Trabajadoras del hogar y discrminación

Del total, 95{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} de trabajadoras del hogar no cuenta con ningún seguro médico, 31{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} gana menos de un salario mínimo, 40.6{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} de uno a dos salarios mínimos y 18.4{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} de dos a tres salarios mínimos. El 56.8{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} no tiene pareja, y acumulan una concatenación de desventajas por ser mujer, por estar solas, por ser mayoritariamente de origen indígena y con niveles de analfabetismo del 11{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd}.

por Ricardo Bucio Mújica, presidente del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación.

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Un abrazo fraterno a Javier Sicilia. Con profundo dolor e indignación.

Dialogo frecuentemente con personas de diferentes sectores sobre la situación de desventaja sistemática, inmerecida, legalizada y normalizada que viven en México las trabajadoras del hogar. Al último trimestre del 2010, hay 1.8 millones de mujeres que realizan trabajo doméstico remunerado, el 10.9{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} del total de mujeres ocupadas en el país. Del total, 95{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} de trabajadoras del hogar no cuenta con ningún seguro médico, 31{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} gana menos de un salario mínimo, 40.6{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} de uno a dos salarios mínimos y 18.4{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} de dos a tres salarios mínimos. El 56.8{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} no tiene pareja, y acumulan una concatenación de desventajas por ser mujer, por estar solas, por ser mayoritariamente de origen indígena y con niveles de analfabetismo del 11{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd}.

Tres de cada cuatro trabajadoras del hogar no tienen ninguna prestación social El trabajo doméstico es una de las ocupaciones más antiguas y más frecuentes desempeñadas por las mujeres en el mundo. Está vinculado a la historia de la esclavitud, el feudalismo, el colonialismo y otras formas de servidumbre, incluida la trata de personas. Es un fenómeno que perpetúa y legitima la discriminación a través de jerarquías que los pueblos hemos ido construyendo basadas en raza, origen étnico, pertenencia a un grupo, casta, sexo y nacionalidad, entre otras. Como botón de muestra, la Encuesta Nacional sobre Discriminación (Enadis 2010) da a conocer que, en México, el 81{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} de la población considera que se justifica (mucho, algo o poco) dar de comer los alimentos sobrantes a las personas que hacen el servicio doméstico.

En el marco de la reforma constitucional en derechos humanos, las definiciones de la relación entre el Estado y la ciudadanía deben de cambiar, y no hay motivos legales para establecer que en la práctica haya personas de primera y de segunda, o derechos laborales según categorías sociales. Sin embargo, pese a que desde 1999 la Cámara de Diputados recibió un exhorto para modificar el marco legal de las condiciones laborales de las trabajadoras del hogar a través de una reforma a la Ley Federal del Trabajo, y a que se han presentado iniciativas en las cuatro siguientes legislaturas, incluida la actual, no ha habido cambio alguno.

Dialogando con legisladores, funcionarios públicos, miembros del Poder Judicial, ministros de culto o miembros de los medios de comunicación constato dos coincidencias fundamentales: la primera es que somos todos empleadores de las trabajadoras del hogar, y desde ahí miramos el tema. La segunda es que a todos parece deseable en términos de justicia que tengan un marco de derechos laborales adecuado, pero que es de tal manera complejo lo que ello implica que quizá es mejor sólo buscar mejoras a la situación, pero no igualdad de derechos.

Escucho que quizá las propias trabajadoras no quieren seguridad social para no pagar la aportación que les correspondería. O que, si existen obligaciones para los empleadores, ellas perderán su empleo. O que el Estado no puede regular relaciones laborales cuando se dan entre particulares, y que tampoco se puede intervenir en el ámbito de lo privado. Que aunque se reformara la Ley Federal del Trabajo y la Ley Federal del IMSS no hay manera de pagar la parte que correspondería al gobierno.

Todos ellos son enormes retos, pero hay países que los han asumido y resuelto, y que miran lo que pasa en México como increíble e inaceptable.` Pero aquí lo es. La cultura de privilegios que construimos desde hace siglos hace muy complejo asumir en la práctica que los derechos son para ser ejercidos de igual manera, y no por acercamientos que pueden durar siglos más. La discriminación supone desventajas para muchas personas, y ventajas para otras, generalmente pocas. No hemos descubierto que modificar la Carta Magna no modifica en automático nuestras prácticas sociales; no hemos descubierto que la igualdad nos conviene más que la desigualdad, y que es el horizonte de la democracia que necesitamos con urgencia.

Fuente: El Universal

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