Osorio: Las mujeres que no importaron

por Tania Meza Escorza / DESDE ABAJO

En sus primeros discursos como gobernador de Hidalgo, Miguel Ángel Osorio Chong aseguraba continuamente que éste sería “el sexenio de las mujeres”. Hoy que su mandato está prácticamente concluido, comprobamos lo que inferimos desde aquel lejano 2005: El mandatario faltó a su promesa.

En el “sexenio de las mujeres”, no hubo equidad en el número de integrantes del gabinete, no hubo perspectiva de género en la mayoría de las políticas públicas y no hubo interés cupular en la transversalización de la perspectiva de género, pese al impecable trabajo que Carmen Dorantes y su equipo realizaron al frente del Instituto Hidalguense de las Mujeres.

Tampoco se sancionó a funcionarios gubernamentales que cometieron actos de violencia contra las mujeres y se promovió la imagen del estado a nivel nacional con la misoginísima campaña “Hidalgo en la piel”.

A pesar de la gravedad de todas las acciones anteriores, lo verdaderamente imperdonable fue el absoluto desinterés de Osorio y su gabinete por los asesinatos de mujeres.

Los medios de comunicación hidalguenses han reportado que en nuestro estado se cometieron al menos 70 feminicidios en los dos últimos años, de acuerdo con datos de la Procuraduría General de Justicia del estado. Entre estos asesinatos hay por lo menos 20 mujeres que han sido violadas, mutiladas, destazadas, desmembradas y decapitadas durante los pasados seis meses.

La Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia para Hidalgo (LAMVLVH) señala que la violencia feminicida es la forma extrema de violencia de género contra las mujeres, producto de la violación de sus derechos humanos, en los ámbitos público y privado, conformada por el conjunto de conductas misóginas que pueden conllevar impunidad social y del Estado y puede culminar en homicidio y otras formas de muerte violenta de mujeres.

Julia Monárrez, exhaustiva investigadora sobre el feminicidio en México, considera que dicha acción es el último eslabón de una larga cadena de violencia a la que las mujeres en todo el mundo se ven sometidas cotidianamente. Es la expresión más cruda de una sociedad machista que tolera y legitima la violencia contra las mujeres. Se basa en la desigualdad y en la discriminación hacia las mujeres. No es casual, ni un hecho aislado que las mujeres sean asesinadas por sus parejas.

En el libro “Hidalgo, la memoria contra el olvido”, editado por el Observatorio Ciudadano de Violencia Social y de Género, Bertha Miranda Rodríguez, presidenta de la Colectiva Feminista Hidalguense A. C., sostiene que: “La violencia feminicida no es imaginaria. En el estado de Hidalgo hemos sido enteradas por la prensa escrita de los casos de mujeres mutiladas, quemadas, violadas y asesinadas en el valle de Tulancingo. Las edades de estas mujeres eran de los 20 a los 40 años. En la zona de Tula esta violencia toca a las niñas (2 y 4 años de edad respectivamente) y en la capital del estado destacó el caso de las mujeres muertas en bares y hoteles, así como el caso de la pequeña de 11 años encontrada muerta en el municipio de Alfajayucan. Todos ellos son sólo algunos ejemplos de la existencia de este problema en Hidalgo, donde poco se puede hacer para castigar este tipo de violencia si no se cuenta con voluntad política y acciones reales por parte de las autoridades”.

En los meses recientes, el Congreso del Estado ha aprobado nuevas leyes al ritmo de una máquina de tortillas: Una, tras otra, tras otra. Unas muy bien elaboradas, otras claramente hechas al vapor. La mayoría de estas últimas leyes fueron iniciativas del Ejecutivo, pero ni siquiera este relajado proceso de aprobación legislativa hizo que el gobernador se animara a solicitar la tipificación de los asesinatos de mujeres.

Afortunadamente, Hidalgo no es aún una entidad feminicida al nivel del Estado de México, pero la última Encuesta Nacional sobre la Dinámicas en los Hogares del INEGI, nos ubica en el NOVENO lugar nacional de violencia contra las mujeres por parte de sus parejas, lo cual nos pone al borde del abismo.

Durante el último informe de actividades que Osorio presentó ayer, el gobernador destinó únicamente alrededor de un minuto para hablar de las acciones específicas en favor de las mujeres. Para el mandatario saliente las mujeres no fueron prioridad y las víctimas de feminicidio, de plano, ni siquiera importaron.

No. Éste no fue el sexenio de las mujeres. De hecho, estuvo lejos de serlo y el siguiente no promete estar mejor.

taniamezcor@hotmail.com

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