Todxs somos Simone Biles


En su libro “La sociedad del cansancio” («Müdigkeitsgesellschaft«) el sociólogo surcoreano Byung-Chul Han plantea que una sociedad que ha priorizado y establecido el pensamiento positivo como única forma de salir adelante (y la ausencia de dicha ideología como culpable de que “alguien no progrese en la vida”, o no salga de la pobreza o carestía), es el principal motivo por el cual las personas en la actualidad están – sin importar su edad – fundidas y agotadas… pero, lo peor de todo esto, es que el sistema capitalista cuyo motor de vida es la productividad a toda costa, ha dejado de ser quien exige cumplir con esto: ahora son las mismas personas las que se presionan para auto explotarse, a fin de cumplir con los cánones sociales de lo que es ser “alguien” en la vida: un auto engaño y falsa sensación de libre albedrío y libertad, que solo nos esclaviza cada vez más a un sistema explotador y superfluo.

Muchas personas han considerado que dicha postura “supera” los planteamientos de Michel Foucault, quien planteaba que era el propio sistema quien hacía esa labor de subyugación al mismo… Si bien es un debate actual que no vamos a resolver aquí, la cotidianidad de la posmodernidad no se cansa de demostrarnos que hay cabida perfectamente para ambas posturas teóricas de estos representantes sociológicos del siglo XX y XXI, pues, hoy en día, el sistema nos aplasta, pero también las mismas personas hemos decidido cargar, por voluntad propia, el peso del mundo para satisfacer a los y las demás…

Al inicio de esta semana, Simone Biles, una de las más grandes y ganadoras gimnastas de este siglo – y cuya historia de vida y superación al abuso para sobreponerse a éste y posteriormente hacer pedazos todos los récords y estándares de calificación en su deporte, es un modelo aspiracional para niñas, mujeres, afrodescendientes, estadounidenses, deportistas y todo mundo en general – anunciaba que se retiraba de la competencia por equipos de Tokio 2020. 24 horas después, anunciaba también su retirada del all-around individual … Todo mundo pensaba lo peor referente a lesiones deportivas o en contagios de COVID, mientras las redes se llenaron de preocupación, solidaridad y sororidad por igual… sin embargo, cuán líquidas suelen ser las ideologías posmodernas, dichos pensamientos positivos y de admiración se diluyeron y polarizaron, cuando, para miles de personas alrededor del mundo, la estadounidense se convirtió en una nueva villana al declarar que su abandono era… por salud mental.

Si bien muchas personas mantuvieron esa postura de apoyo, respeto y valoración a la salud mental, probablemente, la palabra más común que se repitió en las redes angloparlantes, fue el estigmático “quitter” … Biles está cometiendo uno de los grandes “pecados” para la opinión pública promedio en Estados Unidos: haberle “robado” un lugar a alguien que “no le tiemblen las piernas ante los desafíos”. Una frase que, en todas sus variedades, miles de estadounidenses usaban para condenar la “fragilidad de su generación” y de su otrora deportista modelo, siempre juzgando desde la comodidad de sus acusadores sillones.

No falta tampoco el conspiranoico que cree que hay algo más detrás de todo esto: cuestiones de dopaje, políticas, reptilianas, etc. … y si bien solo el tiempo nos dirá si algo de esto puede tener sentido, el punto hasta ahora y el foco de debate, ha sido que Biles, como cientos de superestrellas, como miles de deportistas, y como millones de personas atrapadas en sus rutinas y responsabilidades laborales, simple y sencillamente, está cansada y con una crisis de ansiedad… y a pesar de que tal vez todas y todos hemos estado ahí, prácticamente nadie parece darle importancia a ello.

Parece fácil atacar a Biles por “renunciar” y priorizar su paz a sus éxitos… parece fácil atacar a su generación como lo hacen los ofendidísimos Boomers y GenXs , quienes insisten en vivir enojados con la vida todos los días con un nuevo pretexto que les recuerda cuánto temen el cambio sus respectivas generaciones… pero lo cierto, es que todo mundo conoce a alguien que ha tenido un ataque de ansiedad; todo mundo conoce a alguien que ha tenido un colapso por motivos laborales, y que ha sacrificado su propia felicidad por encajar en los cánones de éxito del sistema capitalista /  neoliberalista.

La imposición del éxito y la felicidad como estigma

Desde que por allá de los años sesenta, dicho sistema fue incapaz de cumplir su promesas de paz, prosperidad, realización individual y o el mentado “American Dream” de tener un coche nuevo, vivir en los suburbios, e ir de vacaciones con tu pareja perfecta e hijos fuertes y adorables, con tal de que entregáramos poder ilimitado e hiciéramos a la élites asquerosamente ricas y omnipotentes… pero un día, el statu quo decidió dejar de responder ante su incumplimiento de contrato social, y nos dijo que era nuestra culpa que no ganáramos más; que era nuestra culpa que no fuéramos felices; que era nuestra culpa si no éramos capaces de ser mejores… porque “no le echábamos suficientes ganas”, porque “no nos poníamos la camiseta”, porque “no teníamos mentalidad de tiburón” para comernos el mundo… y ese abominable discurso se apoderó del managment capitalista en sus corporaciones y academias, y contaminó todo el pensamiento moderno a la par que éste mutaba en posmodernidad, mientras nos comenzaron a ofrecer motivación, en vez de salud, dignidad y derechos laborales… así crecieron nuestros abuelos, nuestros padres y los más viejos de nosotros; y nos hemos encargado de enviciar el pensamiento de las siguientes generaciones con la falsa idea de lo que es “el éxito”, con voracidad insaciable de obligarles a cumplir nuestro sueños rotos, nuestras frustraciones y nuestras derrotas personales…

El sistema contaminó a todas las generaciones y las convirtió en autómatas que interiorizaron ese pensamiento de productividad voraz sobre todas las cosas, con la idea de que “eres un fracaso” si tu madre y padre no son capaces de presumirle a la sociedad que su hijo o hija “es alguien” … y mientras ellos y ellas se alinearon al gran hermano focaultiano, los Millenials y Centennials, infectados de neoliberalismo normalizado, aprendieron a autovigilarse y a autocastigarse… El eterno sufrimiento de ser incapaces de encajar en los inalcanzables cánones y exigencias de la anacrónica sociedad de nuestras madres y padres, nos ha hecho pedazos la estima, la salud mental, la espalda la rodilla y las ganas de vivir:

Cada vez jóvenes de menor edad viven en angustia por no ser suficientes para el statu quo que les juzga; están muertos de terror porque no saben qué hacer con su vida y con el miedo de que el resto de ésta sea solo la repetición ad absurdum que todo su árbol genealógico normalizó y que hoy les reclama que la juventud sea incapaz de quedarse callada ante la explotación sistémica que ellos y ellas sufrieron y vivieron de rodillas… cada vez más personas más jóvenes viven con el futuro borroso, muriendo cada día en drogas legales y prescritas para sobrevivir a su trabajo, esperando que eso por fin haga que las familias y sociedad que les juzga y les rodea, le dé la más mínima aprobación; siendo felices exclusivamente a través de un pasón legal que les impide sentirse en paz, pero eso sí, no les impide ser productivos: justo esa productividad que el capitalismo nos vendió como felicidad y que dos generaciones enojadas y ofendidas de que alguien más joven se quiera atrever a no pasar por su mismo calvario y frustración… Una lucha, que – spoiler alert – perderán ante un sistema que terminará por doblegarles, y convertirles en ese relevo anacrónico que también, secretamente, disfrute de ver que sus propios hijos e hijas sean igual de infelices que ellos y ellas, que sus madres y padres, y que abuelos y abuelas.

Las grandes voces activan grandes cambios

Pero tal vez no todo está perdido y nuestro gran hermano interiorizado si tenga posibilidades de ser acallado:

De las pocas cosas positivas que el COVID ha dejado, es que cada vez más personas comenzaron a voltear a ver la salud mental (aunque no fuera por empatía, sino porque por primera vez, tuvieron que aceptar que también a la generación de concreto “le estaba pegando”). Tal vez Simone Biles terminó de patear esa puerta que permita que dejemos de mataros en vida para solo medio vivir, que nos haga por fin darnos cuenta de que nuestros trabajos No son nada más que un medio para un fin; y ese fin es autorrealizarnos como seres humanos y no partirnos la madre trabajando más de 60 horas a la semana… Tal vez estas nuevas generaciones aprendan a dejar de esperar que alguien les aprecie por lo que son y lo que les da felicidad, y no por cuánto ganan o cuál es su cargo… tal vez aprendan a mandar al diablo a esa sociedad que aún vive en sus madres y padres,  la cual, sin importar que la vida de sus hijos e hijas sea plena, satisfactoria, y con mucha paz, no dejan de decirles en cada oportunidad y con toda la mala fe, que son “un talento desperdiciado”… tal vez eso ayude a que dichos padres y madres aprendan ver que sus hijos e hijas vivirían en agonía, y se hubieran pegado un tiro hace muchos años, si hubieran seguido la vida que su obsoleto concepto de “triunfo” les exigía que llevaran…

Tal vez, el que es hasta ahora el movimiento acrobático con más dificultad, mayor riesgo y más difícil de Simone Biles, ayude a que mandemos al carajo a esas viejas mentes que siguen creyendo que sus hijos e hijas son “nada” porque no son gerentes de una gran empresa, y tal vez un día acepten la vida de sus hijos e hijas que prefieren ser felices, a tener que cumplir con sus espantosas exigencias neoliberalistas… Tal vez un día se den cuenta que el vivir en paz, dormir con la conciencia tranquila, y ayudar a construir una sociedad más abierta y menos violenta y estereotipada, es realmente el camino de una vida que valga la pena vivir todos los días, y no solo unos instantes tras 12 horas de explotación laboral que ha hecho pedazos nuestras mentes, y donde lo perdemos todo, para solo ganar dinero…

Foto: Bryan Keane (@tribryan)

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