Las TERRIBLES CONSECUENCIAS de no volver a CLASES


El presidente López Obrador ha insistido en que los niños y las niñas deben volver a las clases presenciales. De hecho, la secretaria de Educación federal, Delfina Gómez, declaró que el retorno es “inminente”. Sin embargo, ambas autoridades han aclarado que esto será voluntario. ¿Por qué, pues, insistir en el regreso a las aulas en el pico de la tercera ola de COVID? Debemos revisar lo emitido por la UNESCO y la UNICEF:

“Las pérdidas que sufrirán los niños y los jóvenes por no estar en la escuela puede que nunca se recuperen. Desde la pérdida de aprendizaje, la angustia mental, la exposición a la violencia y los abusos, hasta la falta de comidas y vacunas en la escuela o el menor desarrollo de las habilidades sociales, las consecuencias para los niños se dejarán sentir en su rendimiento académico y su compromiso social, así como en su salud física y mental”.

Correcto. Entonces las más altas instituciones globales sobre infancia y educación están alertando sobre las terribles consecuencias de no retornar a clases. Pero, no conformes, rematan:

“Los más afectados suelen ser los niños de entornos con pocos recursos, que no tienen acceso a herramientas de aprendizaje a distancia, y los más pequeños, que se encuentran en etapas de desarrollo clave”.

Es decir que, como siempre, entre los más afectados, están los pobres; en este caso, las infancias pobres.

[Puedes leer el comunicado completo aquí: La reapertura de las escuelas no puede esperar : declaración de UNICEF y UNESCO]

De modo que el argumento central del retorno a clases es la urgencia de rescatar a los niños y a las niñas de severas lesiones en su salud mental, a causa del confinamiento. No en balde, es en los hogares donde más violencia se ejerce contra las infancias. Además, las consecuencias de su evidente retraso académico como su desarrollo psico-social, podrían tener efectos devastadores, sí, para ellos y ellas, pero también para sus familias y la sociedad en conjunto.

¿Que quienes somos padres y madres tenemos miedo de que nuestros hijos e hijas se contagien de COVID en la escuela? Por supuesto. ¿Qué tampoco podemos tenerlos demasiado tiempo en casa porque debemos salir a trabajar? También. Pero, ahora, reformulemos estas preguntas sobre entornos de mayor precarización. ¿Deben permanecer las infancias confinados en contextos violentos? En muchos casos, la escuela es su único refugio ante la hostilidad del hogar. En tantos otros, la escuela les proporciona las habilidades, el conocimiento y las relaciones que no tienen en casa. Y aún más, muchos niños y niñas dependen de los alimentos que la escuela les proporciona. Esto significa que, además de angustiados, la mayoría de las infancias experimentan daños en su salud física a consecuencia de la mala alimentación.

Sobre los riesgos de contagio en la escuela, esto dice la UNICEF:

«No se puede esperar a que los casos lleguen a cero. Hay pruebas claras de que las escuelas primarias y secundarias no están entre los principales impulsores de la transmisión. Mientras tanto, el riesgo de transmisión de la COVID-19 en las escuelas es manejable con estrategias de mitigación adecuadas en la mayoría de los entornos. La decisión de abrir o cerrar las escuelas debe basarse en el análisis de riesgos y en las consideraciones epidemiológicas de las comunidades en las que están situadas».

Existe una mujer: Pamela. Debe trabajar en una oficina de Gobierno desde las nueve, hasta las tres o cuatro de la tarde. Es una madre que cría sola. Sus padres viven en una comunidad a tres horas en camión desde Pachuca. Antes de salir a su empleo, verifica un y otra vez que las llaves del gas estén cerradas. Deja vasos con agua y dos sándwiches en la mesa, y cierra con llave y seguro al salir. Dentro se quedan sus dos hijos. Uno de seis años y el mayor de diez. Debe ser así. La vida apremia; pero, al menos, era más sencilla cuando podía dejar a sus niños en la escuela.

Mira lo que dijo la directora de la UNICEF, Henrietta H. Fore, sobre el regreso a las aulas:

Quien tenga la fortuna de no pasar por esto, ya porque tiene redes de apoyo, porque trabaja desde casa, porque la escuela privada le ofrece alternativas o tiene la opción de evitar que regresen a la escuela, excelente, que celebre su privilegio. Pero, la realidad para la mayoría de las familias es distinta y es cruel.

De hecho, durante la pandemia y el confinamiento, la brecha entre quienes estudian en escuelas privadas y escuelas públicas se ha vuelto mucho mayor. El acceso a la tecnología, la ubicación geográfica y las condiciones económicas han determinado que, mientras unos, quizás a duras penas, han cumplido con su ciclo escolar, otros se empantanaron en el nivel educativo que tenían en abril de 2019, cuando se dictó el confinamiento general. De modo que, mientras que unos van a segundo de secundaria, otros se han quedado con el nivel de sexto de primaria, aun si continuaron adelante con los estudios, pues está visto que la televisión y el internet no resolvió lo que el aula les proporcionaba. Y ya ni hablar de quienes sacaron a sus hijos de los colegios. Han pasado dieciocho meses. El Estado y la sociedad, debe rescatar a esa generación.

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