Debe Iglesia abrirse a nuevas consideraciones evangélicas a favor de la diversidad sexual

Así como la iglesia católica ha tenido que reducir –aunque mínimamente- su misoginia, deberá hacer lo mismo con la homofobia y abrirse a una nueva y evangélica consideración de la diversidad sexual, reflexionó el sacerdote católico Raúl Lugo.

Por Alejandro Ávila Huerta / DESDE ABAJO

Raúl Lugo Rodríguez

Pachuca, Hidalgo (DESDE ABAJO).- “Moral cristiana es asumir la desventaja de los otros como propia y estar dispuesto a cambiarla. ¿Será acaso difícil comenzar a filtrar ese criterio a nuestras consideraciones sobre homosexualidad?”; acerca de esta cuestión reflexionó Raúl Lugo para afirmar una posibilidad de apoyo a la diversidad sexual por parte de la iglesia, pero sólo cuando ésta tenga la capacidad de confrontarse con la mutación de conciencia social que se desarrolla sobre dicha realidad, la enfrente con nuevas respuestas y le ofrezca una nueva aproximación teológica.

En su participación en la X Semana Cultural de la Diversidad Sexual, con la conferencia magistral “¿Es posible conciliar la diversidad sexual con la moralidad cristiana?”, el sacerdote católico denunció la imposición de un equivocado enfoque prohibitivo de este concepto, basado en normas para la fiscalización del comportamiento a través de la culpa y el establecimiento de obstáculos a la felicidad, la libertad, la integración y la autorrealización, lo que impide cualquier compatibilidad entre homosexualidad y religión.

También lamentó la observancia de la doctrina de la ley natural como fundamento de la iglesia, que sostiene la unión heterosexual como la única lícita por su contribución con la conservación de la especie y la estabilidad de la familia, lo que ha dado a la homosexualidad su calificativo de comportamiento intrínsecamente malo y degeneración cultural, y ha fomentado la percepción de las personas homosexuales como heterosexuales echados a perder a quienes hay que reparar.

Para determinar la opinión que sobre la sexualidad tenía Jesús –figura central de las religiones cristianas-, Lugo analizó los tres pasajes conocidos de su vida en los que habla del tema (en discursos sobre el divorcio, los eunucos y el adulterio), y así dejó claros los intereses de éste al respecto: no el ejercicio de la sexualidad en sí mismo, sino las relaciones que se crean a partir de ella, la defensa y reparación de desigualdades de quienes se mantienen en situación de desventaja social por esta razón, y el rechazo a la manipulación de la religión para esclavizar.

“En el conjunto del mensaje evangélico queda claro que si existe alguna buena noticia en la predicación de Jesús es que Dios nos ama a todos y todas sin distinción. Ningún estilo de vida parece ser un obstáculo para realizar en nuestra vida ese ideal. No es la orientación sexual el criterio por el que se juzgará a la persona, según Jesús, sino su capacidad para ponerse al servicio de los demás, especialmente de los más necesitados. Toda relación sexual, sin distinción de orientación, para ser calificada de eclesial, tiene que estar referida al marco del amor y la responsabilidad. Así no creo que haya ningún argumento cristiano que pueda ponerse en contra.”.

Concluyó reiterando que, así como la iglesia católica ha tenido que reducir –aunque mínimamente- su misoginia, deberá hacer lo mismo con la homofobia y abrirse a una nueva y evangélica consideración de la diversidad sexual; se mostró confiado de su reconstrucción como una casa de verdadera hermandad, desnuda de poder, reflejo de la compasión de Dios, a partir del desmantelamiento de la iglesia del dinero, el encubrimiento y la discriminación, a través del evangelio y la autocrítica.

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