Impuesto rosa: el precio que se paga por ser mujer

¿Igualdad de género? Principio que establece que hombres y mujeres son iguales ante la ley, tema que, a pesar de encontrarse en boca de todos, también pareciera ser sólo una tendencia, pues siendo objetivos, se debe aceptar que hay aspectos que presentan irregularidades.

Tal es el caso del Pink Tax, el impuesto rosa del que pocos hablan.

El Pink Tax, es un concepto para muchos totalmente desconocido, pero forma parte de la realidad en la que vivimos, pues, aunque ya bastante se sabe que las mujeres suelen ganar menos que los hombres por el mismo trabajo en muchos casos, resulta increíble que, además, ser mujer implica pagar un impuesto injusto a la hora de adquirir productos que en su color o características lleven implícito que serán utilizados por el sexo femenino.

Este impuesto rosa obliga a las consumidoras a pagar hasta un siete por ciento más por los artículos diseñados en versión femenina, aun cuando su función pudiera ser igual a los de versión masculina. Este gasto adicional se cubre desde el nacimiento, ya que los padres que esperan en su hogar a una niña y que compran artículos rosas como biberones, cunas, ropa y demás, ven reflejado este impuesto en su economía.

Diferentes estudios sobre el tema han puesto al descubierto cifras realmente alarmantes. Por ejemplo, en la etapa de la niñez, un juego de bloques de construcción con el mismo número de piezas, es 80% más caro si es de princesas (para niño 550 y para niña $1,000). Y qué se puede decir de los artículos de higiene personal para las mujeres. En estos es más que evidente, pues productos como cremas, rastrillos, desodorantes y perfumes, sólo por mencionar algunos, podrían rebasar incluso un 30% en el incremento de precio para los consumidores de un género y otro.

Mucho se ha estudiado sobre el tema en diferentes países, pero ¿qué hay de aquellos productos que son exclusivos para las mujeres y que no pueden ser comparados con alguno similar? Es evidente que el establecimiento de precios en estos es totalmente libre, ya que son productos de uso necesario, que irremediablemente deben ser adquiridos por el sexo femenino. ¿No es acaso esta una forma de discriminación para las mujeres?

Desafortunadamente en México no se cuenta con un organismo que pueda defender las garantías de las mujeres en materia de consumo y es claro que los hábitos de compras no pueden ser modificados de un día para otro. Pero quizá valdría la pena preguntarnos: ¿qué harían las industrias si las mujeres dejaran de comprar? Si tomamos en cuenta que 8 de cada 10 decisiones compra, son tomadas por las mujeres, realmente el impacto económico sería considerable, pero quizá de esta manera se haría conciencia y se aceptaría que la economía de un país estaría en manos del género femenino.

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