Salud

El subsecretario de prevención y promoción de la salud del Gobierno de México, Hugo López-Gatell Ramírez, se ha convertido en el hombre a seguir en estos tiempos de pandemia. Sus conferencias vespertinas sobre la actualidad del COVID 19 en México son seguidas por millones de personas y son la referencia para los medios de comunicación, personas expertas, periodistas y líderes políticos en todo el país. Por eso, lo que este funcionario tenga qué decir sobre el coronavirus, se convierte en letra marcada.

Durante su alocución de este jueves 28 de mayo, López-Gatell se refirió al programa Hoy No Circula implementado por el gobernador Omar Fayad. Esta medida se aplicó para disminuir la movilidad vehicular en el Estado, toda vez que la entidad era una de las que menos respetaban el confinamiento durante la propagación del nuevo coronavirus. En su momento, el subsecretario de salud federal lo señaló. Pero, al cabo de un mes, Hidalgo ha vuelto estar en boca del afamado funcionario, ahora, para ser elogiado por los avances logrados por el Gobierno hidalguense en la desmovilización de personas que no tienen la necesidad de circular, lo cual está ayudando a contener la pandemia.

Cuando Hidalgo empezó a instrumentar su Hoy No Circula y otras intervenciones rápidamente empezó a bajar la intensidad de transmisión.

Las estadísticas mostradas por López-Gatell, logradas por estudios de un grupo matemático del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología en conjunto con la Secretaría de Salud, indican que Hidalgo pasó del lugar treinta al PRIMER LUGAR en reducción de la movilidad en tan solo tres semanas. Esto fue gracias a la implementación el Hoy No Circula, ordenado por el gobernador Omar Fayad ni bien había pasado un día desde que el Estado resaltó como uno de los que menos respetaban el confinamiento.

“El gobierno de Hidalgo identificó que había sido mencionado, entre otros, como un estado de exceso de movilidad y literalmente 24 horas después, a través de la oficina del señor gobernador Omar Fayad y también de su secretario de Gobierno empezaron a poner rápidamente en marcha una serie de estrategias o de intervenciones que ya tenían contempladas y que algunas ya habían estado instrumentadas, una de ellas fue el Hoy No Circula”, destacó López-Gatell.

El subsecretario de salud explicó que se refirió al Estado de Hidalgo por ser un “ejemplo exitoso” de las medidas de intervención para prevenir y controlar la enfermedad. Resaltó la importancia de los programas como el Hoy No Circula pues sus efectos inciden directamente en evitar que el coronavirus se propague entre la población.

Estadística mostrada por el subsecretario López-Gatell para demostrar el éxito del Hoy No Circula en Hidalgo.

“Cuando Hidalgo empezó a instrumentar su Hoy No Circula y otras intervenciones rápidamente empezó a bajar la intensidad de transmisión”, dijo López-Gatell, por lo que estableció que el programa es “muy útil para reducir la movilidad” y calificó sus resultados como un “cambio positivo”.

Al momento, Hidalgo reporta 1, 544 casos de COVID 19; 303 sospechosos; 288 casos de pacientes recuperados y 264 defunciones de acuerdo con información del Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos de la Secretaría de Salud federal. De continuar la aplicación de medidas exitosas como el Hoy No Circula, el Estado podría observar una disminución de estas cifras, siempre y cuando la población atienda también las recomendaciones de confinamiento físico, sana distancia y uso constante de gel y jabón. Depende todos y todas.

Carolina

Mateo es el primer hijo de Carolina, el pequeño nació en 2012 en Oaxaca, el estado natal de su padre. El embarazo de Carolina fue, en sus propias palabras, fenomenal, “sólo tuve mucho sueño, mucha hambre y a veces me sentía muy emocional, de ahí en fuera no tengo nada de qué quejarme. No hubo náuseas, calambres ni dolor de nada”.

Creo que hay mucho conocimiento a nivel de instinto que las mujeres contemporáneas tenemos callado

Por ser el primer embarazo, Carolina leyó mucho y se preparó física y mentalmente. Le parecía importante tener un parto natural en la medida de lo posible, así como respetar y seguir los impulsos de su cuerpo “Yo creo que hay mucho conocimiento a nivel de instinto que en este momento las mujeres contemporáneas tenemos callado y muy pocas veces nos permitimos que este conocimiento que está ahí, aflore”.

Llegó la noche y empezaron las contracciones, mismas que evitaron que Carolina durmiera durante toda la noche. A las 7:00 a.m., cuando su pareja y su familia ya estaban despiertos, fueron a ver al médico, este confirmó que ya estaba muy dilatada, así que la envió al hospital.

El médico que Carolina menciona, trabaja con una partera extranjera, misma que no se encontraba en el estado en ese momento. Carolina, que iba de CDMX a Oaxaca prácticamente para parir, no tuvo encuentros previos con el médico, aun así, este y una acompañante se mostraron dispuestos a apoyarla de la mejor manera.

“Todo el trabajo de parto, a partir de las 7:30, 8:00 de la mañana, tuvo lugar en la habitación de sanatorio. Llegué a considerar el parto en casa pero no me aventé por ser mi primera experiencia, aunado a que, como dije, no tenía un vínculo tan fuerte con el médico y la partera de Oaxaca”.

El parto que fue mucho menos doloroso que lo que esperaba, pero también mucho más cansado. Mateo nació a las 5:00 de la tarde, es decir, fueron unas 18 horas de trabajo de parto. “Al final estaba exhausta, pero no fue para nada una cosa dramática. Cada que venía una contracción, tenía ganas de agacharme y así lo hice. El bebé bajó muy lento. En la última hora ya estaba un poco desesperada porque estaba muy cansada”.

Me sentí satisfecha de haber logrado este nacimiento como deseaba que fuera

En ese momento el médico fue clave, pues le ayudó a probar otras posiciones, tomar agua o algún alimento. Al final, su hijo nació dormido “Quizá para él también fue muy cansado. Lloró hasta que lo tomó la pediatra. Me gustó mucho que todo ocurrió en la habitación y que mi hijo no fue sacado de la misma. Eso es bonito porque cuando es tu primer hijo, no quieres quitarle los ojos ni un momento. Ahí estuvo Mateo, con unos papás muertos de cansancio, pero también muertos de amor. Yo me sentí muy satisfecha de haber logrado este nacimiento como deseaba que fuera”. El parto fue sin anestesia y Carolina no recuerda que le doliera tanto.

Un par de años después, ella y su esposo decidieron ser padres nuevamente. Nació Lucía, fue un parto algo intranquilo en el sentido de que había un niño pequeño, a quien Carolina y su pareja debían cuidar. Físicamente el embarazo también fue saludable y tranquilo.

En ese tiempo Carolina y su familia ya estaban en Pachuca. Ella acudió con Yolotl y Jazmín, de Fit and Pregnant, a clases de yoga para embarazadas, donde también conoció a Hellen, una doula. “Me ofrecieron el servicio de acompañamiento y me pareció buena idea porque sentía buena conexión con ellas, además, a diferencia de Oaxaca, yo no encontré ningún médico muy convencido de atender un parto natural, de manera más libre”.

Llegó el día. Justo a las 40 semanas, Carolina comenzó trabajo de parto las 11:00 del día aproximadamente. “Llegamos con el médico a las 3:00. De ahí nos fuimos al sanatorio, en San Pedro Huaquilpan. Comparado con el de Mateo, este fue un parto exprés. A las 5:00 de la tarde estábamos en la habitación; desafortunadamente, parte de las reglas del sanatorio es que, cuando el bebé está por salir, debes pasar a una sala de expulsión. Yolotl ayudó mucho, sus recomendaciones fueron pocas pero muy pertinentes”, afirma Carolina, recordando que, en esos momentos, una mujer se puede sentir agobiada si le bombardean con demasiados consejos.

Algo que también recuerda fue un consejo que Jazmín le dio durante la preparación para el parto: le dijo que en algunos lugares de la India, cantan durante el parto, inhalan muy profundo y sacan la voz. Piensan en abrir la boca, la garganta y la vagina. “En el pato de Lucy prácticamente todo el tiempo estuve respirando así, lo cual lo hizo todo muy bonito, muy rítmico”.

Si así [tumbadas boca arriba] suelen tener a las mujeres cuando es el parto, está horroroso

Después de dos horas, también sin medicamentos, Lucía nació. Aunque Carolina tuvo la opción del nacimiento en agua, no la tomó. “Cuando fui y vi el agua, sentí cero ganas de meterme porque ya estaba en la última parte. Sólo quería agacharme y ya”. Respecto a las posturas para parir, comenta “El médico, para hacer un monitoreo del trabajo de parto, unas cuantas veces me pidió recostarme para que me revisara. Estos momentos me parecieron insoportables. Ya me quería levantar y agachar. Pensaba que si así suelen tener a las mujeres cuando es el parto, está horroroso. Es muy incómodo, la peor posición para parir, creo yo”.  

Quiso compartir que conoció a otra partera hidalguense que le recomendó, para el momento del parto, tomar un té de una planta llamada zoapatle. Carolina le puso menor cantidad de hojas de las indicadas y bebió aproximadamente una taza cuando comenzaron las contracciones. Sus contracciones fueron muy efectivas, quizá por el efecto del té. Después del nacimiento de Lucía y la placenta, tuvo un sangrado fuerte. “No estoy segura, pero creo que este sangrado excesivo pudo ser consecuencia de beber el zoapatle. Por mi parte creo que también fui irresponsable o debí ser más puntual sobre la dosis. Creo que, cuando se aconsejan o usan esas sustancias, que al final son químicos naturales que generan reacciones, hay que tomarlo con cuidado”.

El embarazo y el parto no tienen que ser vistos como algo doloroso, tortuoso

Carolina se siente feliz de tener hijos sanos, se considera una “guardiana de su salud”, comenzando por los alimentos que consumen, pero también sus emociones y todo a lo que están expuestos. Para finalizar, comenta: “Espero que estas historias sirvan para otras mujeres. Creo que hay muchos mitos y a veces se genera mucho temor respecto al embarazo y el parto, pero no tiene que ser así, visto como algo doloroso, tortuoso. Para mí el parto es un momento muy trascendente: da fin al embarazo y da inicio a una vida de maternidad. Una vez que pares, eres mamá para siempre y esto es el inicio de una vida muy diferente, más diferente de lo que una se puede imaginar”.

Paloma

Paloma tiene 38 años y es madre de tres niños. Quiso contar la historia del nacimiento de Sophie, su tercera hija. Ella nació en casa un día de octubre del año 2014. “Recuerdo que a los dos meses de embarazo nuestra primera y única visita al médico fue porque no teníamos aún contactos de parteras en CDMX. Salí con la sensación de preocupación por sentirme tratada como una embarazada más que necesita estudios rutinarios”.

Impulsada por la vivencia de los nacimientos de sus hijos mayores, Paulo y Alice, Paloma buscó una partera nuevamente. Comenta que cuando nació Paulo fue acompañada por la partera Naoli Vinaver; con Alice tuvo una experiencia en Londres, en un centro de partos regido por parteras.

En todo momento se respetó mi vuluntad

Después de una búsqueda por internet, encontró a unas maravillosas parteras: Laura Cao y Leticia Rodríguez. “Enseguida me sentí abrazada y al mismo tiempo empoderada. En todo momento se respetó mi voluntad durante el embarazo y al momento del parto”. Comenta que Laura la hizo sentir siempre presente, segura, confiada, escuchada en todo el proceso, durante el embarazo, en el parto y posparto.

El día llegó, Paloma empezó a sentir ligeras contracciones. “Por la mañana sentí la necesidad de moverme, limpié la casa de arriba a abajo, caminé no sé cuántos kilómetros en el departamento, jugué con mis hijos más grandes, preparé los últimos detalles y fue hasta la media noche que empezó lo mero bueno, contracciones más fuertes”.

Tuve una sensación de júbilo y al mismo tiempo incertidumbre

Las parteras llegaron 1:00 de la madrugada, se turnaban para velar, siempre respetando el proceso, Laura intervenía para darle a Paloma un masaje en la espalda baja cuando veía que “lo pedía sin decir”. “Con Sophie probé estar en la ducha con agua caliente y me encantó, pasé mucho tiempo allí cantando y murmurando en mi trance. Hasta que sentí la necesidad de salir de allí. Tuve una sensación de júbilo y al mismo tiempo incertidumbre, el máximo clímax de contracción de que ya quería nacer Sophie. Cuando entré a la recamara vi a una Laura totalmente enfocada, toda una matrona con luz a su alrededor con una mirada de amor y firmeza”. Entonces Paloma eligió estar de pie, agarrada de un mueble y «soltar » hasta que la pequeña Sophie salió disparada, según las palabra de Paloma, quien comenta que Leticia, la otra partera, tuvo que atraparla enseguida.

Antes de que Sophie saliera, Laura ya había llamado a la suegra de Paloma y a sus hijos, para que presenciaron el parto. “Mi suegra y mi.hija Alice, la de en medio, sólo vieron un poco, pero Paulo mi.hijo el mayor vio cómo se asomó Sophie, el corte del cordón umbilical hasta que dejó de latir, el.nacimiento de la placenta. Tenía una manera de observar y una curiosidad muy naturales”.

Me sentí empoderada, esa es la palabra

Paloma comenta que este tercer parto fue distinto, “Me sentí empoderada, esa es la palabra. Sophie salió disparada al mundo con mucha voluntad y ese fue uno de tantos regalos que me regaló esta experiencia: voluntad para seguir mi instinto materno salvaje-amoroso,  a fin de proteger la vida y que sea a través del respeto y el amor”.

Paloma invita a todas las mujeres a abrir su corazón a este camino de amor. “Nosotras somos sabiduría ancestral. No tengan miedo a parir”, dijo al terminar la entrevista.

Dulce comienza la charla diciéndome “Viví uno de los embarazos más románticos del mundo”. Esto fue así debido a que, durante nueve meses, su cuerpo estuvo rebosante de alegría, como ella lo describe. A pesar del temor a lo desconocido y las dudas que la asaltaban, cuenta que nunca estuvo tan feliz durante un tiempo tan prolongado. Esto la llevó a idealizar cómo quería que fuera su parto: lo quería natural y en una clínica particular, porque era muy importante para ella tener a su esposo al lado.

Una de sus preocupaciones era desarrollar preeclampsia por el peso que tenía, debido a ello, desde que decidió con su esposo tener hijos, se puso a dieta e intentó llevar una vida saludable. Gracias a sus esfuerzos todo fluyó bastante bien, excepto por una constante: el líquido amniótico bajo.

Comenzó a decirme que me recomendaba la cesárea porque mi bebé venía ‘grande’ y que podía haber menos complicaciones.

Al principio su médico le dijo que, si las cosas iban bien, podía ser candidata a parto. “Eso me inspiró todavía más a echarle ganas, pero desde el cuarto o quinto mes, comenzó a decirme que me recomendaba la cesárea porque mi bebé venía ‘grande’ y que podía haber menos complicaciones. Yo, siendo primeriza, acataba las recomendaciones con confianza ciega, así que me fui haciendo a la idea de tener cesárea y ahorré para tenerla en una clínica muy bonita a las afueras de Pachuca”.

Dulce cuenta que a pesar de la inminente cesárea, estaba muy contenta. Incluso menciona que tenía una especie de mantra que versaba “Lo importante es que mi bebé esté bien, mis preferencias quedan en segundo plano”.

“Es muy curioso, porque es un evento tan importante en nuestra vida y no tenemos la batuta para decidir cómo vivirlo, por ignorancia, porque sabemos poco de nuestro cuerpo y lo que es capaz de hacer y por eso nos tenemos que entregar a las manos de los profesionales”, reflexiona.

Se quedó siempre con las ganas de “estar presente”, de mirar su cuerpo expulsar a su cría mientras le ayudaba. “En mi cabeza nos íbamos a abrazar inmediatamente y podríamos tener un momento antes de cortar el cordón, como en las fotos de los partos humanizados que vi en internet. Ni siquiera sé si es así en la realidad, pero me quedé con ganas de ese primer encuentro de película”.

El líquido amniótico estaba muy bajo

Hace recuento del último fin de semana antes del parto: “Era sábado por la mañana, tenía cita para un ultrasonido de rutina; quería una de esas imágenes 4D, aún faltaban cinco semanas y media para mi fecha de parto y la doctora (que también es ultrasonografista) me dijo que me comunicara de inmediato con mi médico porque el líquido amniótico estaba muy bajo. Me lo dijo tranquila, pero lo repitió tantas veces que me preocupé y le llamé al médico”.

Al acudir con un colega de su médico, pues éste no se encontraba disponible, Dulce supo que, aunque el ritmo cardiaco de su bebé estaba bien, el líquido amniótico estaba fuera de los niveles normales-bajos. Le recomendaron reposo absoluto durante todo un fin de semana y tomar cuatro libros de agua a diario. Había otro problema: que los médicos desconocían el estado de los pulmones de la bebé. Si todo marchaba bien, tendría una cesárea el siguiente fin de semana con menos probabilidad de complicaciones respiratorias para la bebé.

Me despedí de la idea de parir en un particular

Dulce recuerda una charla que tuvo con su esposo y sus suegros (médicos también) “Hablamos de la posibilidad de que todo saliera según el plan o que no. Recuerdo mucho que mi suegro me dijo que no todas las incubadoras son para todas las complicaciones y que en la clínica que elegí el traslado representaba mucho tiempo que podían ser decisivos para la vida de mi bebé en el caso de que se complicara el parto, sin mencionar las implicaciones económicas de tener un bebé días o semanas internado en la incubadora, así que me despedí de la idea de parir en un particular, obviamente fue la decisión correcta aunque eso no quita que me haya decepcionado un poco”.

En su última cita de control en el ISSSTE, lista para recibir su licencia médica por maternidad, el médico recomendó revisar nuevamente el nivel del líquido. Este era tan bajo que la remitieron inmediatamente al obstetra de emergencias, donde realizaron un ultrasonido y decidieron que ese mismo día nacería su bebé.

“Estuve unas horas en el área de ginecoobstericia del ISSSTE, el corazón de mi bebé era constantemente monitoreado. En esos momentos la ansiedad, que era normal en mí antes del embarazo, regresó porque no sabía nada sobre el proceso, nunca le pregunté a nadie a detalle qué sucedía en las cesáreas, entonces el asunto me tenía tensa. Al fin me ingresaron y todo pasó muy rápido; mi niñita prematura y chiquita lloró como una ratoncita, me la acercaron para darle un beso y se la llevaron de inmediato. Sé que seguíamos en el mismo cuarto pero sufro de una miopía que me impide ver a más de dos metros de distancia; me dijeron la talla, el peso, que necesitaban aplicarle oxígeno y dependiendo de su respuesta verían si era necesaria la incubadora o no”.

Las visitas de la asesora de lactancia fueron horribles, me hacía sentir inútil, tonta y que no quería a mi bebé

“Pero la segunda noche en el hospital fue por mucho la peor noche de mi vida”, expresa Dulce. Quien comenta que siempre supo que ella nunca podría ser trabajadora de la salud, pues los horarios son agotadores y tratar con personas en momentos tan sensibles que sacan lo peor de uno debe ser doblemente extenuante. “Las enfermeras no eran groseras, eran frías y no importaba lo que te dijeran, siempre parecía que te estaban regañando”.

Relata que día fue lluvioso, así que la noche se tornó muy fría. “Yo moría de frío y mi bebé lloraba tanto que sentí que también tenía frío; pedí otra cobija y solo me dijeron que no era frío y que mejor me la pegara al pecho para que comiera. Las visitas de la asesora de lactancia fueron horribles, me hacía sentir inútil, tonta y que no quería a mi bebé, ignoraba el momento por el que estábamos pasando y respondía las preguntas como si fueran muy estúpidas. Lo peor es que nos visitaba dos o tres veces al día. Recuerdo que mi bebé tenía la boca tan chiquita, que apenas y lograba abarcar el pezón. A mí me dolía la herida de la cesárea como para ponerla sobre mi panza, así que me esforzaba por encontrar una posición de costado que vi alguna vez en internet y la asesora me regañaba porque no me la pegaba bien. En un momento se volvió a su compañera y le dijo refiriéndose a mí ‘Esta va a dejar la lactancia en dos semanas’. A mi compañera de cuarto, cuyo bebé no dejaba de llorar, le dijo que ‘Hasta las mamás con síndrome de down lo logran’”.

Dulce me platica que lloró mucho esa noche. Nada de lo que idealizó durante nueve meses pasó. “Me encontré sola y agotada y añoré como nunca haber podido tener el parto romántico en la clínica de paredes rosas al lado de mi esposo y con las visitas de mi mamá. Claro, estaba feliz porque mi bebé reaccionó bien al oxígeno y no hubo necesidad de la incubadora y también estaba consciente de que la decisión la había tomado yo y que era lo mejor dadas las circunstancias, pero no voy a decir que no me sentí decepcionada”.

En mis papeles venía escrito que me realizaron una operación para no tener más hijos. He tenido miedo de confirmarlo.

 “Ahora que ha pasado un tiempo, reflexionando sobre mi parto, me cuesta algo decir que fue mío; siento como si todo hubiera sido una serie de eventos fuera de mis deseos que me llevaron a un desenlace. Unas semanas después, ya en casa, durante una visita de mi suegra, leyendo mis papeles del hospital, me preguntó que si pensaba tener más hijos. Todos en la familia sabían que contemplamos la opción de tener dos, pero en mis papeles venía escrito que me realizaron una operación para no tener más hijos. He tenido miedo de confirmarlo, pero cuando firmé mis papeles de ingreso, claramente me negué a ese procedimiento, incluso me hicieron escribir en esa misma hoja el método anticonceptivo que iba a usar después. Una parte de mí espera que haya sido un error de dedo al llenar mis papeles de alta”.

Para concluir, Dulce dice que los sueños que una se forma alrededor de un evento tan importante de la vida se sienten como una promesa que te llena de alegría cuando se cumple y al contrario si se rompe. “No quiero pensar que la solución es no ilusionarse o no tener altas expectativas, nos toca lo que nos toca en la vida y hay que aceptarlo con sus bemoles, pero no hay que dejar de soñar”, finaliza.

Por cierto, Dulce continúa con una lactancia exitosa y especifica: “no gracias a la asesora del ISSSTE”.

Estamos en la Semana Mundial del Parto Respetado (14 al 20 de mayo), iniciativa que nació en 2004 gracias a la Asociación Francesa por el Parto Respetado (AFAR), que desde entonces se replica en distintos países con un objetivo principal: visibilizar el modo en que se atienden partos en todo el mundo y exigir el cumplimiento de derechos vinculados al nacimiento.

En Latinoamérica, el movimiento de parto respetado está encabezado por La Red Latinoamericana y del Caribe para la Humanización del Parto y el Nacimiento (RELACAHUPAN), constituida de redes nacionales, agrupaciones y personas que proponen mejorar la vivencia del parto y la forma de nacer.

Entre sus acciones promueven la posibilidad de dar a luz en la propia casa y valoran también los nacimientos respetados donde se consideren las necesidades emocionales de la madre y el bebé. Con esos objetivos en su agenda, cada año se abordan temas como la episiotomía (incisión quirúrgica que se hace en el perineo para acelerar la salida del bebé), las posiciones para parir, el tiempo para nacer, el entorno amoroso durante el parto, la inutilidad de la separación del bebé de su madre o padre, la disminución de las cesáreas innecesarias, el parto y la economía y el derecho de elegir dónde, cómo, cuándo y con quién parir  y nacer.

Aunque las propuestas de este movimiento representan los deseos de miles de mujeres, hay todo un grupo de médicos e instituciones que obstruyen la vivencia plena de un momento tan trascendente en la vida de quienes deciden ser madres y sus hijos(as).

Tan sólo en Hidalgo, en los últimos tres años y medio se iniciaron 15 quejas en contra del personal médico, una en contra de un director y dos en contra de especialistas, que laboran en la Secretaría de Salud de Hidalgo (SSH) y hospitales de la Secretaría de Secretaría de Salud federal. Sin embargo, existen aún muchas historias violentas que las mujeres no cuentan y mucho menos denuncian.

Sarai

Eran las 2:00 a.m. a finales de noviembre del 2019 y Sarai, de 32 años, desprendió el tapón mucoso, signo del comienzo de trabajo de parto. Llamó a su partera y quedaron de verse en una casa de partos, en Pachuca. Se encontraron a las 6:00 de la mañana y la partera la revisó. Tenía un centímetro de dilatación.

Tenía mucha ilusión de tener un parto natural.

El proceso fue lento; estuvo tres días en trabajo de parto. “Siendo primeriza me costó mucho trabajo llegar a nueve de dilatación. Había mucho estrés por todo lo que estaba pasando yo, pero a la vez tenía mucha ilusión de tener un parto natural, de que mis seres queridos, incluida mi pareja, me acompañaran en todo momento, de que yo no recibiera medicamentos ni estar en el hospital. Sin embargo empecé a perder ritmo en las contracciones, lo que comenzó a complicar las cosas”, cuenta Sarai.

Tras el espaciamiento de las contracciones, acudió dos veces al hospital para revisar sus signos y todo marchaba bien, así que decidió continuar con la partera. “De repente ya estaba muy cansada y comencé a dejar de tener contracciones, así que el equipo de parteras me recomendó acudir a un hospital. Esto me puso muy triste porque realmente quería un parto ahí”.

Primero fue con un médico particular, quien, al notar la dilatación, le sugirió ir a la Clínica 1 del IMSS, la que le correspondía. “Desde que llegué recibí un trato bastante inhumano. Puedo entender que tengan una cantidad de trabajo que los rebase; sin embargo, siento que no tienen la sensibilidad para lidiar con las mujeres en este proceso. Después de estar en casa, con un equipo y familia que me animaba a llevar adelante el parto, llegué y me enfrenté con que estaba sola. La doctora en turno me hizo el tacto, yo le conté que llevaba días con el trabajo de parto, que estaba muy cansada. Me pusieron una bata y me pasaron. Entré en una especie de trance con mi cuerpo y lo que ocurría. Había practicantes, enfermeras, médicos, todos pasaban y me hacían el tacto, ¡Fueron quizá unas seis veces!”, expresa Sarai.

Nadie revisaba si bajaba el bebé, si continuaban las contracciones. No se detenían a estar conmigo, parecía que con el tacto querían solucionar todo.

Sarai ya quería que naciera su bebé, sintió cómo rompió fuente y con las sábanas de la camilla hizo una especie de lazo para jalar sus rodillas hacia hacia su vientre y así acortar el canal vaginal. Un practicante pasó por ahí y se acercó a ella para decirle que iba muy bien, pero que debía pujar. Sarai le dijo que ya había roto fuente, entonces el pasante quiso volver a hacerle el tacto, ella se negó y él le explicó que no la pasarían a expulsivo hasta que coronara.

“Por fin pude coronar con ayuda de la sábana y de este pasante. Ya en la sala de expulsión, como tardé en tener una siguiente contracción para pujar, me pusieron oxitocina y presionaron mi vientre. Nació mi bebé. Yo estaba muy cansada, creí que había muerto”.

Había sufrido un desgarro a causa de la maniobra de Kristeller.

Sarai escuchó el llanto de su bebé, quien tuvo problemas respiratorios. Se lo llevaron sin decirle ninguna palabra de aliento. Tampoco le informaron que había sufrido un desgarro a causa de la maniobra de Kristeller que le fue practicada (misma que se considera violencia obstétrica); lo supo hasta que, a falta de anestesia, sintió que la cosían.

«Me quedé dormida del cansancio. No supe de mi hijo hasta el otro día. Tampoco mis familiares había recibido información, eso fue muy desesperante».

Al final, Sarai comenta que se siente tranquila del trabajo que hizo consigo misma, con su cuerpo y mente, para tener un parto vaginal a pesar de todo lo que ocurría a su alrededor. «Lo que nunca olvidaré es que, aunque había todo un cuerpo de médicos y enfermeras, me sentí sola y desprotegida. Tenía miedo. A pesar de todo eso, logré el parto vaginal, pero me hubiera gustado que las circunstancias fueran distintas».

Ana labora desde hace cuatro años como auxiliar de limpieza e higiene en una clínica del IMSS en Hidalgo . Desde entonces, su trabajo consiste en limpiar diferentes áreas de la clínica, como Hospitalización, Urgencias, Cirugía, Quirófano, Rayos X, Pediatría y Consulta externa.

Diariamente se encuentra expuesta a sustancias como el hipoclorito, desengrasante, jabón en polvo y quita sarro. Además, está en contacto con diversos desechos. Le pregunto de qué tipo son y cómo los maneja y me cuenta “La basura común va en bolsas verdes; en bolsas rojas separamos todo lo que contenga residuos de sangre que es el RPBI (residuos peligrosos biológicos infecciosos); los punzo cortantes van en los contenedores rojos; las piezas patológicas, como placentas o algunas partes del cuerpo, van en bolsas amarillas; en lo botes amarillos se deposita residuos líquidos, como grasa”.

Ese es el cotidiano de esta mujer de 42 años que cumple una jornada de 7:00 de la mañana a 3:00 de la tarde, pero todo cambió a raíz de la llegada del COVID-19.

Comenta que el personal de limpieza está conformado por alrededor de 15 personas, lo cual me impresiona, me parecen muy pocos; así que le pregunto si esto resulta perjudicial en combinación con la pandemia. Responde que sí, pues ahora tienen más responsabilidades, como cubrir dos áreas en el mismo horario. “Además, desde que entramos al área de hospitalización y de urgencias respiratorias hasta que salimos, no podemos comer, beber agua o ir al baño a fin de evitar el riesgo de contagio”.

Relata que algunos de sus compañeros han llegado a tener malestar por falta de alimento, aunado a la incomodidad de usar el equipo de protección “Es horrible portarlo durante casi ocho horas, sin poder tomar agua, comer, sin ir al baño; soportar las marcas de los googles, el cubre bocas, sentir cómo el sudor a veces te cae en los ojos y te produce ardor y no puedes tocarte la cara porque podrías contagiarte”.

Tras observar que en su muro de Facebook compartió un video donde una de sus compañeras solicita equipo para el personal de limpieza de la clínica donde trabaja, le pregunto si les proveen de los insumos necesarios para protegerse del virus y responde sí, aunque no es el adecuado, a diferencia del que reciben médicos y enfermeras. «Los cubre bocas que nos dan y los insumos para entrar al área de hospitalización donde están los contagiados de coronavirus y a urgencias respiratorias es un uniforme quirúrgico, una bata desechable, dos pares de guantes de látex, un cubre pelo, googles y unas botas quirúrgicas desechables. Ese es nuestro equipo para entrar a dichas áreas; en las otras nos dan guantes rojos de látex”, explica.

Cuestiono si le parece justo el sueldo que recibe el equipo de limpieza en relación al riesgo y me dice que no, ya que actualmente el riesgo de trabajo es mayor al de una jornada habitual, además de que exponen su integridad física y la de su familia.

Ante mi pregunta al respecto, explica que, de poder solicitar algo a las autoridades el IMSS, sería tener un receso para comer o ir al baño “o turnarnos, que unos entremos de 7:00 de la mañana a  12:00 del día y los otros de 10:00 de la mañana a 2:00 de la tarde”, comenta con cierto pesar.

Ana dice que desde que los contagios aumentaron en Hidalgo, el ambiente se volvió más tenso en la clínica, aun así, el equipo de limpieza e higiene intenta mantener la calma. Le pido que me cuente si reciben algún tipo de atención psicológica preventiva y responde un día dieron una plática psicológica, pero ella no pudo asistir porque debía limpiar el hospital.

El COVID-19 no sólo ha afectado el ámbito laboral de esta mujer, sino también el de sus relaciones, pues ha decidido alejarse de personas como su pareja para evitar contagiarla, lo cual, indiscutiblemente, tiene un impacto emocional fuerte.

Para finalizar, Ana quiso hacer una petición a la ciudadanía: “Tomen todo esto en serio, de verdad no es un juego. Para nosotros no es fácil vivir cada día con el temor de llegar a casa y contagiar a nuestros seres queridos. Solo me queda decirles que se queden en casa”.