Texmelucan: tragedia, culpa y responsabilidad

por Pablo Vargas González / DESDE ABAJO

Una tragedia tras otra y no hay responsables, ni siquiera una disculpa. Simplemente una evasión de responsabilidades de las autoridades que debieran cumplir con la misión de gobernar para las que fueron electas o designadas. La explosión en San Martín Texmelucan que dejo mínimo 28 muertos, 53 heridos y más de 115 viviendas destrozadas es un siniestro que no debe quedar sin responsables y sin castigo.

Hemos visto, con ocasión de los desastres naturales (tormentas, sismos) que de los efectos en la infraestructura física o social no se encuentran responsables de la caída de edificios, casas, carreteras y puentes. Pero hay siniestros en los que definitivamente se puede seguir la ruta de la acción u omisión criminal. Desde el estallido de San Juan Ixhuatepec causado por unas pipas de almacenamiento de Pemex, ilusamente se pensó que nunca más iba a ocurrir.

La explosión de “San Juanico” se produjo en la madrugada del 19 de noviembre de 1984 con una violentísima explosión. Una planta de almacenamiento y distribución de gases licuados del petróleo (GLP) propiedad de la empresa paraestatal PEMEX (Petróleos Mexicanos) sufrió una serie de deflagraciones en cadena, hasta 10 según algunas informaciones aparecidas en la prensa de la época, tras reventar un gaseoducto de sus instalaciones.

Unas 20 hectáreas de superficie resultaron afectadas por la explosión y la radiación, pereciendo en la catástrofe unas 600 personas, según fuentes oficiales, y resultando heridas otras 2.500. No obstante, hay quienes piensan que la cifra real de muertos nunca llegará a saberse, teniendo en cuenta que muchos cuerpos quedaron reducidos a cenizas y que muchos de ellos no serían reclamados.

La tragedia de San Juanico será recordada siempre por sus espeluznantes efectos sobre la población: numerosas viviendas quedaron arrasadas, familias enteras resultaron calcinadas mientras dormían, 350.000 personas, de una población de 700.000, tuvieron que ser inmediatamente evacuadas, un número indeterminado de desaparecidos… La explosión de toda la instalación de PEMEX, incluyendo 80.000 barriles de gas, dejó un cráter equivalente a 4 estadios de fútbol.

Versiones contradictorias eluden la responsabilidad de la tragedia, puesto que apuntaron a que el accidente fue debido a la explosión de un vehículo que transportaba petróleo y que se propagó a un depósito de gas; los responsables de la fábrica llegaron a afirmar incluso que la explosión se originó en una fábrica privada cercana. No se hizo nada.

El caso de San Martín Texmelucan no deja lugar a dudas. Según las investigaciones iníciales, el primer estallido se suscitó en una toma clandestina del ducto de petróleo crudo ubicada en la unidad habitacional San Damián, mientras las explosiones posteriores obedecieron a que el hidrocarburo se derramó hacia el Río Atoyac, donde halló un punto de ignición y extendió el fuego a casas, negocios y oficinas asentados a lo largo kilómetro y medio, aproximadamente.

Según los vecinos, el estallido inicial se oyó a cinco kilómetros de distancia, pero las llamaradas eran visibles desde más lejos, y el denso humo negro cubrió rápidamente la región, hasta abarcar municipios como Atlixco, Huejotzingo, San Juan Cuautlancingo, San Andrés Cholula y la capital poblana.

La información de que se habían detectado con anterioridad varias fugas de petróleo e innumerables denuncias de robos “ordeña” de ductos en esa ciudad y que no fueron atendidas por PEMEX habla de la criminal omisión de esta dependencia. Habla sobre todo de un caso más del robo y corrupción del patrimonio nacional que no es suficientemente cuidado. La responsabilidad se debe buscar y encontrar en los mandos altos de dirección de la empresa “de todos los mexicanos”, Pemex.

Es también doloroso que las autoridades hayan asistido al lugar de los hechos12 horas después. Esto también es una responsabilidad en la función pública puesto que los gobernantes fueron electos para cuidar y proteger a la sociedad. En este caso no basta de hablar de la necesidad urgente de una política de Estado sobre protección civil y también de una cultura de la denuncia ciudadana, que son necesarias.

En el caso de San Martín Texmelucan se debe de actuar en lo inmediato, llegar hasta las últimas y principales causas y responsabilidades de una tragedia que no se puede eludir por parte de las autoridades federales y locales y principalmente de PEMEX. La rendición de cuentas debe de abarcar en el castigo e imponer responsabilidad penal a los directivos encargados que simplemente no han hecho su “chamba”, y abrir toda una política de reparación de daños a la gente que hoy vive el desamparo y la infelicidad. Aquí no caben rollos ni discursos hay que pagar e indemnizar hasta lo imposible.

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