[OPINIÓN] Influenza y pánico electoral


. No puede perderse de vista la conveniencia política que ésta epidemia tiene para la derecha en el poder, al infundir un clima de psicosis social en vísperas de las elecciones a renovar el Congreso de la Unión, donde las encuestas más serias arrojan para el PAN y Felipe Calderón, una derrota peor a la de sus expectativas

Por Luis Alberto Rodríguez

México es el punto neurálgico de la alerta mundial por la propagación de la denominada influenza porcina, un germen de gripe proveniente de los cerdos y que ahora ha brincado para contagiar a humanos, y éstos entre sí. Hasta el momento, las muertes mexicanas que están relacionadas con este caso suman 20 de 68 probables, en sus peores estadísticas. En ellas se ha descubierto la actuación del virus, el cual se relaciona con otros alojados previamente en los cuerpos como tuberculosis o neumonía previa.

Ahora, el centro de México –Distrito Federal, Estado de México, Tlaxcala, Hidalgo, San Luis Potosí – y el estado fronterizo de Chihuahua, padecen un estado de pánico relativo, ante las alertas que el Gobierno mexicano y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han pronunciado, quienes se han llevado las principales notas de los diarios digitales con frases como “muy preocupados”; “alarma”; “pesadilla”; “emergencia”, “medidas escrupulosas”, etc. De la mano, se han suspendido notables eventos artísticos y deportivos en la Ciudad de México bajo la recomendación de “evitar en lo posible aglomeraciones o reuniones masivas” de gente. Punta de lanza de esta recomendación fue la dada por el secretario de salud del Distrito Federal, Armando Ahued, de pedir “especialmente a los jóvenes” que eviten reunirse.

Independientemente de la gravedad del caso –la cual está cubierta de especulación por la información a cuentagotas que el Gobierno Federal ha proporcionado a la población, más allá de los juicios de valor emitidos a través de los medios masivos de comunicación. Lo cual debe ser también un motivo de preocupación, pues la misma lógica operó cuando el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, adelantaba los efectos de la crisis del capitalismo en México como un “catarrito” que, al final, se ha convertido paradójicamente en una influenza mutante -, no puede perderse de vista la conveniencia política que ésta epidemia tiene para la derecha en el poder, al infundir un clima de psicosis social en vísperas de las elecciones a renovar el Congreso de la Unión, donde las encuestas más serias arrojan para el PAN y Felipe Calderón, una derrota peor a la de sus expectativas, lo que significaría la confirmación del desgobierno panista en un país sumido en la rebelión popular; el desvanecimiento de sus instituciones; el reinado imperante del narcotráfico en cada rincón del México público y privado; y la agudización de la crisis económica que afecta a los sectores sociales más vulnerables, justo a aquellos que dependen de la atención médica del sector público que proporcionará los antivirales que harán frente a la epidemia.

Paradójicamente, son de estos grupos de donde provienen los grupos políticos de izquierda que con más radicalismo han combatido al calderonismo. Y son a éstos, a quienes el Gobierno Federal apuesta a desestabilizar, profundizando la crisis moral consecuente de la económica, por vía de hacer su vida miserable, pobre, y ahora enajenada y amenazada de muerte por la gripe porcina, si es que no admiten “que nos necesitan”, diría el Ejecutivo, tal cual lo dicta la táctica fascista que en aras de preservar el poder y sus privilegios, suprime el bienestar del pueblo.

Así lo demostraron la visita del presidente de EU, Barack Hussein Obama y el reciente descaro del mandato calderonista ante el grave problema del desabasto de agua en el Distrito Federal, principal bastión territorial de la izquierda mexicana, al tratar de llevar ambos sucesos a la coyuntura electoral a favor de un PAN, éticamente derrotado y desesperado porque no ocurran más de las cotidianas manifestaciones obreras, campesinas y populares en Los Pinos, y en cualquier terreno que pise Felipe Calderón.

Nada convendría más a los intereses de la oligarquía mexicana que la OMS emitiera una cuarentena para calmar el oleaje opositor, a pesar de que en diez días posteriores a esta fecha podríamos estar saliendo de esta alerta epidemiológica que, contrario a las afirmaciones gubernamentales, evidenció lo peor de su negligencia burocrática.

Desde el 15 de abril, Francis Plummer, director epidemiológico de Canadá detecto que en México se estaba propagando el virus de la influenza porcina, lo que obligó la recomendación del gobierno canadiense al mexicano para que se tomaran cartas en el asunto. Pero nadie en el Ejecutivo mexicano lo hizo; por el contrario, Calderón aun daba de saltos por el fallido intento de legitimarse a través de su correligionario imperial, Obama.

De hecho, el virus de la gripe porcina avistó en Tlaxcala por primera vez a mediados de febrero de este año, según reportes periodísticos y el caso se tomó por aislado. Le tomó hasta este 25 de abril, reaccionar a las autoridades y decirle a la población, que, en efecto, existe riesgo latente más con un corte amarillista, llenado el reloj de arena con la cuenta de muertes, y no de enfermos y los motivos por los cuales enfermaron –lo que supondría un trato moral de la información.

Así, los efectos palpables de esta alarma epidemiológica, se conocerán una vez difuminado el trampolín mediático que la epidemia le ha resultado a Calderón y compañía, quienes, en contraste, intensificaron sus estrategias de propaganda a través de la inauguración de un hospital, donde el ilegítimo presidente llamó a la población a “trabajar para superar los problemas del país”, como antes clamaba a combatir a los “enemigos del país”.

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