Infancia

Estamos a semanas, tal vez días, de regresar a la “nueva normalidad”. Para los y las adultas quizá será sencillo reanudar actividades cotidianas; sin embargo, los y las niñas ¿podrán retomarlas? ¿Volverán a socializar? La especialista en psicología y psicoterapia infantil, y directora del Centro de Atención Especializada y Formación Profesional Psicología (CAEFPPSIC), María Angélica Jaime López, nos explica que es probable que al regreso los y las pequeñas se vuelvan un poco irritables, incluso exista un poco de agresividad.

“En niños pequeños que no saben que están sintiendo podría presentarse un poco de irritación y hasta conductas agresivas. Pero son procesos de adaptación. La agresividad en sí es un proceso de adaptación humana, para defenderse para limitar su espacio, para salvaguardar su intimidad; entonces en algún momento si podrán presentarse estas acciones, porque además hubo un tiempo importante de encierro, en donde hubo irritación, cambiaron mucho los ritmos y volver a esta parte de adaptación, como serán los hábitos, por ejemplo, levantarse temprano”.

“Las y los niños pueden presentarse irritables y agresivos”

Sin embargo, la especialista en piscología infantil explica que la socialización es una necesidad básica del ser humano, “por mucho tiempo nos hemos preguntado sí nacemos con ello o se va adquiriendo, en realidad pues la respuesta es de las dos, sobre todo el lenguaje oral, que es exclusivo del ser humano hace que esta interacción sea mucho más específica y recíproca, entonces el lenguaje y la comunicación son parte importante de nuestro desarrollo”.

Y al parecer a los y las niñas les urge regresar a clases, pues en sus propias palabras, quieren regresar a la escuela a jugar con sus amigos y amigas, ir al parque, jugar futbol. Los 5 niños y niñas que se entrevistaron coincidieron que ya quieren regresar a sus respectivos planteles a ver a sus compañeros y compañeras.

La comunicación es base importante de la comunicación, y aunque ahora nos comunicamos a través de medios digitalizado, Angélica Jaime explica que todo comunica “hasta el propio silencio”, por lo que los niños podrán regresar a socializar con la sociedad a esta “nueva normalidad”.

La experta agrega que “al principio no será tan fácil, por el temor de acercarse a las personas, lo cual tiene que ver con un temor de cuidar nuestra integridad física, en lo emocional, como cualquiera de nosotros que está aislado, por lo que las primeras interacciones que se den serán en algún momento más reservadas”.

“Extraño a mis familiares”

Los y las pequeñas están ansiosos de volver a salir, pues según lo que respondieron, lo que más extrañan es andar en paseando. Por ejemplo, para Valentina lo primero que quiere hacer al levantarse la cuarentena es “ir a comer taquitos”, mientras que, para Fernando Hidalgo, él extraña ir a restaurantes e ir a comer.

Por supuesto no todo es gastronómico, para ellos también es importante sus familiares. Fernando comentó que en cuanto los dejen salir quiere ir a ver a sus familiares, “pues tiene mucho que no los veo¨.

“Volver a socializar no será fácil”

Esta cuarentena hace valorar a las personas que tenía cerca todos los días y con las cuales se enojaba, “por lo que extrañamos verlo, y volver a abrazarlos, por lo que es algo muy esperado, pues es una necesidad del ser humano, y eso es lo que nos va humanizando” explica la psicóloga.

El encierro pareciera que es un regreso a las cuevas, “para protegernos de algo que está afuera, que es amenazador, pero que poco a poco tendremos que salir y cuidarnos de ello” menciona Angélica Jaime, y es algo que las y los niños saben, porque a la pregunta expresa de ¿qué piensas del coronavirus? las y los pequeños aseguraron que es algo malo.

Aislinn: Pienso malas cosas; es muy malo, no se va a ir y nunca se va a quitar.

Lev: Sí salen sin cubrebocas y sin otras cosas importantes se pueden enfermar de coronavirus, así que debemos todos los humanos quedarnos en casa.

Fernando: que es una enfermedad muy grave que nos dejó a todos en cuarentena.

Sergio: es malo, porque mata gente.

Las y los pequeños saben que el coronavirus es una enfermedad que llegó para quedarse, por lo que, en palabras de la experta, “son menos prejuicios tienen menos vicios; esto llevará a que busquen cuidarse, y esto genera grandes habilidades, y creo que nos enseñan mucho más a los adultos”. Lo cual es verdad pues todas y todos los niños pidieron a los adultos que no salgan para no contagiarse y por supuesto no contaminar, que solo compren lo necesario.

Deja que se aburran

La experta en psicología mencionó durante la entrevista que es importante que se deje que las y los pequeños se aburran “para que ellos encuentren cosas que hacer, y que no siempre estén en contacto con tanta tecnología, porque eso ensimisma al niño y eso evitará que sea empático con el otro”.

“Experimentan temor pues saben que allá afuera hay algo malo”

Cuestionando a los menores respecto a que hacen en esta cuarentena, sus respuestas fueron: que juegan, pero que les gustaría poder jugar más con sus papás, y les pidieron a los adultos hacer cosas diferentes con sus hijos; además de que ya no se enojen tanto, pues ese es uno de las cosas que ellos han observado en los adultos.

Respecto a la nueva forma de tomar clases, todos coincidieron en que les permiten tomar una computadora o ver la televisión para sus clases lo cual es divertido; pero que aun así siguen extrañando a sus amigos para jugar en el patio, incluso compartir el almuerzo.

Angélica Jaime, asegura que “educación y no solo la educación formal, sino con la educación de la paz, de medio ambiente, la que se da en casa, es fundamental para el desarrollo de las y los niños. Pero ellos nos enseñan mucho, son unos verdaderos artistas y tenemos mucho que aprender de ellos”.

Por lo que, durante esta cuarentena a los padres, madres, tutores y responsables de niños y niñas pequeñas, ellos y ellas solo les piden que jueguen más con ellos y que disfruten este tiempo, “porque cuando estamos normales, casi no veo a mi mami, solo por las noches y un ratito”, concluyó Valentina.

En la última ribera del mundo los niños se reúnen. Pasa la tempestad por el cielo solitario, zozobran los navíos en el océano sin caminos, anda la muerte, anda la muerte, y los niños juegan, entre una nube de oro.

Rabindranath Tagore

A mi hijo de dos años le gusta jugar con el “mundo terráqueo”, así le llama. Lo toma entre sus pequeñas manos y lo gira frente a él, pero también por el suelo de la casa y el patio. Se ha despegado decenas de  veces por el centro. Está raspado. Su padre, dueño del globo, se ha resignado en aras de permitirle jugar.

Localizamos algunos países, México, Alemania, España. El “mundo terráqueo” sigue girando. Después lo escondemos y lo buscamos una y otra vez, fingiendo que no sabemos dónde está, aunque lo sepamos. El juego se prologa por casi una hora y mi hijo no deja de reír.

Ese es uno de los juegos que le permiten sobrellevar el encierro, lo que ocurre afuera. Me pregunto cuántos niños y niñas tienen posibilidades ejercer su derecho al juego, hacerlo libremente, sin límite de tiempo, sin el control adulto. Seguro son pocos(as); conozco de primera mano las historias de las madres que se quejan del exceso de tareas que dejan a sus hijos(as) en las escuelas. Aun así, sospecho que niñas y niños se las ingenian para escapar a su propio mundo.

El 28 de mayo fue el Día Internacional del Juego y la Secretaría de Cultura federal ofreció el seminario en línea “Creatividad y juego como detonantes de la participación de niñas, niños y adolescentes”. Entre tantas propuestas y preguntas profundas y que no había imaginado, se me quedó en la mente algo que dijo Edaena Mata, una de las ponentes. La parafraseo: tenemos que explorar esta situación mundial, nuestra “realidad actual”, juntos, en colectivo, escuchar a las niñas y niños, ya que se han generado cientos de productos artísticos y culturales para ellos(as) desde la visión adulta, pero nadie les ha preguntado qué quieren hacer ellos(as), específicamente: a qué quieren jugar.

Edaena y los(as) demás ponentes señalaron que es de vital importancia retomar el juego, la creatividad, el arte, como una triada que permite vivir el tiempo y darle sentido a nuestra vida. Sin olvidar que la cultura, el lenguaje, permiten abordar subjetividades y que niñas, niños y personas de cualquier edad, expresen su manera de ver el mundo y cómo quieren construirlo.

Los niños y niñas son grandes maestros de juego, entre otras razones porque, a diferencia de las personas adultas, no buscan un resultado con su este. El objetivo del juego es jugar, nos recordó Micaela Gramajo, otra de las ponentes.

Me di a la tarea de preguntar entre mis conocidos(as) si alguno de sus hijos o hijas quería platicarme a qué juega durante la cuarentena, si se ha inventado algo nuevo qué hacer.  Las respuestas fueron las siguientes:

Osmara, de ocho años de edad, vive en Pachuca y juega con su hermana adolescente al “Tesoro escondido”. El tesoro es una moneda de 10 pesos que su mamá les dio. Por turnos la esconden y quien la encuentra, se la queda. Sin embargo, al final del juego, la ganadora siempre se la ofrece a la otra que, si lo desea, se la puede quedar.

Nori, de nueve años, también vive en Pachuca. Inventó un juego llamado “Los dioses”, mismo que puede durar de 10 a 30 minutos. Me contó que este juego se puede realizar en un brincolín o en cualquier otro espacio. Las reglas para jugarlo son los siguientes: 1. Se tiene que elegir un dios, como el de la naturaleza, creación, destruir mundos, etc.; cada jugador puede inventarlos. Se debe tener un dios muy fuerte y uno no muy fuerte, para que sea justo el juego, por ejemplo: uno de las bestias y uno del agua; 2. “Los dioses” sólo pueden pelear fuera de sus reinos, esto es, fuera de su área del brincolín o el lugar designado; 3. Ya que el brincolín o espacio se haya dividido en reinos, el juego comienza, todos empiezan a saltar o a empujar a sus enemigos para que se vayan cayendo.

Nori me explicó así: “Si soy dios del agua, puedo usar el hielo o la lluvia; el otro jugador puede decir ‘¡Escudo contra el agua!’ para defenderse”. Cuando sólo quedan un par de oponentes, se debe brincar mucho para que uno sea derrotado. La persona (“el dios”) que se quede sin hechizos o tirado en el brincolín, pierde. Hay una variante: los dioses pueden hacer treguas o equipos de dos o tres personas (no más) para derrotar a otro.

Este día propongo a las personas adultas que permitan a sus hijos e hijas jugar libremente y, de ser posible, que jueguen con ellos(as), que se olviden un rato del teléfono celular y esas “cosas tan importantes” que tienen que hacer. Es difícil ¿verdad? Así de condicionados estamos para no dar presencia a las niñas y niños ni a nosotros(as) mismos(as). Intentémoslo. Vamos a jugar.

Damián tiene 41 años y se desempeña como gerente comercial editorial. Debido a la contingencia, actualmente labora en casa. Aunque antes ya pasaba un 60 por ciento del tiempo trabajando desde ahí, la diferencia es que ahora pasa todo el día junto a sus hijos, de 4 y 9 años de edad, respectivamente.

Él y la madre de los niños se separaron hace tres años y medio, Damián ejerciendo la guardia y acordando llevar a los niños a visitar a su mamá regularmente. “Esta temporada ha sido un reto adicional a nuestra capacidad de llegar a acuerdos por nuestros hijos, la prioridad es su paz y seguridad en esta cuarentena”, afirma.

Este nuevo escenario lo ha desafiado también a atender las necesidades educativas de sus hijos al mismo tiempo que todas las demás. “Si bien en mi caso, yo ya cuidaba a mis hijos y trabajaba en casa, ahora además están en casa en horario escolar, y ya no tengo tiempo a solas para trabajar. Muchas veces tengo una llamada o conferencia de trabajo y estoy solo con ellos, así que he establecido una rutina de auto aprendizaje con ellos por las mañanas, que por supuesto no manejábamos antes de la cuarentena”.

Damián cuenta que dicha rutina marcha muy bien, ya que además acondicionaron la sala para hacer su salón de clases y programaron tareas escolares todas las mañanas. “En varias lecciones estoy con ellos, en otras los dejo solos trabajando mientras estoy en mi estudio. Eso me ayuda a disponer de tiempo y prestarles mucha atención al mismo tiempo. Aún tengo mucho que aprender en materia de didáctica, y la diferencia de edades entre ellos me hace difícil la tarea de educarlos paralelamente, pero ha sido una gran experiencia: homeschooling más home office simultáneo”.

Debido a la cuarentena, Damián dejó de contar con apoyo para las tareas domésticas, aunque continúa proporcionando un sueldo a la mujer que le ayudaba. “Esto me ha permitido involucrar más a mis hijos en las labores del hogar y si bien fue muy complejo y a veces aún hay fricción en este tema, noto muy claro como ellos se van habituando y ya muestran más responsabilidad respecto al cuidado de la casa y de sí mismos”, afirma.

Antes de la contingencia, en ocasiones viajaba por trabajo y además tenía en la escuela y la comunidad escolar un gran soporte que ahora los niños echan de menos. A pesar de ello, afirma que «la cuarentena ha sido una oportunidad para profundizar en el trabajo de crianza, me siento muy feliz de estar pasando este tiempo con los niños en casa, es el mejor lugar y la mejor compañía para estos tiempos extraordinarios».

Le pregunto cómo se encuentra emocionalmente en este tiempo y responde “Me siento en calma, a  cargo de la situación, apoyado por mi comunidad. Mi madre, ha sido un gran apoyo, mi pareja, que recién se mudó con nosotros (un cambio súper relevante en nuestra situación por la cuarentena), mis vecinos. Reconectado: ahora de manera virtual, con amigos en otras ciudades de México y el mundo, igualmente cuarentones(as) encuarentenados(as), con los que hemos echado un trago virtual un par de veces”.

Cuenta que también se siente más creativo. “He tenido el tiempo y la simpleza para practicar cosas que antes la falta de tiempo no me permitía (como dibujar en acuarela, tocar la armónica y el acordeón, cultivar cebollas y cempasúchiles. Ha sido una gran experiencia. Sé que quedarme en casa es una gran fortuna y procuro empatía y apoyo a quienes no paran de salir a las calles”

Hace unas semanas, su novia se mudó con él y sus hijos. «Si bien ya lo habíamos platicado muchas veces, la cuarentena adelantó todo. Ahora empezamos una nueva rutina en la que ella está apoyándome también con los niños, especialmente en ese horario escolar que mantenemos. Ese apoyo me está ayudando mucho a mejorar el balance laboral/crianza con mis niños y confío que lo vayamos haciendo mejor conforme pase el tiempo (hasta me hace pensar más es alternativas de educación en casa)». En ese tema reconoce su situación laboral afortunada, pues sus jefes en el trabajo han mostrado mucho apoyo, la prudencia de no exponer a sus empleados y la adopción del teletrabajo en todo lo posible.

«Nos han motivado incluso a tomar los días pendientes de vacaciones en ésta temporada, sin mella en mis ingresos. Pero veo a la gran mayoría de mis familiares y amigos en una situación de mayor precariedad laboral, especialmente aquellos empleados y comerciantes informales, preocupados y cuidadosos, pero en las calles trabajando por el sustento. Modificaría esa situación de precariedad desde las políticas públicas laborales, asistencia temporal durante la cuarentena a personas sin empleo formal, especialmente mayores de edad», expresa Damián.

Le pregunté si ha descubierto algo de su rol de padre en este tiempo. “He descubierto mi capacidad (y responsabilidad) para dar confianza y tranquilidad a mis hijos a través de una rutina estable y equilibrada. Tenemos un horario que procuramos mantener y nos ayuda a dar ritmo, distinguir entre días de la semana y fines de semana para estudiar. También he aprovechado para hacer manualidades y juegos con mis hijos y hacer muchas cosas que teníamos pendientes: jugar con barro, poner la alberquita inflable, hacer composta y hortalizas, hornear un quiché de jamón con queso”, comenta con entusiasmo.

Algo que también descubrió, es cómo va aflorando el crecimiento natural de sus hijos, marcado por su vivencia de la cuarentena. “Están creciendo, sé que cuando vuelvan a ver a sus compañeros de escuela estarán todos más grandes y más adultos, tras vivir la pandemia a tan corta edad; higiene y disciplina quedarán marcados por el recreo de estos tiempos. La era va dejando una impronta en sus mentes tiernas, en sus cubre bocas, bromas, dudas, dibujos y temores circula el COVID, coco de estos nuevos tiempos».

También me platica que decidió poner un filtro en casa a la información detallada de la crisis. “Ya desde antes de cuarentena, en esta casa no se ven noticiarios y menos frente a los niños, pero ahora redoblo esfuerzo con los adultos a mi alrededor para no hablar demasiado del tema frente a los niños (o no mucho, al menos) y ofrecer a mis hijos una visión filtrada, que recalque la importancia de cuidarse, de cuidar a los demás, pero sin generar alarmas adicionales”.

«¡Las niñas y niños quieren volver a la escuela!» «La cuarentena les afectará emocionalmente», «Se están aburriendo», «Se rebelan y no hacen las tareas». Estas son algunas de las expresiones que escuchamos en voz de madres, padres y hasta «especialistas en infantes», pero ¿Qué dicen las niñas y niños acerca de este tiempo de contingencia?

Entrevisté a distancia a 7 niñas y 5 niños, entre los 6 y los 13 años de edad; 9 de ellos(as) viven en Pachuca, 2 en San Agustín Tlaxiaca y 1 en Mineral de la Reforma.

Para empezar, confirmé lo que pensaba: la persona encargada de cuidarlos(as) la mayor parte del tiempo es su mamá, seguida de su papá y luego una abuela.

Respecto a cómo perciben el ánimo de su principal cuidadora o cuidador, la mitad dijo que su mamá se encuentra tranquila, sonriente, feliz, contenta o normal; 5 mencionaron verla angustiada, aburrida, nerviosa o apurada y a su padre cansado; 1 dijo que más o menos y otro que le hace más caso.

La actividad más recurrente en 11 de las niñas y niños entrevistados es mirar el teléfono celular y la televisión; la segunda actividad es jugar; la tercera, hacer tarea; la cuarta está relacionada con las actividades domésticas; la quinta, colorear o pintar; sólo 3 manifiestan hacer ejercicio físico y algunos dicen leer, hacer esculturas o repostería.

Cuando les pedí responder cómo se sienten la mayor parte del día, 7 manifestaron sentirse felices, 1 relajado, 1 angustiada por un tema personal y 3 aburridos(as).

Respecto a las causas de dicha felicidad, los(as) 7 afirmaron que se debe a estar con su familia. Otra de las cosas que más les ha gustado es descansar, estar tranquilo (2), 2 mencionan el juego (masas kinéticas, X-box, dibujar) y 1 salir de compras.

Cuando pregunté acerca de cómo vivían las emociones «negativas» que surgen en la cuarentena a causa de situaciones que no les agradan, 3 dicen que lloran, 3 gritan a solas o a la gente a su alrededor, 2 la evaden, 2 la sacan por ejemplo pegándole a una almohada, 1 hace actividades relajantes y otra dice que sólo se enoja más. Esto nos habla de la necesidad de que los(as) pequeñas cultivar su inteligencia emocional.

Respecto a las tareas escolares, 5 consideran que les dejaron mucha, 4 dicen que más o menos y 3 que les dejaron poca. 7 de ellos(as) dicen que extrañan la escuela… pero la mayoría no la extraña por las clases ¡sino por sus amistades! (8 de 12).

A la pregunta ¿Qué es lo que menos te gusta de estar en casa?, respondieron lo siguiente: «Que ya no podemos salir» (5), «Ayudarle a mamá/Hacer quehaceres» (2), «Que hace mucho calor en las habitaciones», «No saber qué hacer», «Que no hago muchas cosas», «Que todo se puso muy estricto»; el último confundió la pregunta.

Las respuestas del párrafo anterior me hacen pensar en los diversos contextos en que los niños enfrentan la pandemia. Tengo alumnos cuyas casas son muy pequeñas y pienso en lo complicado que debe ser permanecer ahí tanto tiempo. Incluso me cuestiono si las medidas establecidas por las autoridades sanitarias no fueron adultocentristas, pues las niñas y niños tienen una gran necesidad de movimiento. Por otro lado, habrá que observar qué pasa con la violencia hacia los(as) menores.

Respecto al coronavirus, 5 afirmaron sentir preocupación; 5, tranquilidad; 1 oscila entre preocupación y tranquilidad y 1 no respondió.

Como respuesta a la pregunta ¿Has aprendido algo de ti durante este tiempo?, contestaron: «Que soy flojo», «Aprendí a peinarme porque nunca lo hacía antes», «Aprendí a ayudar a mi mami», «Sí, cómo es mi cuerpo», «Que soy lista», «Que en ocasiones no se puede hacer lo que deseas, como salir, para cuidar de tu salud», «Que también nos enojamos», «Que puedo cocinar», «Que puedo estar sin salir», «Me gusta lavar los trastes», «Que en estas situaciones de no salir, me aburro mucho y me enojo», el último confundió la pregunta. Está claro, las niñas y niños no han dejado de aprender durante el confinamiento.

Por último les pregunté qué mensaje quisieran enviar a las personas adultas y respondieron principalmente que no salgan para que no se arriesguen y no contagien a los demás, respuesta que contrasta con el vergonzoso lugar que ocupa Hidalgo en cuanto a detener su movilidad. ¿Son las inconscientes las personas adultas?

También pidieron a los(as) adultos(as) que estén tranquilas, que no difundan noticias falsas y alarmantes; a los(as) profesores(as), que no dejen tanta tarea; que hay que unirnos en familia y cuidarnos, y claro ¡que no se olviden de comprar dulces, juguetes ni de hacer pasteles!

Son pocas las activistas feministas que ponen a las criaturas al centro, una de ellas es Alicia Murillo Ruiz, sevillana, música, comediante, estudiante de teología y también madre biológica y de acogida, quien señala con firmeza y elocuencia que es necesario dejar de categorizar como violencia de género la violencia infanticida.

En uno de sus post de julio del año pasado, la activista escribió: “Llamar violencia de género a un infanticidio es tan absurdo como si cada vez que mataran a una mujer dijéramos que es violencia infantil porque sus criaturas quedaron huérfanas”.

En estos días, pienso en Fátima, la pequeña cuya historia circula por cientos de medios oficiales, perfiles y páginas de Facebook. Efectivamente, no fue asesinada por su ropa, ni por salir de noche sola, ni por beber, pretextos clásicos de la sociedad mexicana para justificar los feminicidios. ¡Claro! ¡Porque era una niña y como tal, no comparte dichas características identitarias con sus congéneres adultas! Por ello, tratar dicho caso como violencia de género contribuye a negar la identidad de las niñas en favor de otras: las mujeres adultas, como ha señalado Alicia en otros casos en que se distorsiona el uso de las categorías de la violencia.

Es un señalamiento interesante para quienes consideramos que son las niñas y niños quienes deberían estar al centro y su identidad reconocida como la de cualquier ser humano completo, no como un proyecto de adulto(a).

Urgente la categoría infanticidio y reconocer en qué casos se ha sido cómplice de personas como quienes acabaron con la vida de Fátima. Esto incluye cuestionarse desde las «bromitas» de desprecio hacia niñas y niños, disfrazándolas de liberación de las mujeres o de independiencia.

Para mí, el feminismo será antiadultocenstrista o no será.