La mató ante sus hijos: la autoridad pudo evitarlo, pero no quiso

Luego de asesinar a su esposa y al hermano de ella, frente a sus tres hijos menores, un hombre estuvo huyendo de la justicia durante casi cinco años, hasta que la Procuraduría General de Justicia del Estado de Hidalgo (PGJEH) finalmente dio con su paradero la semana pasada.

La historia de este feminicidio ocurrido en Hidalgo, México, en 2014, el cual estuvo plagado de violencia institucional, fue documentada por la periodista Constanza Terranova en el portal argentino “La trenza”, del cual se extrae la reconstrucción de hechos, pero aquí se omitirá la identidad de todas las personas involucradas.

La relación entre el feminicida y la víctima comenzó cuando ella estudiaba la secundaria y él tenía 30 años. Desde entonces, él la amenazaba con matar a sus padres si ella les contaba del “noviazgo”. Su familia se enteró cuando ella se fue a vivir con él al sureste mexicano. Ahí nacieron sus tres hijos.

En 2013, cuando la pareja regresó a vivir a Hidalgo, la mamá de ella se fue dando cuenta de que en la relación de su hija había violencia física extrema, aunque al inicio ella justificaba las marcas y moretones, las agresiones comenzaron a ocurrir frente a toda la familia. Ya no sólo eran golpes, sino amenazas de muerte con armas de fuego a las que él tenía acceso por su trabajo.


La secuestró junto con sus tres hijos. Durante varios días, la tortura física y sexual escaló a niveles casi psicóticos. Sus tres hijos presenciaron todo.

Sus familiares lograron convencerla de que denunciara. El agente del Ministerio Público (MP) que inició su investigación fue negligente desde el inicio. Primero, tardó casi medio año desde que ella hizo el primer pedido de investigación, hasta que él fue notificado y aprehendido por dos días, pero pagó una fianza y quedó en libertad. El MP omitió entregarles la orden de restricción, y no aseguró la efectividad de las medidas de protección.

Así pues, él irrumpió en la casa de ella, la violó y la torturó severamente. No obstante, el Ministerio Público de aquella región sólo aceptó levantar el acta por “violencia familiar”. Por este cargo, ni siquiera ameritó detención, así que el hoy feminicida volvió a la casa de ella y la secuestró junto con sus tres hijos. Durante varios días, la tortura física y sexual escaló a niveles casi psicóticos. Sus tres hijos presenciaron todo.

La mujer y los tres niños debieron atravesar algunos cerros y pedir “aventón” en una carretera para poder regresar con su familia. Nuevamente fueron a denunciar todos los hechos, pero el MP de su municipio sólo quiso añadir el cargo de “violación”.


Debieron atravesar algunos cerros y pedir “aventón” en una carretera para poder regresar con su familia.

Desesperada, ella buscó ayuda directamente en la capital del estado y logró ingresar junto con sus tres hijos al refugio para mujeres violentadas, con un diagnóstico de padecimiento de violencia extrema, depresión, estrés postraumático y ansiedad.

Durante el tiempo que ella estuvo en el refugio, el Juez que llevaba su caso la citó a comparecer para poder reaprender a su esposo, ya que deseaba proteger la presunción de inocencia del hoy feminicida. Como ella no podía salir del refugio, no fue a declarar y las autoridades decidieron no girar la orden de reaprehensión.

En el refugio, ella vivió una nueva etapa de violencia institucional. Aunque las versiones sobre lo que ocurrió ahí dentro son encontradas, la realidad es que ella fue expulsada del refugio junto con sus hijos, y por ello, tres años después de su feminicidio, la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Hidalgo emitió recomendaciones contra la Procuraduría del Estado y contra el Tribunal Superior de Justicia por no emitir las medidas de protección para la víctima y contra la Secretaría de Salud por no canalizarla a un nuevo refugio cuando la sacaron.

Una semana después de la expulsión, en agosto de 2014, Ella y los niños estaban escondidos en una casa prestada, y cuando estaban a punto de huir hacia otro estado, el feminicida les encontró. Irrumpió en la casa, la asesinó a ella y al hermano de ella. Algunas vecinas y vecinos acudieron a ayudar, pero el hombre los amenazó también con sus armas. Ella murió camino al hospital, su hermano falleció en el acto y el feminicida huyó. Nuevamente, los tres niños vieron todo.


Los tres menores no han podido recibir terapia porque en el Centro de Salud de su municipio “no hay lugar”.

Casi cinco años después, los niños viven con su abuela y tías, sin que la familia haya podido arreglar la custodia legal, los tres menores no han podido recibir terapia porque en el Centro de Salud de su municipio “no hay lugar”, ni tampoco han podido acceder a la pensión que les corresponde por el asesinato de su madre.

Aunque la orden de reaprehensión contra él, se dictó a la semana de haber cometido los asesinatos, los contactos laborales del feminicida dificultaron la investigación durante estos cinco años, pero finalmente, y luego de seguirle la pista por diversos estados de la República Mexicana, e incluso en el extranjero, el 28 de marzo de 2019, la Procuraduría General de Justicia del estado de Hidalgo, con el apoyo de su homóloga de Yucatán, consiguió detenerlo, trasladarlo a Hidalgo, presentarlo ante el Juez Penal y que le fuera dictado auto de formal prisión por el delito de feminicidio y homicidio.

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