Columna: Espiritualidad de la Cuarta República

Y allí seguimos muchos… Muchísimos más de los que decían los medios… Cientos y miles resistiendo cada mañana y cada tarde y cada noche de esos 50 históricos días… Cada uno de los que tuvimos ese privilegio teniendo detrás nuestro el apoyo y la solidaridad de cientos y de miles y de millones más que seguían también luchando desde su propio sitio y circunstancias…

por Álvaro Sierra Mayer / Desde Abajo

HISTORIAS DEL PLANTÓN (2): No pude irme de allí…

¿Sabían ustedes que hubo gente en el Campamento de Hidalgo (y supongo que pasaba lo mismo en los otros) que estaban allí porque no tenían un sitio mejor para comer??? ¡Sí! ¡Aunque usted no lo crea!… Con el paso de los días nos fuimos dando cuenta que mucha gente «se colaba», que decía ser de Hidalgo sin serlo, etc., para poder comer… Tal vez hubo algunos compañeros que pudieron hacerle el «fuchi» a la precaria comida en los campamentos, ¡y por eso conviene que les cuente, para su reflexión, que hubo allí compañeros que vivían tal pobreza que el «malcomer» de nuestros campamentos, la comida sencilla y pobre que se preparaba, resultaba para ellos un verdadero festín!… ¡Ese fenómeno era una consecuencia y un signo de la terrible desigualdad que hay en México y la que con nuestras acciones de Resistencia Civil Pacífica queremos combatir y terminar!…¿Sabían ustedes, igualmente, que hubo personas que estuvieron en nuestros Campamentos o llegaban allí a dormir, porque no tenían un sitio mejor para descansar??? ¡Sí! ¡Aunque usted no lo crea!… ¡El suelo o unos cartones o un catrecito, con todo y los chubascos y otras incomodidades, eran una mejor cama que la que en su vida de todos los días podían conseguir!… ¡No podía evitar pensar en los compañeros simpatizantes de Andrés Manuel que no se habían decidido a venir o a quedarse en los campamentos porque se les hacía imposible descansar allí, en medio de esa nocturna austeridad!… ¡Otro signo enorme de nuestras increíbles desigualdades! ¡Otro hecho de vida que debiera comprometernos aún más en esta lucha por la verdadera justicia y en esta Resistencia Civil por el tiempo que sea necesario y cueste lo que cueste!…

Viviendo tan de cerca estas realidades que me sorprendían, pensaba por las noches, en mi cama dura y «de agua», que si hubiésemos estado allí, en ese plantón, los al menos 16 millones que votamos por Andrés Manuel, nuestras demandas habrían sido atendidas y resueltas de inmediato… Como sólo éramos (calculaba) una población fluctuante entre 500,000 y 2 millones de personas, me daba cuenta de que tardaríamos un poco más en lograr el respeto a nuestros votos y a la verdadera democracia… Y si esta presencia de cientos de miles bajara –reflexionaba yo-… Si se fueran otros… Si me fuera yo… Tal vez ese Movimiento de Resistencia Civil sería aplastado y se cancelaría la posibilidad de un Nuevo México con justicia y esperanza para todos…

Por eso, compañeros y amigos, no pude irme de allí durante los días del plantón… Me resultaba «moralmente imposible»… Y decidí una de las primeras noches, mientras la lluvia amenazaba nuevamente nuestro Campamento, que allí seguiría hasta que en México, con Andrés Manuel López Obrador como Presidente Legítimo, comenzara el Proyecto Alternativo de Nación que consiguiera acabar con nuestra enorme desigualdad y que entonces hubiera comida, cama, techo y empleo digno para TODOS los mexicanos… O allí seguiría hasta que Andrés Manuel nos pidiera levantar el plantón para continuar la lucha de alguna otra manera (como de hecho sucedió)…

Y allí seguimos muchos… Muchísimos más de los que decían los medios… Cientos y miles resistiendo cada mañana y cada tarde y cada noche de esos 50 históricos días… Cada uno de los que tuvimos ese privilegio teniendo detrás nuestro el apoyo y la solidaridad de cientos y de miles y de millones más que seguían también luchando desde su propio sitio y circunstancias…

Ojalá no piensen que exagero si les digo que esos extraordinarios 50 días, con todas sus reflexiones, experiencias y frutos, han sido los mejores 50 días en 50 años de mi vida… Fue un honor escuchar todos los días a Obrador… Fue un honor compartir el zócalo todas las noches con Obrador… Fue un honor luchar todos los días al lado de Obrador… Fue un honor surgir y crecer cada segundo de esos días como «otro» verdadero López, como «otro» verdadero Obrador…

Álvaro, ciudadano de la Cuarta República

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