El FRACASO de ‘Va X México’ y la caída de CAROLINA VIGGIANO


El siete de junio México leerá que Morena y sus aliados ganaron las elecciones al Congreso federal y la mayoría de las gubernaturas. Así lo proyecta el diario Reforma, por ejemplo. Regeneración Nacional tiene el 43 % de las intenciones del voto, mientras que el PRI tiene 20 %, el PAN 18 % y el PRD, 3 %. Por su parte, el PVEM arroga el 3 %, el PT, 2 % y el MC, 7 %. En tanto, medios como El País y El Financiero, coinciden en que la coalición que dirige Morena ganaría ocho o nueve de las quince gubernaturas en disputa.

La contraparte a estos resultados será el fracaso de la alianza Va x México, que juntó en un solo bloque opositor al PRI, al PAN y al PRD, con la idea de que así, y sólo así, podían arrebatarle el poder al partido del presidente López Obrador. Pero los números no les dan. Es más, cada uno de estos Partidos podría perder escaños en proporción a los que hoy ocupan.

La lectura obligada será que la alianza Va X México fracasó. Y no sólo eso, sino que en el camino, estos partidos destruyeron su historia, sus principios y su ideología. De inmediato, entonces, los dedos acusatorios de sus militantes apuntarán a sus dirigencias. Estas promovieron la coalición entregándose a los deseos de la élite empresarial y en su afán, diluyeron su voto duro y segregaron a sus liderazgos, agandallándose todas las posiciones plurinominales.

La crisis será especialmente dura en el PRI. Su presidente nacional, Alejandro Moreno, repartió a familiares y amigos todas las candidaturas plurinominales ganadoras. De la misma manera lo hizo la secretaria general, la hidalguense Carolina Viggiano Austria, quién reservó para su esposo, Rubén Moreira, su hijo y sus empleados, las primeras posiciones de representación proporcional. De modo que la dirigencia tricolor no supo o de plano no quiso otorgar escaños a los liderazgos priístas. La factura de tal voracidad les llegará al día siguiente de la elección pues, pudiendo conciliar a las fuerzas de su Partido, prefirieron la arrogancia que culminará en derrota.

Las consecuencias serán cuatro; pocas pero contundentes. La primera de estás será la exigencia de renuncia a la dirigencia nacional priísta. Los liderazgos que fueron relegados demandarán a una voz que Alejandro Moreno y Carolina Viggiano abandonen de inmediato el CEN del PRI. La segunda es será que, no sin justificarse, se irán; y con su huida, perderán sus anhelos. En el caso de Moreno, su delirio de ser candidato presidencial; y en el caso de Viggiano, la posibilidad de ser candidata a la gubernatura de Hidalgo. La tercera será que el Revolucionario Institucional dejará de ser un Partido nacional y sobrevivirá a través de bastiones estatales donde es fuerte y la alianza con el PAN y el PRD, les fue impuesta desde el centro.

Así Hidalgo, donde el PRI —como Partido— proyecta ganar dos de las tres diputaciones federales que le tocaron en coalición y prácticamente todas sus candidaturas al Congreso local. Estos son resultados opuestos a los que el tricolor conseguirá a nivel federal, haciendo, precisamente, lo opuesto a lo que hizo el CEN. El Comité Directivo Estatal priísta —a cargo de Érika Rodríguez, primero, y Julio Valera, después—, reunió a los grupos, a tres exgobernadores y a la base, y a cada cual le dio su lugar, sin dedazos, sino con un análisis serio y abierto de cada propuesta. Entonces cada cual quedó satisfecho y cada cual ha cerrado filas en torno a la organización. El resultado será que, de esta elección, el PRI hidalguense saldrá fortalecido a diferencia de la tendencia nacional. Y esa será la cuarta consecuencia.

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