32.5 C
Hidalgo
lunes, mayo 27, 2024

A las MUJERES que construyen la CASA DE SUS SUEÑOS

Lo siguiente no tiene que ver con el capitalismo, sino con la resistencia desde nuestras trincheras: las casas.

Cuando era niña me gustaba que mis amigas me invitaran a comer “a sus casas bonitas”; construcciones de dos pisos con habitaciones con puertas de madera barnizada, azulejo en el piso, cocinas integrales, teléfono y baños con regaderas. Mientras estaba ahí, imaginaba que era mía; designaba habitaciones para mis hermanos, para mi hermana, mis padres y la mía; en qué lugar se sentaría cada quien en la sala para ver películas con palomitas hechas por mi padre; luego me ofrecería a lavar los platos porque lo haría en una tarja, que ya era el lujo extra.

De regreso a mi hogar, caminaba por las calles y seleccionaba casas bellas para hacerlas mías en mi mente, para imaginar que llegaría ahí. Después venía la realidad. Mi casa era gris y dejaba ver el block de la construcción en todo su esplendor, tenía láminas como techo y una puerta que “atrancábamos” con una madera gruesa, no había puertas en las dos habitaciones, ni cocina integral, ni regadera porque nos bañábamos “a jicarazo”; piso de cemento y de vez en cuando teníamos un desfile de ratones por la sala. Un día estaba acostaba viendo la televisión cuando una rata gigante pasó debajo del mueble. Salí corriendo a buscar ayuda. De ahí mi fobia hacia los roedores.

Con los años, mi madre y mi padre lograron sustituir el techo de lámina por loseta y una puerta para la entrada. Construyeron una escalera para el segundo piso y había unos planos de papel albanene con el proyecto de lo que sería “la casa de mis sueños”. Me sentaba a admirar esos trazos; tendríamos un desayunador, una habitación para cada quien, un cuarto de lavado, dos baños con regadera y no podía esperar más para ver ese día en el que entraríamos a nuestra casa bonita. En la televisión pasaban un programa donde reconstruían casas, por supuesto era mi favorito. “Pronto”, decían mi madre y mi padre.

Ese proyecto se vino abajo con su divorcio, hubo otras prioridades que apenas podían ser cubiertas con el sueldo de costurera de mi madre. Entonces regresaba mi “algún día”, que significaba que en el futuro, quien sabe cuándo y de qué forma, pero esa casa retomaría sus ilusiones.

La realidad es que nunca me avergonzó mi hogar color block desde la fachada. En el transcurso de mi vida de estudiante me visitaban amigas y amigos sin ningún tipo de prejuicio, quizá porque, dentro de mí, estaba ese “algún día”. Mis motivaciones para estudiar una carrera universitaria y para conseguir un buen empleo tenían que ver con ese anhelo.

De regreso a mi hogar, caminaba por las calles y seleccionaba casas bellas para hacerlas mías en mi mente, para imaginar que llegaría ahí. Después venía la realidad. Mi casa era gris…

Casi nadie nos habla sobre ese sentimiento de nostalgia por las casas donde crecimos. Hace poco vi en redes sociales una publicación que decía: “para los que fuimos niñxs no privilegiados, cosas que pensabas que eran exclusivas de ricos…”. Y algunas respuestas fueron “comer algo en el cine, tener horno de microondas o auto”, con todas me identifiqué, pero escribí mi propia lista; tenía que ver con mi casa en obra negra.

Con los años, mis dos hermanos y mi hermana se fueron de aquel lugar porque se casaron. El menor nos dejó a mi madre y a mí instalaciones en el baño con el que por fin tuvimos una regadera, un lavabo y un inodoro con caja para que sólo al apretar un botón tuvieras descarga de agua sin tener que “acarrear en botes”, como lo hicimos siempre. No había calentador, pero me bañaba con agua fría con tal de experimentar ese privilegio de la regadera.

Finalmente, este 2023 llegó mi “algún día”. Comencé la reconstrucción de mi casa y hasta que sucedió descubrí el amor que siento por ese proyecto; por lo que implica como mujer, como mujer soltera de casi 33 años, sin hijos. “Construir la casa de tus sueños”, ahí también radica el éxito, me digo.

Siempre nos enseñan que crearemos nuestros hogares cuando nos casemos; que es un proyecto que debe hacerse en pareja, con un hombre a lado con el cual hablar sobre el diseño de ese espacio. También lo anhelé en algún momento, pero una tarde me di cuenta de que ahora estoy en el momento exacto para este proyecto tan personal, tan íntimo, tan nostálgico, tan emotivo.

Perdón si esto parece un texto absurdo, es sólo que se trata de un amor que no puede ser comprendido por quienes no lo han experimentado. Destinar tu quincena para bultos de cemento, para salir a una tienda de accesorios para casas o contratar a una persona que ocultará por fin el block de esa fachada, otra que pinte la puerta y la ventana, otra que instale el calentador. Mirar fotografías con el antes y después. Sonreír y a veces derramar alguna lágrima de felicidad.

El feminismo es resistencia. Ser mujeres que logremos construir las casas de nuestros sueños, con bases sólidas para que nadie las derrumbe, es resistencia. Los sueños se cumplen, de a poquito, pero se cumplen.

Quizá cuando termine mi casa, cuando sea esa “casa de mis sueños”, alguna niña pase afuera de ella y la seleccione como una de sus favoritas, como lo hice yo tantas veces por las calles de mi colonia.

Lorena Piedad
Lorena Piedad
Pachuca, 1990. Locutora y redactora. Participante de la Feria Nacional de Escritoras Mexicanas (FENALEM), edición 2022. Algunos de sus textos fueron publicados en la Antología Poéticas de los Sures Femeninos Despatriarcalizando la Poesía (Colombia, 2020) y en Voces Indómitas Primera Antología de Narrativa Breve Escrita por Mujeres (México, 2021).

Related Articles

Últimas