Juventud, divino tesoro

por Luis Frías

Cada que pienso en la juventud, así, en abstracto, no puedo menos que recordar cómo la describía un amigo: esa enfermedad que se quita con los años.

Desde el episodio de Peña Nieto en la Universidad Iberoamericana, como que la vida pública del país ha puesto su atención en los jóvenes. Cómo no. Es un botín absolutamente apetecible para los políticos en campaña. Ahora resulta que todos los políticos siempre han pensado en un los jóvenes, y se preocupan por su futuro. En tiempo de campaña todos mienten —aún más. “El sordo hace como que oye, y el ciego, como que ve”, escribía Soledad Loaeza hace unos días.

Lo bueno de este furor juvenil, en todo caso, es que puede ser la oportunidad para poner los problemas de la juventud mexicana, en la agenda pública. De toda esta bruma, destaco cuatro rasgos salientes:

1. Las declaraciones del presidente del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, descalificando a los estudiantes de la Ibero que reventaron la presentación de su candidato. Les dijo que eran “un puñado de jóvenes que no representan a la comunidad”, además de que habló del evento como un “ambiente de envenenamiento de algunos jóvenes”. Asimismo, el propio Peña Nieto los tachó de “infiltrados”. Me llama la atención el parecido con estas palabras: “Sin bandera programática y con gran pobreza ideológica, por medio del desorden, la violencia, el rencor, el uso de símbolos alarmantes y la prédica de un voluntarismo aventurero, se trató de desquiciar a nuestra sociedad”. Es parte del discurso que dirigió Gustavo Díaz Ordaz,sobre el movimiento estudiantil mexicano de 1968.

2. La discriminación contra los jóvenes y sus derechos. Aunque los datos sobre el aumento de los llamados ninis son ya conocidos, prevalece la idea de que los jóvenes, esas flechas de energía con todo un futuro por delante, no requieren ninguna atención particular, como los niños, las personas con discapacidad o adultas mayores. Pero la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (ENADIS) 2010 revela datos interesantes. Entre sus resultados, dos llaman la atención: que a los jóvenes se les siguen violando sus derechos, por su manera de vestir, y que la mayoría de la población piensa que esos ninis en realidad “no quieren” trabajar ni estudiar. No se le toma pues muy en serio a la juventud. En todos estos días que políticos y comentaristas han hablado tanto del movimiento #YoSoy132, ¿en realidad qué estarán pensando? A juzgar por la ENADIS, creo que, en cuanto terminan de hablar, piensan “pinches chavos locos”. Es gran parte del problema.

3. El derecho a la libertad de expresión. Al movimiento de los estudiantes mexicanos, le imprime gran atractivo que se les equipare con la primavera árabe, los indignados de España y el occupy Wall Street. Parececonferirle un rasgo de globalidad. Lamentablemente no es así. Aquí estamos todavía muy en ciernes. De hecho, apenas estamos enterándonos que los jóvenes tienen el salvoconducto para expresarse. En México, se piensa por lo común que este derecho le pertenece de forma especial a los comunicadores —máxime en los tiempos que corren tan violentos. O bien, en el mejor de los casos, se cree que este derecho lo puede ejercer la gente, sí, pero solo saliendo a las calles a manifestarse y sanseacabó. Pues bien, llama la atención que el actual movimiento busque revertir esa tendencia, pidiendo que los medios también sean ocupados por los ciudadanos, en este caso por los ciudadanos jóvenes. Así quedó demostrado en el noticiario donde un beligerante Carlos Loret de Mola enfrentó a los estudiantes de la Ibero, pero
éstos le respondieron con palabras fuertes, bien dichas. Y esto me lleva al último punto:

4. Qué tipo de prensa queremos. La mexicana es una prensa camaleónica y, las más de las veces, gobiernista. El problema no es eso, sino que, además, es hipócrita. En general, existen dos modelos de prensa. Una, más europea, y abiertamente declarada ideológica, de modo que no escandaliza su parcialidad. Otra, anglosajona, que busca ser más objetiva, de suerte que divide con claridad las secciones de noticias y opinión. El problema de la mexicana es que, aun cuando dice clasificarse entre este último tipo, en realidad se sitúa a conveniencia, de acuerdo con el devenir político. Y creo que la claridad de la prensa es una exigencia muy importante del actual movimiento.

Ojalá que estas expresiones en realidad las tomemos en serio. Que no pensemos “pinches chavos locos”, o “ya se les quitará con los años”, como sostenía aquel amigo mío.

Comments

Comentarios

You may also like