Marcha ciudadana: esperanzas, silencio y cerrazón

por Pablo Vargas González / DESDE ABAJO

La Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad del domingo 8 de mayo generó amplias expectativas en la sociedad mexicana, los alcances son esperanzadores puesto que ha sido una manifestación sin que haya “acarreados” ni con el clientelismo que solemos ver en los actos políticos, fue una convocatoria ciudadana, pero las respuestas que han dado las autoridades son patéticas y muestran la desatención al clamor popular.

Llamó la atención que la marcha haya sido masiva, sobre todo en la ciudad de México, en que la caravana salió de Cuernavaca desde el viernes pasado y llegó a la los campus de la UNAM donde los recibió la orquesta filarmónica, siendo la principal obra musical que tocaron el Réquiem de Mozart. El domingo salieron de CU 400 personas en el trayecto fue creciendo hasta engrosar un amplio contingente donde se fueron sumando un público abigarrado de población, niños, mujeres, adultos, jóvenes, de diferente origen social, educación y ocupación, eso es la sociedad civil en la calle.

Durante el trayecto se manifestaron las diversas expresiones, carteles, mantas, y banderas elaboradas con las más disimiles imágenes y colores. Todos cabían. Llegaron a la plaza del zócalo capitalino más de 120 mil personas. Por una sola demanda: ¡Ya basta de sangre¡ y el reclamo de un cese de políticas de sangre y muerte.

Salieron a la calle en decenas de ciudades del país y del mundo. En Pachuca y otras localidades de Hidalgo también, no fue la cantidad de gente, que fácilmente se puede descalificar. Lo que es de reconocer es la convocatoria y sus demandas que tomaron cuerpo y alma.

El elemento esperanzador es que una multitud puede convertirse en un actor social. De que está consciente del deterioro de las condiciones de seguridad y que puede intervenir en llamar la atención a las autoridades para poner un freno a la irracionalidad.

La multitud no solo gritó, lloró el miedo y enlistó los agravios. También se dispone a a dar seguimiento a sus reclamos. Se puede rescatar la propuesta que el escritor Javier Sicilia hizo en el zócalo, no solo pedir la cabeza de los principales jefes de la seguridad en México sino también la formulación de un Pacto Social para detener la violencia y la política gubernamental para combatirla.

Entre sus principales ejes destaca la exigencia de cambiar la estrategia de guerra establecida en nombre de la seguridad pública; poner fin a la impunidad y ofrecer justicia a las víctimas de esta guerra; combatir la corrupción en las instituciones; enfrentar de raíz al crimen organizado, minando especialmente sus capacidades financieras; ofrecer alternativas culturales y laborales a los jóvenes, así como perfeccionar la democracia, ampliando la participación ciudadana.

El documento leído durante el mitin con el que concluyó la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad consta de seis puntos, cada uno de los cuales contiene acciones específicas. En el pacto se demanda, en primer término, verdad y justicia para los familiares de las víctimas, para lo cual se deben esclarecer los asesinatos, desapariciones, secuestros, las fosas clandestinas, la trata de personas y el conjunto de delitos que han agraviado a la sociedad.

Restructurar las instituciones de procuración y administración de justicia, incluyendo las redes de complicidad y omisión de autoridades.

Otra exigencia contenida en el pacto es poner fin a la visión militarista con que el gobierno federal ha enfrentado al crimen organizado, asumiendo una nueva estrategia de seguridad ciudadana, con un enfoque de defensa de los derechos humanos, “que evite la participación del Ejército en tareas de seguridad pública, al tiempo que “avance un modelo de seguridad alternativo que recupere experiencias comunitarias y de participación ciudadana”.

Mientras el pacto plantea el perfeccionamiento de la democracia en el país, ampliando los cauces participativos y mejorando la democracia representativa, el gobierno federal ha dado respuestas insuficientes, insensibles e impopulares, quieren mantener a toda costa una línea que la sociedad ya les puso freno. Es hora de buscar nuevas salidas a esta crisis nacional.t

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