda inmóvil insistiendo en viabilizar la perpetuación de este femenicidio. Desacatando las recomendaciones de la CIDH, Fox se niega a tratarlo como asunto de jurisdicción federal, encubriendo así a los criminales que muy probablemente tienen relación con el consentido cártel del Golfo. Su desubicada esposa, la mitad más verbosa de la ‘pareja presidencial’, ni toca el tema pese a su hueco discurso del empoderamiento de ‘sus hermanas’. En el Día Internacional de la Mujer, día que conmemora los sacrificios de mujeres obreras y comunistas a quienes les daría nausea sus palabras, Marta Sahagún, con la ilustración que se ha llegado a esperar de ella, habló de “defender lo que con tanto trabajo hemos logrado en ser y el hacer… No nos confundamos, equidad de género es lograr ese gran acompañamiento entre hombres y mujeres a favor del trabajo digno, del respeto mutuo, del reconocimiento mutuo, del reconocimiento sincero a nuestro proyecto de vida, de caminar de manera conjunta.‿ Como Cantinflas (cuyas películas bien reflejan la visión de ‘equidad’ de género del gobierno) Sahagún deambula verbalmente para no decir, criticar o proponer nada que pudiera beneficiar a las mujeres.

Amonestar el papel activo y los vacuos pronunciamientos de Marta Sahagún no es machismo criollo como lo sugiere su vocero Vicente Fox. Este recurso, que también inescrupulosamente emplean las deshonestas dirigentes partidistas como Amalia García, Rosario Robles, Dulce María Sauri y Beatriz Paredes, entre otras, pretende desviar la atención a la verdadera misoginia que caracteriza la política social del PAN y los efectos del neoliberalismo. Además de desempeñar un papel peligrosamente anticonstitucional en la vida política del país, Sahagún encabeza una ofensiva del oscurantismo contra el estado laico y las protecciones legales que garantizan los derechos laborales, reproductivos, domésticos y civiles de las mujeres.

No hay que ir más allá de la actuación de las autoridades panistas en Guanajuato, semillero de los neocristeros, que ilegalmente le negaron a una mujer de diez años mentales el derecho a abortar el producto de un ultrajo. Castigan así a la indefensa víctima sin capacidades intelectuales para el embarazo y la maternidad y, sin embargo, no actúan en contra del agresor que por el solo hecho de tener relaciones con una mujer de diez años es culpable de violación. Igualmente sancionable es la elaboración y difusión de las Guías de Padres que la paraestatal Vamos México está logrando en colusión con la SNTE y TVAzteca. El magisterio y los medios, que deberían defender la educación laica y progresista y el derecho a la información objetiva para el bien común, respectivamente, se esfuerzan en participar en la reaccionaria embestida ideológica que en último término busca debilitar a la ciudadanía y desmantelar los deberes sociales del estado. El retroceso que representan los textos en cuanto a educación sexual, prevención del SIDA y la democratización de las relaciones familiares (predicando la abstinencia, ignorando el uso del condón y represivamente tratando a las jóvenes como borregos en vez de plenos agentes sociales) no son otra cosa que los primeros pasos de regreso a la barbarie. En este esquema, la mujer es la primera que sufre al ser despojada de lo que ha logrado con sus luchas como el “trabajo digno y el respeto mutuo‿. El ‘acompañamiento’ aludido por Sahagún se reduce a la subordinación bíblica ante el hombre que manda.

Esta barbarie de los legionarios y el Opus Dei cuaja naturalmente con el capitalismo salvaje que el estado impulsa apoyándose justamente en los medios monopólicos y los sindicatos sistémicos. No hay que olvidar la responsabilidad de las mismas maquilas desreguladas en los homicidios de Juárez. Con el ultraconservador Abascal como titular de la STPS, los trabajadores se encuentran en un mercado de trabajo totalmente flexibilizado que permite a las ensambladoras desentenderse de las mínimas prestaciones sociales. Así, las administraciones de las maquiladoras, con el pretexto de bajar costos para elevar la competitividad, han podido eliminar servicios de transporte para las obreras y acentuar su vulnerabilidad. Si el proyecto neoliberal avanza aun más con la entrada en vigor del ALCA, los resultados para las mujeres, al no contar con protección laboral alguna y al desaparecer apoyos mínimos estatales (en lo que a cuidado de niños, salud, educación y alimentación se refiere), serán desastrosos.

Es evidente que el capitalismo, que por la miopía de los magnates que demandan ganancias inmediatas siempre se revierte a la crisis del salvajismo, ni es capaz de mantener la paz mundial ni puede garantizar los más mínimos derechos liberales. La mujer, por lo tanto, solo gozará sus plenos derechos cuando se trascienda esta forma de organizar la producción y las relaciones políticas. Pero si la transformación profunda es necesaria para alcanzar esta igualdad, no es suficiente. Tampoco es correcto esperar hasta entonces para intentar de efectuarla. Por estas razones la lucha revolucionaria debe 1) tener una visión estratégica y táctica que conlleve a la paridad en todos los aspectos de la vida, y 2) empezar desde ahora y desde abajo a generar relaciones de género horizontales en los gérmenes del poder popular y dentro de las organizaciones. Está claro a su vez que esto no sucederá sin la participación directa y rectora de las mujeres. Dada la insuficiente presencia femenina en nuestra organización (que sí existe pero no en las cantidades y cualidades deseadas), surgen algunas tareas fundamentales para lograr que más compañeras participen plenamente. Por un lado, se hace necesario encontrar y facilitar los mecanismos para que las compañeras asuman un proceso «liberador», conducente hacia un constante desarrollo y más allá. Por otro, los compañeros tendrían que superar lo que algunos denominan el «machismo-leninismo». También habría que reconocer y reforzar, sin agredir su autonomía y su sujetividad, los esfuerzos liderados por mujeres como las agrupaciones Ni una muerta más y Casa Amiga en Juárez. En estas tareas, las mismas mujeres, siguiendo los ejemplos de auténticas luchadoras como Rosario Ibarra, Aurora, Digna Ochoa, Erika Zamora y todas las demás que se construyen día con día el nuevo mundo, las compas tienen la palabra y a ellas les toca la iniciativa.

Cambiando de tema, la situación que se presenta actualmente en el escenario internacional es preocupante ante la abierta amenaza del imperialismo norteamericano a otros pueblos, especialmente en nuestro continente en contra del pueblo cubano y colombiano, lo cual obliga a la izquierda latinoamericana a definir su postura y decidir QUÉ HACER Y NO SOLO QUÉ DECIR O ESCRIBIR. En el caso de nuestra organización, ya hemos decidido qué hacer: escalaremos nuestro nivel de solidaridad con los pueblos del mundo y algunas organizaciones en base al caracter político, ético y revolucionario de sus planes, y estaremos en entera disposición de ir más allá en el caso de ser agredidos militarmente la nación cubana y el pueblo colombiano en lucha con sus organizaciones revolucionarias, mas claro ni el agua. La solidaridad no se regatea ni se pronuncia tímidamente, ni se enfrasca en discusiones que escuden el miedo a ser señalados por el imperio. Señores y organizaciones de izquierda, es momento de definiciones y ACCIONES, NO SOLO PALABRAS.

* Editorial de la publicación “El paliacate», año 7 volumen 1

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