ASPIRACIONISMO o el ‘Síndrome de Doña Florinda’


Interesante la discusión en redes sociales sobre el tema del «aspiracionismo» a partir de las declaraciones del presidente Andrés Manuel López Obrador. AMLO arremetió contra un sector de la clase media, al que calificó como “aspiracionistas sin escrúpulos morales”. No pocos de los que se sintieron aludidos reviraron con historias de superación personal y profesional. El debate dejó ver un intricado desacuerdo, que parece tener su raíz en el mismo concepto que le dio origen.

Hay que partir de que “aspiracionismo” o «aspiracional» no son palabras reconocidas por la RAE, por lo que no hay un acuerdo general u «oficial» sobre su significado, que está sujeto a la interpretación de los usuarios. Estamos ante un vacío a medio camino entre la semántica y la pragmalingüística.

Intentemos entonces una tipificación del aspiracionismo. Entiendo que, desde un enfoque crítico, aspiracional o aspiracionismo se ocupan para señalar acciones y actitudes de personas que viven una realidad (de clase social) y aspiran a otra (mejor acomodada en el sistema) o también que creen pertenecer a una clase social a la que realmente no pertenecen.

La crítica que subyace en el uso de la palabra aspiracionismo no radica en la aspiración en sí, sino en lo que la motiva, en los objetivos y en los medios para alcanzar dicha aspiración. El aspiracionismo está cruzado por una noción de repudio, de parte del mismo aspiracionista, por el lugar de donde desea salir: su entorno, sus compañeros, sus condiciones materiales (en forma sintética: su clase social) y su obsesión con pertenecer a otra superior a como dé lugar. Se asocia con sentimientos como la frustración y el egoísmo.

El tema del aspiracionismo termina siempre en una cuestión de clase social. El aspiracionista busca huir de su condición de clase, transferirse a una mejor colocada. La lectura crítica radica en señalar que un aspiracionista quiere dejar de ser explotado para convertirse en explotador.

No debe confundirse entonces aspiración con aspiracionismo, sería como confundir consumo con consumismo. El segundo concepto se deriva del primero, pero ya no es el mismo. Todos los seres humanos aspiramos a una vida mejor, y eso es legítimo, nada hay de malo en buscar mejores condiciones de vida, pero el aspiracionismo lo hace desde el egoísmo y el repudio a la condición propia y tendría como objetivo final la conversión de explotado a explotador.

Es común que los aspiracionistas vivan en el autoengaño o en la simulación. Suelen tratar de proyectar una pertenencia de clase a la que en realidad no pertenecen. El oficinista que vive endeudado por aferrarse a tener siempre un auto de último modelo, la maestra que tiene las tarjetas sobregiradas por comprar ropa «de marca», el joven que gastó lo de la renta de un año para viajar a Europa, la familia que vive colgada de los años pasados de abolengo. Viven de prestado, eternamente endeudados o atrapados en un mundo de apariencias. Pierre Bourdieu diría que un aspiracionista trata de emular el habitus de una clase social a la que no pertenece, con todas las consecuencias que eso trae a largo plazo.

El aspiracionismo puede ilustrarse con lo que algunos llaman el Síndrome de Doña Florinda, en honor al famoso personaje de la teleserie El Chavo del 8, un ama de casa de clase proletaria que vive rentando un pequeño departamento en una humilde vecindad, pero que desprecia profundamente a sus vecinos, compañeros de clase, y todo el tiempo sueña con ser una mujer adinerada, o peor, se engaña a sí misma pensando que realmente es una “dama de alta sociedad”, mientras le dice a su hijo Kiko que no se junte con esa “chusma”.

Desgraciadamente en México, con una herencia colonial tan brutal, con una división de clases tan abismal y una profunda desigualdad, hay amplios sectores de la llamada clase media muy clavados en el aspiracionismo, soñando con dejar de ser explotados para convertirse en explotadores.

Si como ciudadano tú aspiras a tener una mejor calidad de vida, trabajas en ello, construyes con tus pares, eres solidario con los demás y no buscas colocarte como un tirano que abusa de los demás, el aspiracionismo no es lo tuyo y la crítica no va para ti, no hay que ponerse el saco.

Lejos de buscar una sociedad más justa y equitativa, el aspiracionista busca colocarse del lado de los explotadores, y ese, al final, es el gran problema.

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