“Conduce tu campaña sobre los huesos de los muertos”


“Conduce tu carro y tu arado sobre los huesos de los muertos.”

– William Blake, “Los Proverbios del Infierno” (1792)

Alguna persona más docta en William Blake podrá corregirme si el proverbio del infierno con el que inicia este escrito, hace o no, referencia al progreso social y a no detenerse para lamentaciones… pero eso no es lo importante: lo cierto es que, la fría aseveración del que tal vez sea el más grande y completo artista inglés, nos sirve realmente para otra analogía: ni siquiera en sus momentos más delirantes, ni siquiera en sus célebres alucinaciones dantescas de espíritus escamosos que lo aterraron e inspiraron por igual para plasmar su icónico / hermoso / onírico / pesadillezco cuadro El Fantasma de una Pulga [1], pudieron llegar a un nivel tal de espeluznante ignominia, como en la que la carroñosa comunicación política mexicana se ha convertido.

Esta vez, el nuevo punto bajo se ha desarrollado a partir de una tragedia, cuyos responsables, cierto, tienen nombres y apellidos, pero que, antes que todo, debería preocuparnos que ha acaecido por enésima vez (y como siempre sucede en el capitalismo / neoliberalismo), sobre la población de abajo, sobre aquellas personas que regresaban de trabajar, en una de las tantas zonas vulnerables de la CDMX… El golpe cayó en una línea plagada de errores, omisiones, corrupciones, pero que sus orígenes no eran otros más que hacer que la infame jornada laboral de las y los capitalinos fuera menos abrumadora, al reducir a una hora un trayecto que por décadas fue de tres, pero donde, al final, dichas buenas intenciones pavimentaron ese camino al infierno que se vivió la noche del 3 de mayo, cuando la boca de dicho averno que las élites cavaron, finalmente reclamó sus almas y consecuencias.

En la política, el hambre de poder consume como aperitivo, la dignidad… Antes de canibalizarse y devorar todo lo posible para alcanzar el dominio sobre otros, quienes aspiran a los mareos propios del ladrillo gubernamental y legislativo, suelen tener que devorar su propia decencia y amor propio… y usarán todas las herramientas necesarias para convencer a quien sea de permitirles accesar al bacanal.

Hace mucho que las campañas políticas se quedaron anacrónicas (y no, no tiene que ver con una visión posmoderna – elitista de esperar que ahora sean solo digitales). No solo sus procesos de selección de candidaturas son ridículos, corruptos, y puestos al mejor postor, sino que la comunicación política que funge como la base de éstas, no solo no ha evolucionado en un siglo, sino que ha traicionado la esencia misma de la comunicación y se ha llenado hasta el cuello de la mugre y las mentiras en sus contenidos.

Todos los fallos comienzan y terminan ahí, en esa comunicación política: nefasta y vergonzosa, cargada de fake news, de demagogias propias de los discursos más rancios de los 60 y 70.  Y esto, para mi propia vergüenza, no es solo un decir: Yo estuve ahí alguna vez, como testigo silente: un muy joven y muy estúpido empleado temeroso de perder un mediocre trabajo de cuyo nombre no quiero acordarme, viendo cómo se hacía el reciclaje de boletines, cómo se narraban hechos que nunca sucedieron y se asentaban declaraciones que nunca se dieron; de cómo se cambiaban los nombres y se usaban los apellidos más comunes para para ponerles firma a los insultos y reclamos que nadie hacía, que nadie entendía y que a nadie le importaban realmente en la sociedad, porque nadie, absolutamente nadie en el poder, se acordará de estas personas después del triunfo… el reclamo de doña María, el enojo de don Pablo, los ojos tristes de doña Guadalupe, la esperanza de don José y el abrazo a don Juan para que el enésimo tipo sin nombre, piense que de algo va a servir que pose para la foto…

Estuve ahí también, años después, cuando había que hacer malabares en la corrección de estilo, porque los boletines no dejaban de soltar mentiras, datos de instituciones que nunca existieron, y demás incoherencias que cualquier candidat@ de oposición menos estúpido, podría haber aprovechado para, al menos, amenazar con una demanda por difamación… pero que, otra vez, a nadie le importan, nadie las medita y todo mundo nos tragamos… las campañas y la comunicación política es un baile de simulaciones, donde unos hacen como que informan, otros como que les preocupa, otros como que difunden y miles más hacen como que lo van a leer…

El 3 de mayo, fue uno de esos eternos puntos bajos en la patética danza de las soeces campañas electorales: la sangre no había tocado el suelo cuando ya había tuits de personajes de la política pidiendo aún más sangre… la vigas no terminaban de doblarse cuando se hicieron los primeros trending topics pidiendo la cabeza de gente en el poder… la última respiración de una veintena de personas aún no se había dado y sus vidas no se habían terminado de extinguir, cuando el reciclaje vil de boletines tuvo una pausa, para regodearse morbosamente en la nota roja que les permitía seguir atacando a sus opositores que cada vez ven más lejos…

Pero, si bien la bajeza de la comunicación política es desde hace años inmensurable, impresentable e injustificable, lo cierto es que son solo una parte de un círculo vicioso (degenerado a dantesco círculo del infierno): porque el nivel tan pobre y amarillista de argumentación en boletines de prensa, obedece también a que, en esta misma tragedia, no fueron pocos los medios que también buscaban los videos y las fotos más morbosas, pasando por encima de la ética con tal de obtener la primicia, y así liderar el número de shares y likes… ejemplos nos han sobrado a lo largo de los años de medios que incluso han inventado historias melodramáticas telenovelezcas para hacer todavía más sentimentaloide la tragedia, (como si la pérdida de vidas no fuera suficiente): una guerra de tuits, publicaciones y música incidental acompañando reportajes de las flores en el vagón, del gato sobreviviente, el novio llorando en sus redes, y demás soft issues que adornan las portadas impresas, el rating televisivo y el tráfico hacia portales y social media.

Y por duro que nos sea aceptarlo, todo ese círculo se cierra con las audiencias: cuántas imágenes explícitas, cuántas fake news compartidas, cuántos likes y reacciones insensibles, cuántos reclamos infundados con fines políticos y obviando unos nombres sobre otros, dependiendo de nuestras preferencias políticas… ¿En qué momento se volvió más importante ver hacia qué lado fluye la sangre y el lodo, en vez de evitar que fluyan? Analicemos nuestras propias publicaciones y posts compartidos, y descubramos que, no solo las y los candidatos están arando el campo de huesos, no solo los medios están cosechándolo: todos y todas estamos también devorando insaciablemente sus frutos…

La tragedia de la línea 12 No tiene un nombre culpable, tiene muchos; No tiene un color, tiene varios; y tiene como raíz, el uso y costumbre de la política tercermundista / neoliberalista que es la corrupción. Sus responsables deben dar la cara y ser investigados… pero el resto – las persona de a pie, quienes nos quedamos sin aliento a ver las imágenes, quienes pensamos inmediatamente en contactar a las personas que apreciamos y amamos que viven y trabajan en esa caótica ciudad, las personas que perdieron alguien, aquellas que sobrevivirán y su vida habrá quedado arruinada – tenemos, no solo que lidiar con los fantasmas del miedo que es vivir y desarrollar nuestra cotidianidad sobre las calles y puentes que se han hecho con millones menos que terminaron en los bolsillos de corruptos, y de vivir cada día en un mundo donde la avaricia cobra vidas… ahora también, nos debemos a nosotr@s, y a las víctimas de la Línea 12 y de toda la corrupción, superar dicho miedo y no permitir que la hemofílicas campañas y sus candidaturas sedientas de poder sigan caminado impunemente sobre la sangre fresca, mientras dejan sus huellas sobre los rostros de la pobreza… debemos impedir que toda esa gente que espera dar un golpe de campaña haciendo circos y cosechando frutos podridos de campos sembrados con los huesos de los muertos, se salga con la suya.

Ni Blake, ni nadie, podrían narrar un retrato tan bajo y tan vil como el de un candidato o candidata en campaña explotando la tragedia, difundiendo el miedo como eslogan, mientras los medios chapotean en la sangre que salpica nuestras pantallas…

La comunicación política está tan jodida, que ya no la salva ni una reforma, ni un cambio… llegó la hora de enterrarla, y sobre sus huesos, construir una nueva: lejos de la sangre, la corrupción y la insensibilidad.


[1] Se dice que William Blake tuvo una vez una visión espiritual de lo que describió como «el fantasma de una pulga»… mientras lo dibujaba, el espíritu le dijo que todas las pulgas están «pobladas» de las almas de hombres que eran «por naturaleza, excesivamente sedientos de sangre» [Varley (1882) en Tate.org.uk]… sirva también este mito, como otra perfecta analogía de la vida y obra del artista, para la realidad mexicana de la comunicación política y la mass media…

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