Carolina Viggiano e Israel Félix custodian a la fórmula a la dirigencia estatal del PRI.

Sin quejas, PISO PAREJO en el PRI


PACHUCA — Julio Valera Piedras será elegido presidente del Comité Directivo Estatal del PRI por parte de su Comisión de Procesos Internos. A diferencia del mandato que venía cumpliendo tras la renuncia de la expresidenta, hoy diputada local, Érika Rodríguez Hernández, el dirigente cuenta ahora con el respaldo de todo el estatuto, las organizaciones y liderazgos priístas, para cumplir su encargo. A Valera Piedras le tocará enfrentar la elección más complicada en la historia del tricolor hidalguense; aquella que le coloca en desventaja numérica previo a las elección gubernamental de 2022.

Como secretaria general asumirá Victoria Eugenia Méndez Márquez, conocida como Jenny Márquez, una priísta de amplia trayectoria partidista, quien, a pesar de ser oriunda de Michoacán, ha sido delegada política en Hidalgo por largos periodos en los tiempos de Miguel Osorio Chong y Francisco Olvera Ruiz. Actualmente, es suplente en la Cámara de Diputados de la también secretaria general nacional, Carolina Viggiano Austria.

En efecto, Méndez Márquez asumirá la segunda posición en la dirigencia estatal del PRI, reconocida como una figura cercana a Viggiano Austria. Esto echa leña a las especulaciones sobre la inminente nominación a la gubernatura del Estado de la nacida en Tepehuacán. La secretaria general del CEN tendrá entonces una posición clave en el Comité Directivo Estatal, encargada, entre otras cosas, de establecer cercanía con toda la estructura priísta.

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Sin embargo, nada está escrito. El presidente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, dijo en agosto que la candidatura de su Partido en Hidalgo se establecerá por competitividad y no por género. Esto es, nada para nadie. Es cierto que Viggiano ya tiene una posición en el CDE, que cuenta con la fuerza de la dirigencia nacional, que ha recorrido Hidalgo por su cuenta; y que por todo ello, ha sido señalada de propiciar la desunión en el Revolucionario Institucional. El peor error que podría cometer es creer, ingenuamente, que la incorporación de una de sus huestes a la dirigencia estatal es su antesala a la candidatura. El hecho también puede leerse como un signo de voluntad de las fuerzas que pelean la nominación, para construir la tan anhelada unidad.

En este punto, nadie en el PRI podría quejarse de no andar sobre suelo liso. La correlación de fuerzas entre aspirantes permiten pensar que, cada quien, tiene armas para pelear la nominación. Quien la pierda, será porque le faltaron méritos y no porque su Partido le impidió participar. Hoy más que nunca, el tricolor vive una carrera parejera rumbo a la candidatura. El registro de Julio Valera y Jenny Márquez es el primer paso, uno muy importante, para construir una campaña unida.

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