#KnotFest 2019: El Metal vive, la escena ha muerto

El reloj social de lo que significa ser “metalero” en México presentó una brutal caída libre hacia el pasado. Todos los demonios de nuestra contracultura se reunieron nuevamente en el enésimo momento de ignominia de la escena: el KnotFest 2019

Este sábado mientras entraba el último mes de la segunda década del siglo XXI, en los albores de la tercera y de una sociedad de pensamiento alternativo supuestamente más despierta y transgresora, y en pleno escape del underground de muchos movimientos alternativos, el reloj social de lo que significa ser “metalero” en México, presentó una brutal caída libre hacia el pasado… todos los demonios de nuestra contracultura, se vieron reunidos en un solo momento, un solo suceso de ignominia: el KnotFest 2019.

Al compás de las llamas en las que se consumía el equipo de Will Hunt, baterista de Evanescence, ardían también las esperanzas, los progresos, las luchas independientes de bandas y genuinas promotoras; y resurgían los prejuicios, los estereotipos, y la macabra faz del arquetipo del metalhead que nos negamos a ver de frente, pero que esconde en su interior el fundamentalismo, el salvajismo, la doble moral, y todos los argumentos que le hemos dado al statu quo para que nadie, absolutamente nadie fuera de nuestra escena, nos tome en serio.

Hace 5 años, cuando escribí por primera vez de la coyuntura del Metal como industria y como escena en México, buscaba todos los argumentos posibles para defender lo indefendible… con cierta inocencia, encontré argumentos en conspiraciones gubernamentales, elitismos corporativistas y, por supuesto, nuestro chivo expiatorio favorito, los prejuicios sistémicos a la música, para tratar de justificar los “bloqueos” hacia la consolidación mainstream de la escena del Heavy Metal en México… hoy, un lustro después, no hay a nadie a quien culpar: hoy no hay argumentos para justificar nuestro autosabotaje… no, ni siquiera la más que probada incapacidad y estupidez de Javier Castañeda y su ahora infame y despreciable empresa Live Talent, son suficientes para justificar que, simple y sencillamente estamos podridos como escena…

Hemos caído víctimas de nuestra propia doble moral e hipocresía, de nuestra intolerancia  y falta de sentido de colectividad, y del fundamentalismo y canibalismo más descarado y asqueroso que ha rodeado desde siempre el ser un fan del Metal … en 2014 hablábamos de “la oportunidad perdida” de un festival enorme que hiciera que las grandes empresas promotoras voltearan a ver a un público potencial y un mercado sin atender… hoy, cinco años después, y contra todos los pronósticos, con al menos media docena de grandes festivales de Metal aconteciendo por año con cierto nivel de éxito, no solo la inmensurable ineptitud de Live Talent sigue viva (a pesar de acumular fracaso tras fracaso), sino, peor aún, la escena Metalera está, por increíble y paradójico que parezca, cada vez más grande… pero cada vez más sumida en la vergüenza:

A pesar de que la industria de los conciertos de Metal sea vuelto una tendencia y un negocio redituable para las empresas, a pesar de que cada vez más bandas internacionales del género voltean a ver a México, nosotros, los de a pie, los que nos identificamos con el Heavy Metal como un estilo de vida, seguimos siendo ese ser rabioso, reprimido, víctima de la anomia social, que huye de la corriente principal para llegar a la música extrema… seguimos siendo esos seres traumados e intolerantes, incapaces de ser empáticos y que queremos encontrar quién pague por la vida que nos ha golpeado y encasillado… seguimos siendo ese hipócrita conservador disfrazado de revolucionario que ataca y critica a otros géneros, pero también a sus pares, que menosprecia sus bandas y escena local, y es incapaz de proteger los progresos hechos por cumplir nuestros sueños mundanos de tener cerca a los ídolos que construyen la banda sonora de nuestras miserables vidas rutinarias…

Y el enésimo punto bajo, llegó por enésima vez, en el enésimo desastre de Live Talent… y esta vez, la escena Metalera en México se suicidó:

Foto: elclubdelrock.com
Foto: elclubdelrock.com

Se murió mientras nuestro egoísmo nos hizo ver fácil romper una valla de seguridad para acceder a donde no teníamos permiso ni derecho de estar, sin pensar jamás en la integridad y seguridad de otros… falleció cuando empezamos a robar los celulares y pertenencias de nuestros pares, hasta llegar al descarado asalto a personas con las que compartimos esta cofradía sonora… la asesinamos cuando el anuncio de una cancelación de dos bandas (derivada de nuestros propios actos y avivada por la incapacidad de una promotora rebasada), nos hizo creer que teníamos el derecho y autoridad de vandalizar, robar y destruir los instrumentos de un grupo; acción que llegó solo un par de días después de haber criminalizado y habernos burlado de mujeres que pintaron monumentos para visibilizar los asesinatos de sus hijas, sus madres, sus hermanas, sus amigas…

Y, como si no bastaran nuestras propias agresiones, la escena fue rematada y enterrada horas después, cuando la burda y ridícula promotora descargó su enojo y rencor, y con un malinchismo absoluto, borró de golpe y sin aviso la participación de al menos una docena de bandas nacionales.

Este tiro de gracia a la escena, lo dio Live Talent confiada en que sus acciones NO tendrán consecuencias: porque es ya normal que, “nunca pasa nada” cuando le quedas mal a una banda mexicana… “porque no venden”, “porque nadie los va a ver a ellos”, “porque son el relleno” y el metalero promedio “no cree en el metal nacional”… porque Live Talent es solo el monstruoso reflejo de incontables promotores, personajes y bares que brindan pseudo apoyo al Metal Mexicano, pero que bajo el pretexto de que “tú no eres nadie”, creen tener derecho de no pagarle a los grupos, de no promocionar si no les gusta la fecha o la banda, de no tener la mínima decencia de tener equipo en buen estado, de escupir a las espaldas de los músicos, y que creen que están salvando la escena con “abrir sus espacios y dar oportunidad”, pero que únicamente utilizan los movimientos alternativos para adornar y alimentar sus egos, y saciar su avaricia capitalista.

Comunicado de la banda Mexicana Jet Jaguar (ganandores del Wacken Metal Battle en Alemania 2017), al respecto de su eliminación sin previo aviso del Cartel del ForceFest, por parte de la promotora Live Talent

 

La escena se murió, porque al igual que lo mencionamos hace 5 años, a pesar de todo lo que pasó este fin de semana, al final, no va a pasar absolutamente nada: Live Talent solo tendrá que esperar unos meses a que llegue el Hell & Heaven 2020 para que todo mundo olvidemos su incompetencia, los bares solo tendrán que poner en promoción la cerveza para que regresemos, y el resto seguiremos menospreciando el trabajo de las bandas locales con el más férreo malinchismo …

El Metal, como música y como industria, sigue vivo: cada día más fuerte y más diverso; con nuevas generaciones haciendo música sublime, extrema y a la vez hermosa; expandiendo las barreras del género y alcanzando cada vez a más gente y más medios con gustos sonoros más diversos… pero, a la vez que la música crece, nosotros como escena nos empequeñecemos…

La escena metalera mexicana está muerta: estaba moribunda desde hace mucho, pero terminó de morir incinerada en el KnotFest 2019…  

Pero tal vez sea algo bueno: porque el Metal evoluciona, pero los metaleros seguimos igual, con nuestros mismos vicios, nuestra misma estúpida y falsa superioridad moral; incapaces de ver nuestros defectos, poniendo pretextos como «yo escucho metal y no soy así» para negarnos a ver el lamentable estado que tenemos como colectivo contracultural; intolerantes, hipócritas, egocentristas, borrando progresos comerciales y canibalizándonos entre nosotros… esta escena tal vez deba morir, para que otras personas más abiertas y que sepan realmente valorar esta música y lo que realmente significa tomarla como estilo de vida, puedan abanderarla dignamente…

Los metaleros NO merecemos el Metal…

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