En política, tan importante como elegir aliados es saber quién aparece en la fotografía. Y, sobre todo, quién pretende colocarse en el centro de ella.
La senadora Simey Olvera enfrenta cuestionamientos prácticamente un día sí y otro también. Algunos provienen de adversarios, otros de decisiones propias y varios más de personajes que, en lugar de fortalecer su proyecto, terminan convirtiéndose en una carga innecesaria.
Es el caso del contratista y aspirante a la presidencia municipal de Huejutla, Jaime Redondo.
Después de dejarse ver muy cerca de la senadora durante su Segundo Informe de Actividades en Huejutla, Redondo acudió al día siguiente al encuentro celebrado en Metztitlán. Hasta ahí, nada extraordinario: cualquier ciudadano puede asistir a un acto público.
El problema fue la forma.
Su llegada no pasó inadvertida: camioneta costosa, acompañamiento de seguridad y una exhibición que contrastó incluso con la manera en que se desplaza la propia senadora. Una escena que dejó flotando una pregunta inevitable: ¿qué mensaje quiso enviar y de qué —o de quién— considera necesario protegerse?
No se trata de cuestionar su derecho a contar con seguridad ni de convertir las apariencias en acusaciones. Se trata de entender que, en política, las formas también comunican. Y cuando alguien busca representar a uno de los municipios con mayores carencias de Hidalgo, la ostentación difícilmente transmite cercanía con el pueblo.
Pero el mayor despropósito ocurrió dentro del evento.
En su afán por ocupar un lugar visible, Redondo terminó metiéndose en el grupo compacto que rodeaba a Simey Olvera, desplazando a presidentas y presidentes municipales, legisladoras, legisladores y funcionarios con representación pública. Parecía olvidar que el acto correspondía a la rendición de cuentas de la senadora, no al lanzamiento anticipado de su propia aspiración.
Eso no es liderazgo. Es ansiedad por aparecer.
La política exige oportunidad, cortesía y lectura del escenario. Quien no distingue cuándo avanzar y cuándo guardar distancia revela falta de oficio. El verdadero operador no necesita abrirse paso a codazos para salir en la fotografía; construye presencia, suma respaldos y espera el momento adecuado.
Jaime Redondo consiguió reflectores, sí, pero quizá no los que necesitaba.
Y Simey Olvera debería tomar nota: rumbo a cualquier proyecto de mayor alcance, no basta con cuidar el discurso, la gira o la concurrencia. También tendrá que revisar quiénes se le acercan, cómo se comportan y qué intereses proyectan.
Porque hay adhesiones que suman votos.
Y otras que solamente agregan cuestionamientos.


