¿Por qué hay que romperlo todo?


Nunca están ausentes las voces ofendidas y escandalizadas por “la violencia de las feministas” (realmente tendría que ser por «la violencia de los movimientos sociales», pero, como siempre, es en las mujeres donde más nos fijamos y ofendemos por sus comportamientos que rompen con las normas y las buenas costumbres) … sin excepción, conocemos a varias personas que se expresan desde la comodidad de sus torres de marfil y sus burbujas de privilegios que “con violencia no se logra nada”, que “el vandalismo y la violencia solo generan más violencia”, que “esas no son las formas” y que “deberían ser más civilizadas”.

Pero, ¿tienen cierto nivel de razón esas personas que piden un alto a la radicalización? … Y la respuesta – teórica, social, histórica, antropológica, moral y políticamente hablando – es un rotundo: NO, No tienen razón… ni derecho a pedir mesura.

Primero que nada, sería importante entender que NO podemos llamar vandalismo a las acciones de radicalización en la protesta social. Por mera definición teoría, el Vandalismo es el “espíritu de destrucción” o las acciones violentas que no conllevan ninguna ideología más allá que causar caos.

Las acciones “destructivas” en una protesta social son denominadas iconoclasia, y tiene una diferencia fundamental: la Iconoclasia No se desarrolla por gusto, ni por caos: conlleva un fin ideológico, un rechazo hacia las autoridades, hacia las normas establecidas, y hacia los paradigmas que han dejado de ser funcionales para el grupo social que representan…

Es decir, el vandalismo no tiene sentido ni objetivo alguno; pero la iconoclasia, conlleva una ideología y causa social. Puedes sentirte igualmente escandalizado u ofendido por sus consecuencias, pero el vandalismo busca afectarte, y la iconoclasia busca que voltees a ver algo que está mal en la sociedad.

Segundo: el más rápido “Wikipediazo” nos mostrará que prácticamente ningún movimiento y su posterior cambio social, se ha logrado sin acción en las calles, no solo en México sino en el mundo; que las revoluciones No son pacíficas y que, aunque haya quien históricamente se hizo famoso hablando de paz, es porque tenía a miles de personas detrás enfrentándose a la represión violenta para ser escuchados…

Y tercero y más importante: es fundamental entender que la radicalización de los movimientos sociales sucede no por gusto de quien los lleva a cabo: la protesta social escala simple y sencillamente porque todas las instituciones, autoridades, pero, sobre todo, todas personas que formamos parte de la sociedad, les hemos llevado a esto… es decir, la radicalización de la protesta, es culpa de todo el sistema y toda la sociedad, no del movimiento.

Perfomance feminista como protesta en 2016… ignorado por la sociedad (Foto: Blanca Guitérrez)

A todo mundo parece olvidársele, que los movimientos feministas en México comenzaron con marchas de silencio, con velas, con altares, cargando cruces… y todo mundo las ignoró… Se les olvida que después hicieron protestas, lanzaron comunicados, se hicieron performances artísticos… y todo mundo se burló de ello… Pero fue hasta que alguien lanzó brillantina a un funcionario, hasta que cayó el primer vidrio y se pintarrajeó el primer monumento, que la gente volteó a ver lo que pasaba: ahí fue que finalmente, hubo gobernantes que les recibieron, y que nuevas leyes para la vida libre de violencia comenzaron a salir del congelador legislativo…

La radicalización de un movimiento nunca es el primer paso, y nunca sucede de la noche a la mañana: toda protesta social comienza con alguien intentando ser escuchado o escuchada bajo los cánones establecidos de una sociedad, es decir, siempre jugamos bajo las reglas a la primera, y esta petición es ignorada… Pero entonces, las acciones van en aumento a medida que una injusticia o desigualdad (que la teoría nos dice que el sistema político no debería permitir), sucede, y nadie nos atiende, nadie nos resuelve, y nadie parece siquiera hacer caso de ello… Conforme no puede resolverse, intentas subir de niveles de autoridad, intentas hacer eco entre la gente y los medios… y, generalmente, el diálogo y las “formas” que tanto preocupan al resto de la sociedad, nunca funcionan.

Es entonces, hasta el final, que tienes que pegar el primer grito, que tienes que dar el primer manotazo en la mesa de negociación, porque a nadie le ha importado, porque la indiferencia solo hace más grave y más ofensivo todo aquello por lo que has pasado.

Pero esto, no solo sucede con las autoridades. Lo mismo pasa cuando buscas eco en la gente de a pie… pero estamos tan ensimismados en nuestro propio narcisismo, que es muy poca la gente capaz de solidarizarse o empatizar con una causa que no les ha golpeado personalmente.

Así que, solo hasta que no podemos llegar a tiempo al trabajo, hasta que nos sacan de la cotidianidad de tener impecables los muros y los monumentos, es que por fin, visualizamos un mundo que nos negamos a ver para no perturbar nuestra muy personal comodidad.

Baile «Vogue» como protesta contra el acoso sexual en 2019… ridiculizado en Redes Sociales (Foto: Redes)

“Es que hay otras formas” … cierto, hay muchísimas otras formas antes que la radicalización… pero nuestra posición de privilegio simplemente prefiere ignorar que las personas que han llegado al extremo, ya han abordado previamente TODAS esas “otras formas” y que nadie les hizo caso… si tú tienes la idea de que “no se debe llegar a la violencia en un movimiento social”, es porque has tenido el privilegio de no ser ignorado (y de haberlo sido, entonces no tuviste el valor de No quedarte callado).

Además, algo debemos tener muy claro: NADIE absolutamente NADIE, quiere estar en la calle protestando, bloqueando un camino, haciendo huelga, en un plantón, o gritando consignas. Nadie quiere quemar la ciudad, nadie quiere pintarrajear porque sí una pared o destruir un vidrio; nadie quiere tener que correr tras una bomba de humo para devolverla. Nadie quiere enfrentarse a una autoridad donde existe una amplia probabilidad de que te reprima con lujo de violencia… nadie quiere incomodarte, porque sí, en tu camino a casa o trabajo, ni quiere dañar la infraestructura de la ciudad… pero lo cierto, es que es el mismo egocentrismo social, el que hace que, a veces, no tengas más remedio que “olvidar las formas”, porque “las formas” simplemente dejaron de funcionar.

¿Cuántas personas realmente estarían hablando del tema si fueran solo protestas pacíficas? ¿Cuántas personas seguirían burlándose (aún más) y decidirían mirar a otro lado, si no incomodaran su egocéntrica rutina diaria? ¿Cuántas personas seguirían sintiéndose solas, y no se darían cuenta de a cuánta gente le ha fallado el sistema?

Nadie que no sea capaz de romper o cuestionar su privilegio de que “el sistema sí les ha funcionado” puede entenderlo (porque en esta realidad, el que «te hagan justicia» ya no es un derecho universal, es un privilegio de unos cuantos); nadie que ha perdido y ha sido injustamente aplastado por la realidad, podrá decir que No ha tenido ganas de quemarlo todo: porque hemos estado ahí, ahogados y ahogadas por la rabia, la frustración y el dolor, pero casi nadie hemos tenido la fuerza de levantar la voz al respecto…

A veces tienes que marchar, gritar, rayar e incendiar; a veces tienes que recordar que este país forjó su independencia y revolución con sangre y fuego, sin pedir permiso para hacerlo…

A veces, la deshumanización del sistema y sus instituciones, más la indiferencia narcisista del resto de la gente que no te apoyará a menos que les suceda lo mismo, no te deja de otra, más que luchar, protestar, romperlo todo, y hacer que los templos, palacios y torres, se derrumben con hórrido estruendo; para que sus ruinas existan diciendo: “de mil héro@s la patria aquí fue…”

(Foto: Blanca Guitérrez)

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