Debanhi CarlosArizpe85

TODOS somos ADICTOS al PATRIARCADO


Y sí, aquí estamos, otra vez…

El caso de Debanhi Escobar, el nombre que hoy representa a las 10 mujeres desparecidas por día (ese nombre que muchos olvidarán mañana sepultado bajo los nuevos Trending Topics), vuelve a ser indignante, vuelve a ser doloroso, vuelve a demostrar que – más allá de bandera política, bando, movimiento, partido, gobierno, o élite de poder – nadie parece poder resolver… ¿Por qué? Porque, aún más grande que toda corriente política, es el patriarcado (sí, esa palabra que tantos hombres odian y que bloquean cualquier argumento que la contenga); ese patriarcado que pareciera haber recibido muchos golpes en las apariencias, en la publicidad y en los discursos, pero no en su raíz cultural, ni en la educación que nos ha formado como individuos y como sociedad… una educación que se ha vuelto casi adictiva y casi imposible de superar.

Y sí, aquí estamos, otra vez… donde resulta, que la culpa es de todxs, menos del feminicida:

Cayendo en la revictimización (“¿Qué hace sola tan tarde?” “¿Por qué va a esos lugares?” “¿Por qué se atreve a salir, a divertirse y a comportarse como yo me comporto cada fin de semana?”) … cayendo de nuevo en la misoginia (“es que todo es culpa de las amigas que la dejaron sola”, basta ver que la búsqueda número 1 en Google y Facebook sobre el tema, es «Debanhi Amigas») … escuchando y creyendo a medios sin ética e influencers huecos, haciendo pseudo periodismo y queriéndose colgar de la tragedia para conseguir likes… aquí estamos, ante gobiernos incompetentes en este rubro, todos, sin importar su nivel local, estatal, federal o color político.

Y sí, aquí estamos, otra vez… con el burdo y reduccionista discurso de “esto es de buenos contra malos”, como si tuviéramos la autoridad moral de ponernos del lado de “los buenos”, a pesar de que caemos todos los días en todo lo anterior, a pesar de nuestra misoginia, nuestra moral y doble moral, nuestros clasismos y racismos, nuestra homofobia y transfobia, y de siempre culpar al diferente por ser violentado.

Y en cada una de estas falacias, se nos va el discurso y la opinión sobre algo que sentimos lejano; seguimos ofendiéndonos por la radicalización de los movimientos feministas: un movimiento que nos negamos a entender, a pesar del cementerio / fosa común sobre el que estamos parados en este país y continente.

#YesAllMen

Y sí, aquí estamos, como hombres, otra vez… a la defensiva, tomándonos las protestas como insulto personal, sin saber qué hacer o cómo reaccionar:

Nos es muy difícil entender el miedo constante de las mujeres a salir y no regresar sin importar la circunstancia o motivo… ni siquiera la empatía nos puede poner nunca en ese lugar, porque el solo hecho de nacer hombres ya nos da un privilegio que nunca vamos a perder (a menos que cambiemos de preferencia, expresión o identidad de género, porque los crímenes de odio son otro problema enorme en esta sociedad)… pero, a pesar de esto, entender los feminicidios y desapariciones no debería ser ajeno a nosotros… el que NO nos corresponda hablar de feminismo, NO significa que no tengamos que entender que a nosotros, el patriarcado también nos oprime y estigmatiza como hombres; pero a ellas, las veja, invisibiliza, menosprecia, cosifica, violenta y asesina como mujeres.

Pero entonces, como hombres, ¿de qué debemos hablar? Porque, el que ni tú ni yo seamos feminicidas, significa que seamos inocentes de la violencia y su normalización, ni que no podamos hacer algo al respecto…

Y No compa: esto no se resuelve publicando en tus redes “si sales, háblame y yo voy por ti”, no es “acompáñala, aunque no quiera”, no es “activa en todo momento tu localización para que yo sepa dónde estás”, no es “avísame, y yo me rompo la madre por ti en la calle mientras huyes” … muchos lo hacen y dicen de buena fe, pero esa No es la solución: el discurso es otro, es más profundo, más difícil y requiere mayor responsabilidad y compromiso que partirnos la madre o ser el caballero galante:

Como todo problema, el primer paso es, siempre, aceptar que éste existe… en este caso, es comenzar por aceptar que SÍ: TODOS los hombres somos potenciales violentadores… no porque seas buena o mala persona, no porque dude de ti y tu palabra, sino porque así hemos sido educados: para definir y validar nuestra masculinidad a través de la violencia…  Porque en el sistema – desde la formación “cívica” de las familias, los círculos de amistades, las instituciones, los medios y sus discursos normalizados – la inmensa mayoría hemos sido formados en un entorno donde debemos aprender a ser rudos, a madrearnos, a optar por la vía violenta, a volvernos un animal bruto y sin modales entre otros hombres, y por supuesto, a ver a las mujeres exclusivamente como objetos y bienes a servicio y satisfacción de nuestras necesidades más básicas y primitivas…

Y no importa cuánto lo neguemos o nos indignemos por lo señalado, ni cuántos golpes de pecho nos demos al respecto; no importa cuánto creamos que somos únicos y diferentes y aleguemos que “en mi casa fue diferente” , o incluso, que “sí éramos así, pero ya estamos curados, deconstruídos y ahora somos aliados”: ninguno de nosotros está libre de esa educación y esa visión social impuesta desde hace siglos… cierto, muchos estamos en el camino de intentar superarlo, con más aciertos o más errores, con más dificultad o pericia, pero todos tenemos enquistada dicha formación…

(Y, por cierto, tampoco somos santos por intentar cambiarlo, no somos héroes por poder verlo, porque esa es nuestra obligación y responsabilidad para de verdad tener al menos la mínima autoridad moral de autoproclamarnos del lado de las “buenas” personas).

Debanhi CarlosArizpe85
Debanhi Escobar (Ilustración: @CarlosArizpe85)

El camino de la rehabilitación

Pero la reeducación / deconstrucción no es fácil, porque el patriarcado y el machismo sistémico son como una droga de la cual hemos sido adictos toda nuestra vida… una que nos ha dado satisfacciones, ventajas, y una vida social relativamente menos difícil; una ilusión que, no por ser cómoda, se vuelve justo que nos aferremos a ella…

Pasamos muchos años para, al menos, poder aceptar que la adicción existe, y después, pasaremos por momentos de recaídas, de crisis de abstinencia y, por supuesto, conflicto, porque nos vamos a equivocar muchas veces… pero el problema no es equivocarse: el problema, es hacerlo en lo mismo y volver a tropezarte con la misma piedra… pero siempre debemos intentar mejorar…

Y bueno, ¿con qué autoridad moral escribo esto? Con ninguna… Reitero: TODOS los hombres que hemos crecido en el patriarcado, somos potenciales violentadores. Por eso hablo de “nosotros”, porque todos, en algún momento de nuestra vida, hemos sido violentos, todos hemos sido misóginos, todos hemos aprovechado o disfrutado el tener menor presión social y moral, todos hemos cosificado y sexualizado; porque todos hemos sentido ese escozor de adictos de querer explotar, de encabronarte con tu pareja o ex pareja, de sentir que las mujeres no te respetan y no te valoran, de sentir que las morras no te hacen caso porque, según, “tú eres buena persona, pero a las mujeres les gusta que las maltraten”, de sentir que es culpa de todas las mujeres, que no tengas pareja, sexo, popularidad o, incluso, una vida feliz…

Todos hemos sufrido esa frustración. Pero esa espantosa voz que nos dice que “tenemos derecho, justificación y el deber de ponerlas en su lugar y hacerlas pagar por no respetarnos y no valorarnos” (y que es justo la voz a la que los violentadores y feminicidas terminan por hacer caso), son solo los siglos y siglos de masculinidad anacrónica que nos han puesto sobre los hombros a todos los hombres de la posmodernidad, y que debemos aprender a dejar de cargar.

Es duro, largo y permanente… pero ese es el único camino. Ese es el discurso del que los hombres debemos hablar: de rehabilitarnos de la adicción al patriarcado… no de proteger heroicamente de violentadores, sino de dejar de ser nosotros mismos esos violentadores… de ayudarnos entre todos a verlo, a salir y no recaer en este vicio del privilegio y, por incómodo que sea, de comenzar a hacérselo notar y confrontar a nuestros amigos que se niegan a hacerlo…

Y al final, debes aceptar que No es tu culpa el ser o haber sido así, pero Sí lo es el seguir siéndolo una vez que lo sabes… debes aceptar que el patriarcado te formó de esa manera, darte cuenta que ser “hombre y ser malo y violento”, NO es tu naturaleza, es solo la educación que te dio el sistema: ese sistema que ya no le sirve a nadie, que nos oprime a todos y a todas, de manera diferente y más atroz a ellas, pero también nos aplasta a nosotros…

Y por ello, dicho sistema se tiene que terminar… se tiene que caer…

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