De vez en vez aparecen en Hidalgo PERSONAJES TERRIBLES


De vez en cuando aparece en Hidalgo un personaje de temer. No es que se le admire; no es que se le respete; se le teme. En la década de 1970, las épocas de la guerra sucia, el entonces procurador Alejandro Straffon Arteaga, participaba de lo que sí y de lo que no se podía hacer políticamente en el Estado. Bajo sus órdenes fueron detenidos y torturados seis integrantes de la Brigada Campesina de los Lacandones, poniéndolos a disposición del oscuro Miguel Nazar Haro, entonces director de la Dirección Federal de Seguridad. Por este motivo fue detenido y sentenciado en el año 2006 por la Fiscalía Especializada para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado. Era el sexenio del también temible Manuel Sánchez Vite.

Pocos años después emergió uno de los nombres más siniestros, no sólo de Hidalgo, sino de todo México: el también ex director de la DFS, José Antonio Zorrilla Pérez. Oriundo de Huichapan, fue detenido en 1989, mientras era candidato del PRI a diputado federal por Pachuca, por ser el autor intelectual del asesinato del periodista Manuel Buendía, a lo cual se añadieron acusaciones de vínculos con el narcotráfico. También fue secretario de Gobierno y presidente de su Partido entre 1979 y 1981. Su trayectoria delincuencial fue documentada con amplitud por Miguel Ángel Granados Chapa.

A la sombra de Zorrilla Pérez, un joven Gerardo Sosa Castelán hacia carrera en el PRI. Se apoderó mediante violencia extrema de la Federación de Estudiantes Universitarios de Hidalgo desde finales de la década de 1970 y luego de la UAEH, hasta la fecha. Se cuentan ya más de cuarenta años su dictadura en la universidad estatal. En su libro «La Sosa Nostra. Porrismo y gobierno coludidos en Hidalgo», el escritor Alfredo Rivera Flores cuenta la larga lista de crimenes cometidos por Sosa Castelán y su clan. Siempre aspiró a ser candidato de su Partido al Gobierno de Hidalgo. Pero no lo consiguió en 1999, ni en 2005. Siendo presidente estatal del PRI, persiguió a sus críticos, incluido a Rivera Flores, contra quien interpuso una demanda por daño moral. El cacique de la UAEH intentó por varios medios obtener la gubernatura hidalguense. Cuando no pudo por el tricolor, declaró que el PRI no aseguraba su triunfo por lo que emprendió sus propias campañas, siempre al amparo económico de la Universidad. Intentó sin éxito crear su propio partido; luego secuestró al extinto Partido Socialdemócrata, luego el PAN, luego Movimiento Ciudadano, y finalmente recayó en Morena. Hoy, Sosa Castelán está preso en el penal federal del Altiplano acusado de corrupción y lavado de dinero.

Al mismo tiempo que Sosa Castelán, en el escenario local figuraba José Guadarrama Márquez. Fue secretario de gobierno en el mandato de Guillermo Rossel de la Lama, luego senador de la República por el PRI. El sistema lo daba como el candidato del tricolor al gobierno de Hidalgo en las elecciones de 1999. Su enorme poder e influencia así lo confirmaba y él se conducía con tal certeza. Hasta que en pleno registro de la candidatura rompió las reglas impuestas por Jesús Murillo Karam. Esto provocó que el gobernador se decantara de último momento por Manuel Ángel Núñez Soto, un secretario obediente aunque carente de personalidad política. Eso despertó la ira de Guadarrama Márquez quien, al sentirse el elegido durante todo el sexenio, le declaró la guerra a su Partido al no ser favorecido. Fundó el Frente Democrático Hidalguense mediante el cual intentó dos veces ser gobernador, fracasando en su intento. Eso sí, logró ser Senador en el 2006 bajo las siglas del PRD, paradójicamente, el mismo partido que lo acusó de estar involucrado en el asesinato, en su oriunda Jacala, de los perredistas Gilberto Camacho López, Armando Camacho López y Ramiro Márquez Salas, según la recomendación 75/1991 emitida por la CNDH. Eran las épocas de la persecución del salinismo contra el otrora partido de izquierda. Luego de fracasar en su tercer intento por ser gobernador en 2016, Guadarrama Márquez se refugió en el gobierno perredista de Michoacán.

Está visto que, a lo largo de los tiempos contemporáneos, Hidalgo ha enfrentado a personales terribles. Poseedores en su momento de un poder que parecía inamovible, cayeron víctimas de su ambición. Es un fenómeno cíclico. Su repetición es previsible, mientras el sistema arrope a personajes que, ya por ignorancia o soberbia, imaginen que el poder les corresponde por unción. Más, una cosa han tenido y tendrán quienes arrogan semejante comportamiento: quizá por cosa del destino o por actos fallidos propios de su talante, de tal manera gozan de las mieles del sistema, su caída suele ser estrepitosa.

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