La VIDA entre el MIEDO


«Peur toujours, peur partout»
(“miedo siempre, miedo en todas partes”)

– Lucien Febvre

En 2006, Zygmunt Bauman publicó Miedo Líquido, una de sus obras fundamentales para entender la posmodernidad… en dicha obra, Bauman planteaba una “clasificación” de nuestros miedos actuales y la modernización de los primitivos, y la forma en la cual nuestra actual sociedad había fracasado en dejar atrás sus miedos originales y solo había logrado incrementarlos y actualizarlos:

“En la oscuridad, todo puede suceder, pero no hay modo de saber qué pasará a continuación. La oscuridad no es la causa del peligro, pero sí el hábitat natural de la incertidumbre y, por tanto, del miedo. La modernidad tenía que ser el gran salto adelante: el que nos alejaría del miedo y nos aproximaría a un mundo libre de la ciega e impermeable fatalidad” […] una época sin ninguno de los ingredientes típicos de los miedos. La que iba a ser una ruta de escape acabaría convirtiéndose, sin embargo, en un largo rodeo. Transcurridos cinco siglos, como espectadores que contemplamos -desde el extremo del presente- una dilatada fosa de esperanzas truncadas […], los nuestros vuelven a ser tiempos de miedos”  (Bauman, 2006; pp 11-12).

Recuerdo que cuando era muy pequeño, un dibujo animado hizo una referencia a Peter Rugg, “El Hombre Perdido”, un personaje clásico de las leyendas urbanas de nueva Inglaterra que me marcó tanto, que no he sido capaz de olvidarlo hasta el día de hoy:

Un hombre es agobiado por un fantasma, que lo persigue toda la noche... el hombre huye aterrado, siempre con el miedo de ser alcanzado... no puede dormir más... no puede vivir más... pero está cansado de correr... un día, contra todo su instinto, contra todo su terror, se frena, decide voltear a ver a su fantasma que lo persigue... y resulta ser él mismo.

Hay tanto que podríamos resolver de nosotros mismos si tan solo fuéramos capaces de dejar de huir de nuestra propia oscuridad, de nuestros propios fantasmas; tan solo enfrentarlos y abrazarlos… pero, aun cuando sentimos nuestra oscuridad revivir, decidimos no hacerlo… decidimos seguir corriendo hasta que no podemos dormir más y no podemos vivir más… es el miedo a enfrentarnos, y dicho miedo ha sido manifestado, porque lo único que parece mantenernos con motivación para vivir día tras día en una vida prediseñada, es huir del miedo a que un día, nuestra oscuridad rompa el silencio… nuestros fantasmas exteriorizados, nuestra oscuridad sublimada, nuestro terror proyectado… todo como un impulso para sobrevivir al espantoso mañana… nos fuimos, como planteaba Bauman, desde nuestros miedos intangibles, hacia nuestros miedos globales, persiguiéndonos hasta que nos atrapen, solo para seguir el largo y lóbrego camino hacia un nuevo amanecer…

Porque si algo nos ha dejado la posmodernidad – ese cementerio en el cual todos y todas compartimos la misma tumba – es la enseñanza de que todo es miedo: miedo a morir, miedo a perder nuestro patrimonio derivado del hiperconsumo, miedo a dejar de pertenecer, miedo de ser iguales al resto, miedo a ser mediocres y nunca alcanzar nuestros sueños… miedo a no ser felices…

 Y así es que todo lo decidimos, no por voluntad, sino por miedo a perderlo, literalmente, todo…

Así trascurrimos los días: entre ansiedad diagnosticada, ansiedad negada, ansiedad construida y ansiedad forzada por una sociedad que te obliga a competir, donde no queda tiempo para vivir, ni amar; donde tu trabajo es la meta y no el medio para existir; donde, sin importar que hayas elegido un camino ajeno a la vida prediseñada, al final, el cansancio derivado de la edad, termina por derrocar tus sueños frágiles; donde nadie ha podido cambiar el mundo, pero el mundo terminó cambiándonos; donde, con cada día vivido, con cada año cumplido, sentimos que damos una paso más lejos de la luz…

Perdimos la batalla contra nosotros mismos. El sistema hizo su trabajo y nos dejó auto presionarnos: dejó a nuestro inconsciente alienado y superyó neoliberalista aplastar nuestras expectativas contracorrientes, y obligarnos a superar a las demás personas antes de aprender a florecer en nuestro interior… ya no hay verdugos más allá que nuestra moral capitalista posmoderna; ya no hay necesidad de un gran hermano observándolo todo, porque aprendimos a controlarnos y subyugarnos a nosotros mismos: aprendimos a aceptar que nuestra cabeza se mueva exclusivamente entre la locura y el desorden que nos hemos auto generado …

¿Por qué cada cambio de década que pasamos nos tenemos que cuestionar si somos felices, si todo ha valido la pena, y si hemos cumplido con los cánones sociales, sin importar que hayamos pasado los nueve años anteriores luchando a contracorriente? ¿Porque seguimos hundiendo nuestra salud mental en 54 horas laborales a la semana o más, donde perdemos todo, a cambio de solo ganar dinero? ¿Por qué nuestra paz, tranquilidad y felicidad propia fueron monedas de cambio para cumplir las expectativas de nuestros padres y madres, y del resto de la sociedad (en la cual solo proyectamos a ambos) para sentirnos aceptados por estos y pensar que finalmente satisfaremos su voraz apetito de validación, solo para, por enésima vez, darnos cuenta de que nunca nos aceptarán tal y como somos?

¿Por qué tenemos tanto miedo a comprometernos en una relación? ¿Por qué nos aferramos a quien No nos ama, pero huimos de quien sí lo hace? ¿Por qué competimos para ver quién oculta sus sentimientos mejor? ¿Por qué sentirnos tan culpables de vivir y ser catalogadas como personas desobligadas por no tener ese trabajo gerencial que nuestra familia pueda presumir en sus reuniones con sus amistades? ¿Por qué nos sentimos en la vejez a los 25, 30 o 40 años, si se supondría que, en cada caso, no es ni la mitad de nuestra vida? ¿Por qué mantenemos cerca a quienes nos apuñalan por la espalda para sentirnos parte de algo?  ¿Por qué solo encontramos el amor en otras personas y nunca en uno mismo? … ¿Por qué carajos tenemos tanto miedo?

… Pero los abismos nunca se excavan solos… todo esto no solo se limita al miedo interior, sino también al exterior: nuestro narcisismo está presente en todo y ante todo, pero éste es solo la más grande farsa de nuestro tiempo, porque realmente No nos amamos, ni personal ni colectivamente: tenemos tanto miedo a envejecer, a vivir en soledad, a perder la belleza y juventud… y nos frustramos tanto por ello, que hacemos que el resto que no es como uno, pague esos platos rotos… y en esa búsqueda de retribución, es que se nos va la existencia, entre el miedo y el odio a quien no tiene nuestra edad, a quien no piensa como nosotros, o a quien rompe con nuestros prejuicios que olvidamos cuestionar.

Y la sociedad se mueve – avanzado o retrocediendo, ¿qué más da? – entre el miedo, entre cuatro generaciones que no sienten ni amor ni empatía por la otra, en donde toda la gente cree que la otra edad son menos que sí misma, pensando que están mal, acusándose de anacronía o estupidez; de cerrazón o fragilidad, respectivamente… pero nadie sabe vivir si no es teniendo el miedo como bandera… la sociedad va a la deriva, en un infinito metafísico de intrascendencia… ése es nuestro legado: todo mundo tiene miedo, solo que no queremos aceptarlo, pero estamos entre personas aterradas:

Boomers que tienen miedo a cambiar.
GenXs que tienen miedo a vivir.
Millenials que tienen miedo a amar.
Centennials que tienen miedo a crecer.

… y un mundo que tiene miedo de sí mismo.

… Y así se nos va la vida: entre el miedo a ser parte de ésta, navegando en los océanos grises de la cotidianidad…

La vida es solo miedo… y lo seguimos prefiriendo: es doloroso, pero también es fácil y cómodo, porque No nos hace tener que asomarnos a nuestro abismo personal y encontrar nuestro verdadero ser…

El miedo seguirá ahí, porque es más fácil tener miedo, a intentar ser felices…

Pero… ¿y entonces?

Y entonces, nada… la vida seguirá así… hasta que de repente, un día, llegue el primer “tal vez”:

Tal vez un día te vas a sentir cansado, tan cansado, del pánico de sentir pánico… y tal vez entonces, puedas entender que, aunque el terror diario no se irá nunca, finalmente descubres que la vida no se trata de dejar de tener miedo, sino de aprender a caminar con él…

Y entonces, tal vez, decidas dejar de correr, dejar de huir, y finalmente dejarte alcanzar por tu propia oscuridad… y tal vez, la aceptes, la mires de frente, la abraces y, después de todos estos años, descubras que tal vez, solo tal vez, nada dentro de ti ni a alrededor de esta vida vivida entre el miedo, es tan atemorizante como crees que solía ser…

… O tal vez, simplemente No pase nada… y la vida siga, gris y escalofriante… hasta que un día se detenga, y ya no sintamos más miedo… porque ya no seremos capaces de sentir nada más…

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