Del azogue y los espejos

Receta para construir una mujer global:

* Tome unas gotas de Amarige de Givenchy.

* Un poco de crema antiarrugas de Clinique.

* Una porción de extracto revitalizante para el cabello de L Oreal.

* Mézclelo cuidadosamente para que no haga grumos.

* Distribúyalo sobre un cuerpo femenino de l.80 metros con 90, 60, 90 centímetros de pecho, cintura y caderas respectivamente, preferiblemente blanco y rubio.

* Si no encuentra fácilmente este producto en el mercado, puede recurrir sin remordimientos a silicona y colágeno, extraer algunas costillas o realizar lipoescultura.

* Salpimiente con algo exótico a gusto.

* Cueza a fuego lento en un caldo con algo de consumismo, fin de las ideologías y la historia u otras hierbas…

* Sirva enfundada en Dona Karan, Agata Ruiz de la Prada, Dior, Arman… de acuerdo a su presupuesto.

Por: Dra. Isabel Moya (SEMlac / Desde Abajo)

La Habana, Cuba. Aunque mi propuesta de “receta” pueda parecer sólo un ejercicio irónico, no está muy alejada del paradigma que los centros hegemónicos androcéntricos de poder económico, político y mediático presentan como modelo de lo femenino en tiempos de globalización neoliberal y postmodernidad. Y expresa, metafóricamente, como ese paradigma se explicita simbólicamente en la publicidad, una de las expresiones de la comunicación masiva que propició el nacimiento, en Estados Unidos, de los mass media research, a principios del siglo XX, investigaciones que se consideran iniciadoras de los actuales estudios de comunicación.

Nacidas en dos momentos diferentes del siglo XX, la Teoría de la Comunicación y la Teoría de Género entraron en las Ciencias Sociales marcadas por la polémica acerca de su cientificidad y provocando la desconfianza y la ojeriza de la academia más ortodoxa.

Sólo en los últimos años han ido ocupando un espacio en ese ámbito, porque sus respectivos objetos de estudio han ganado protagonismo en el mundo contemporáneo. En el caso de la Comunicación, por la necesidad de comprender la producción, distribución y recepción del conocimiento y la información que se produce en el ámbito mediático, que en apenas cien años ha multiplicado sus soportes y lenguajes hasta hablarse hoy de una sociedad de la Información. En el de la Teoría de Género, ese protagonismo ha respondido a la urgencia de entender la manera en que se estructuran y sostienen las relaciones entre los individuos sexuados.

Los medios de comunicación y la Teoría de Género se han convertido en elementos claves para explicar y explicarnos el mundo en que vivimos.

Así, las confluencias entre ambas teorías no se remiten a su condición de marginales para ciertos estudiosos, ni a coincidencia temporal o al azar concurrente, sino que se constituyen en dos saberes que pretenden analizar la construcción social de sentido y que se interrelacionan en los ámbitos de las erificaciones simbólicas.

La comunicación masiva se ha transformado en industria pesada (1) , en una posición que puede resultar ambigua (2), pero que se considera hoy estratégica. Se ha constituido en un espacio desde donde se construye y negocia el poder.

El género, en tanto, ha sustentado movimientos sociales, cátedras universitarias, ministerios, organismos de Naciones Unidas y se ha incorporado incluso a lo considerado “políticamente correcto.” Su emergencia coincide con la llamada crisis de los paradigmas que ha provocado un cuestionamiento profundo del sujeto y de sus referentes, por lo que se han constituido, en preocupación de las ciencias sociales, las formas y procesos a través de los cuales se produce la construcción de lo femenino y lo masculino y las relaciones entre ellos.

A través de las encrucijadas

Si coincidimos en que los medios son reproductores del pensamiento dominante en cada realidad específica, constructores del universo simbólico, y que van más allá de la utilización de determinados recursos expresivos o técnicos, para resultar esencialmente un proceso de producción compartida de significados a través de los cuales los individuos dotan de sentido sus experiencias, coincidiremos, también, en la influencia de los medios en la conformación de lo femenino y lo masculino y, a su vez, en el condicionamiento que estas visiones ejercen en la construcción, emisión, resignificación, apropiación y rechazo de los mensajes.

Vuelve a evidenciarse el nexo teórico conceptual entre la Teoría de Género y la Comunicación. Toda relación social se estructura simbólicamente y todo orden simbólico se estructura, a su vez, discursivamente. La comunicación masiva se constituye en constructor de las subjetividades que el poder hegemónico requiere para perpetuarse.

Michelle Mattelard (3) destaca que “hoy en día el debate interno del feminismo se une al debate que se desarrolla, desde hace ya algunos años, sobre la arena de la teoría crítica de los medios de comunicación. Las implicaciones de tal debate se articulan alrededor de la cuestión del poder de los medios, del poder de las imágenes, de los modelos que ellos hacen pasar…”

Aunque sé que existe cierta moda pancomunicacionista, no me afilio a ella, opino que la comunicación es un ámbito articulador entre diferentes saberes, que tratan de estudiar los comportamientos humanos y sociales. Epistemológicamente, considero que se imbrica con la Teoría de Género, porque se sostienen en los mismos paradigmas teórico-críticos y culturales y han bebido del materialismo dialéctico, la antropología, la sociología, la psicología y la lingüística en la conformación de su propio corpus.

Coinciden también en que se enmarcan dentro de los saberes que estudian el comportamiento humano y se detienen particularmente en los expresivos más que en los ejecutivos, o sea viajan a través de las construcciones de sentido y sus representaciones contextualizadas en la red de interacciones sociales, por lo que, ineludiblemente, se entrelazan de manera dialéctica.

En el plano metodológico, la comunicación que nació muy marcada por la visión funcionalista y por los métodos cuantitativos, para determinar efectividad, ha transitado a reivindicar la metodología cualitativa y, en los últimos tiempos, se aprecia una tendencia a la triangulación metodológica. Este proceso se debe a la apertura y asunsión de la dimensión cultural a la hora de abordar los procesos comunicacionales.

Los estudios de género postulan la metodología cualitativa de manera preferente, y algunas técnicas, como las historias de vidas, han sido un aporte a estas metodologías. Recordemos que una de las revolucionarias propuestas epistemológicas del género es asumir que lo vivencial forma parte de la realidad, que la objetividad es subjetividad y viceversa. Confluyen, de nuevo, ambos saberes, en este caso, en los nodos metodológicos.

En el plano empírico, los actuales estudios de género y comunicación, generalmente, no rebasan una visión funcionalista e instrumental que sirve a la denuncia y la sensibilización. Una revisión de los estudios e investigaciones, de los temas de los debates en congresos internacionales y de las publicaciones, arroja un predominio de trabajos de tipo empírico-pragmático, que no subestimo pero que resultan parciales.

Estas investigaciones de género y medios de comunicación se detienen en tres asuntos básicos: imagen, la presencia como comunicadores/as, y por último los procesos de recepción. Los estudios que más abundan son los relacionados con la imagen, sobre todo imagen de la mujer en los medios noticiosos, en la publicidad, los audiovisuales, Internet y otros soportes. Mi propia obra investigativa no escapa a esta tendencia.

Varias pudieran ser las razones del predominio de la relación mujer y medios: los womem studies iniciaron los análisis de género– incluso en determinados contextos, erróneamente, género se utiliza como sinónimo de mujer– al ser ellas los sujetos que sufrían la opresión, recurrieron a todas las herramientas que les permitieran evidenciar ante la sociedad las formas en que se legitima culturalmente la subordinación.

Desde el punto de vista de las investigaciones de comunicación, prima aún el uso instrumental de análisis de los mensajes y como la teoría de género es deudora de los pensadores de la Teoría Crítica, lo que en los medios tuvo uno de sus máximos exponentes en la Escuela de Frankfurt y la denuncia de las industrias culturales, encontraron un terreno de confluencias e identificaciones que tributaba a sus intereses.

Otra posible causa debe verse en el poder de sensibilización, que permite el proceso de deconstrucción de las imágenes mediáticas, pues resultan un referente conocido popularmente con códigos asentados en la llamada cultura de masas, a diferencia del lenguaje académico.

Los estudios de imagen han sido además de gran utilidad para la denuncia de la discriminación de las mujeres que han permitido entre otras acciones la creación de observatorios de comunicación y la instrumentación de regulaciones sobre el uso de determinados recursos expresivos peyorativos o denigrantes de las mujeres en las leyes y los códigos de ética de las empresas de comunicación.

La madurez y experiencia alcanzada en este sentido hace necesario asumir análisis sobre la imagen y presencia masculina, pues recordemos que género no es sinónimo de mujer, y abordar otros aspectos como el proceso de construcción de los mensajes, las rutinas productivas, el proceso de recepción y el complejo fenómeno de las mediaciones.

En el caso cubano, los estudios son pocos y la mayoría se han realizado en los últimos cinco años. Al igual que en el resto del mundo predominan los estudios de imagen. Precisamente, una de las recomendaciones del Plan de Acción de la República de Cuba a la Conferencia de Beijing (4), en el acápite de Medios de Comunicación, es aumentar las investigaciones en este campo.

Todo ello señala que urge sistematizar un saber teórico que permita a las y los investigadores de ambos campos relacionar estos aparatos conceptuales para lograr salir de la descripción y poder establecer relaciones, indagar en la causalidad, realizar predicciones, señalar tendencias.

Asumir la dimensión comunicacional y la de género no es sencillamente un dilema intelectual, es un imperativo en el propósito de hacer nuestro mundo menos ancho y ajeno.

 

1. Eco Humberto. Para una guerrilla semiológica. En
 http://www.nombrefalso.com.ar/materias/apuntes/html/eco_2.html

2. Martín-Barbero. Jesús. La comunicación, centro de la modernidad. Una peculiar relación en América Latina. En Telos No 34. 1996. http://www.campusred.net/telos/anteriores/num_036/index_036.html?opi_perspectivas5.html

3. Mattelard, Michelle. Mujeres, Poder, Medios; aspectos de las crisis en Mujer y Medios de Comunicación. Centro de la Mujer Peruana. Flora Tristán, 1994.

4. Editorial de la Mujer. Plan de Acción Nacional de Seguimiento a la Conferencia de Beijing. República de Cuba.1999.

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