Mitos sobre el aborto

Como una de las consecuencia del debate público por las acciones de inconstitucionalidad de las reformas que garantizan la vida desde el inicio de la “concepción” de las Constituciones de Baja California y San Luis Potosí que la Suprema Corte de Justicia de la Nación, SCJN, finalmente desestimó a fines del mes pasado, el semanario católico “Desde la fé”, publicado el pasado domingo 9 de octubre, estuvo dedicado al aborto.

Es obvio decir que, aunque este tema se puede enfocar desde diversos ángulos, la opinión de la de la jerarquía católica prohíbe moralmente el aborto apelando al criterio de santidad de la vida humana y de los derechos absolutos del embrión desde el “momento de la concepción”, es decir, por encima de cualquier otro derecho, independientemente de que el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sostenga que no existen derechos absolutos. Claro que una cosa es la religión y otra la jurisprudencia, o al menos así debe de ser.

Utilizando una serie de argumentos mitos, carentes de sustento científico, la iglesia desinforma y engaña a las personas para convencerlas de que no deben existir leyes ni servicios que permitan a las mujeres interrumpir sus embarazos, si es que así lo deciden, ya que no existe ni debe existir, según su opinión, el derecho a decidir sobre sus cuerpos. Estas distorsiones de la ciencia y buenas prácticas de salud tienen un efecto perjudicial para la salud, los derechos y la vida de las mujeres, ya que por desgracia, estos mitos han empezado a arraigarse en algunos círculos.

Dentro de estos mitos se encuentran los que consideran como consecuencia del aborto, en particular, el cáncer de seno y el del Síndrome post aborto. Según su información como consecuencia del aborto se incrementa el riesgo de padecer cáncer de seno entre 110{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} y 150{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd}.

Muchos estudios con sólidos diseños de investigación realizados a nivel mundial con millares de mujeres, concluyeron de manera unánime que las mujeres que han tenido un aborto, ya sea espontáneo o inducido, no corren mayor riesgo de desarrollar cáncer de mama. Estas conclusiones son apoyadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS 2000) y por el Colegio Real de Obstetras y Ginecólogos (RCOG 2004).

Por otro lado, no existe evidencia científica para corroborar la idea de que las mujeres que tienen abortos sufren el supuesto “síndrome postaborto” (depresión, profunda pena, ira, vergüenza, drogadicción, disfunción sexual, trastornos alimentarios y pensamientos suicidas). Los estudios han revelado que el principal factor que permite predecir el bienestar de una mujer luego de un aborto es su propio nivel de bienestar antes de quedar embarazada. Debido a la falta de evidencia científica, la Asociación Psiquiátrica Americana no reconoce al “síndrome postaborto” como un diagnóstico legítimo de salud mental (APA 2002).

Lo que si es necesario reconocer es que la mayoría de las consecuencias físicas mencionadas en el semanario “Desde la fé” tienen que ver con el aborto practicado en condiciones de inseguras, ya que cuando las mujeres tienen acceso a servicios de aborto seguro, legal y a precios asequibles, se reducen drásticamente las tasas de muertes y lesiones maternas atribuibles al aborto inseguro, de allí la importancia de su despenalización.
Sé que es mucho pedir que la información que la iglesia proporciona sobre el aborto sea con base científica, ya que estoy consciente que el sustento de sus opiniones son dogmas de fé, es decir, basta con creer. Lo que sí podría hacer, con todo respeto, es guardar el octavo mandamiento: no decir falsos testimonios ni mentir.

Algo que no es mito ni mentira es que la mujer que decide interrumpir su embarazo lo va a hacer con ley o sin ley; la diferencia estriba en que si el aborto está penado, va en riesgo su salud, su vida y su libertad.

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